[Opinión] Kung Fu Pol

La imagen de Eric Cantona, ídolo dentro y fuera de la cancha, quedó irremediablemente agrietada durante la agresión a un hincha mientras jugaba por el Manchester United: en 1995, el francés voló por sobre los letreros publicitarios y aterrizó sobre un espectador -un imbécil, seguramente-, que entonaba cantos xenófobos.

En su caso no hubo atenuantes: ocho meses de suspensión, 20 mil libras de multa y 120 horas de trabajo comunitario (para no cumplir con las dos semanas de cárcel impuestas en un comienzo por el juez).

Pero el hincha también recibió lo suyo: un año con prohibición absoluta de ingresar a un recinto deportivo. La situación de Marco Sebastián Pol, en San Carlos de Apoquindo, recordó lo de Cantona, particularmente por la manera en que ambos jugadores quisieron resolver el problema: una rotunda chuleta contra el tontito de turno.

Las disculpas de Pol más tarde (me parecieron sinceras), de inmediato develaron la responsabilidad mayor que tuvo en este caso el propio jugador: nadie ofrece excusas por un hecho del cual no se siente culpable.

¿Por qué recae sobre Pol una mayor responsabilidad? Porque es profesional: años de entrenamiento para potenciar sus talentos y habilidades, y autocontrol para encauzar su temperamento y carácter, para manejar situaciones de crisis.

Piénsese en cualquier jugador: durante un partido, ese futbolista recibe varias docenas de provocaciones e igual cantidad de golpes. Convive con la frustración, el éxtasis, la rivalidad, pero también con la solidaridad y el afecto hacia su equipo y sus objetivos. Para controlar esas situaciones extremas, el profesional también se prepara.

Ahí está la distancia que separa a los aficionados de quienes se mueven en el alto rendimiento. Todo esto, obvio, no exime al hincha de la UC, quien -al igual que en Inglaterra- debe recibir un castigo.

Pol tendrá que armarse de paciencia y esperar la sanción de los respectivos tribunales (los ordinarios y los del fútbol). Ergo, le sobrará tiempo para meditar acerca de su arrebato y de sus consecuencias.

Varios meses…

Esta columna también la puedes leer en el periódico Cambio 21.