[Opinión] Misterio en el Lejano Oriente…

El título de esta columna parafrasea burdamente esa pequeña obra maestra de Agatha Christie: “Asesinato en el Expreso Oriente”. Dado que la trama de nuestro caso también transcurre en regiones exóticas (específicamente en la ciudad de Nanning, China, mientras que la novela arranca en Estambul), y además involucra una dosis de misterios por resolver, resultó inevitable la analogía con el texto de la prolífica escritora inglesa.

El problema es que acá no asoma ningún Hércules Poirot para dilucidar la tremenda incertidumbre que envuelve estas preguntas: ¿La Federación de Fútbol de Chile (o la ANFP, dado que la primera dejó de existir en la administración de Sergio Jadue y aún nadie la resucita) ganó o perdió dinero con la Copa China? ¿Y si ganó, a cuánto ascendieron sus excedentes? ¿Tuvo pérdidas? ¿O salió “en blanco”?

Una vez más, la polémica la instalaron los propios directivos de la Asociación Nacional de Fútbol. En conversación con Eugenio Salinas, enviado especial de Bío Bío Deportes a dicho torneo, el inefable Gaspar Goycoolea (presidente de la delegación chilena) fue taxativo al señalar que tras respectivas sumas y restas, el saldo final mostró cifras en rojo.

“Pero lo más importante de este viaje -agregó- no era el dinero, sino el prestigio que adquiere nuestro fútbol y el acercamiento con el mercado chino…”.

¿De dónde surgió el desmentido a estas palabras? Del propio edificio de Quilín, aquí en Santiago. Horas después de las declaraciones del ex compinche de Sergio Jadue, el primer vicepresidente del organismo, Andrés Fazio, aclaró: “No perdimos plata, lo quiero dejar en claro. Sólo que no ganamos mucho”.

El debate quedó abierto…

Linda negociación

Antes de adentrarnos en el análisis más duro del caso, repasemos un poquito los antecedentes de algunos de los involucrados, partiendo por Goycoolea, accionista mayoritario de San Luis, club que fue incondicional de Jadue.

De hecho, cuando ya se vislumbraba una lucha electoral cerrada y sucia entre Harold Mayne-Nicholls y Jorge Segovia -antecesor del calerano-, Goycoolea fue apodado el “Contorsionista” u “Hombre de Goma”, pues a pesar de comprometer su respaldo a Mayne-Nicholls (a través de Felipe Lamarca, quien en ese momento también tenía intereses en la institución quillotana), votó por el empresario español. Con la partida de Segovia, Goycoolea abrazó la opción de Jadue.

Ahora, instalado como uno de los “hombres fuertes” del directorio de Arturo Salah, viaja a cargo del equipo y despacha declaraciones como ésa. ¿Estuvo, también, a cargo de la negociación con los chinos?

El dato lo desconozco, pues desde la partida del ex gerente de la Roja, Felipe Correa, y de las frustrada incorporación en ese cargo del ex futbolista Rodrigo Gómez, a la Selección al parecer la maneja “Fuenteovejuna”, aunque el propio Fazio tendría (escribo en condicional) mayor poder de decisión.

Planteadas estas incógnitas, hagamos un ejercicio de sentido común: según estos personeros, Chile perdió plata en su expedición a Nannig o ganó poco. La Roja se ubica en estos momentos en el cuarto lugar del ranking FIFA, superada apenas por Argentina, Brasil y Alemania, en ese orden… ¿Un equipo con este registro pierde dinero en una gira o percibe poco? ¿Por cuánto negociaron en la ANFP? ¿Quién fue el responsable?

Es posible que nunca tengamos respuesta a este dilema, pues en la ANFP reina el hermetismo. Contemos -sólo para graficar- que en el número anterior de Cambio 21 nos hicimos eco de las fuertes denuncias hechas por Pablo Millad, timonel de Curicó, en contra del directorio de la Asociación Nacional. Frente a ellas, Salah y su equipo ha hecho mutis por el foro de manera grotesca y es probable que mantenga esa postura ante el misterio que nos dejó la Copa China.

La única reacción de Salah por lo que dijo Millad aconteció en el último Consejo de Presidentes. Allí, el mandamás de nuestro fútbol enrostró la conducta del curicano con una vieja máxima: “La ropa sucia se lava en casa”, espetó. Sobre el cuestionamiento de fondo, Salah hizo, otra vez, como quien oye llover…