[Opinión] ¡No se va, no se vaa, “Becca” no se va / No se va, no se vaa, sin cheque no se va!

La U atraviesa horas cruciales con una definición sobre el técnico que se producirá entre Quillota y el próximo partido, demorada por una millonaria indemnización que la dirigencia no está dispuesta a pagar y que el aprendiz de entrenador tampoco resignará en beneficio de su dignidad.

La encrucijada futbolística de Universidad de Chile puede definirse en Quillota o aplazarse otra semana en un epílogo tan predecible como dilatado por los accionistas de Azul Azul. Si la U no gana a San Luis en la “cancha de mierda” de Quillota -como la calificó imprudentemente el seleccionado Gonzalo Jara-, el partido número 20 de la saga marcará el fin del ciclo de un técnico que se ha empecinado en disfrazar su ineptitud para dirigir un plantel que se presume “millonario” luego de invertir seis millones de dólares en jugadores de diversas jerarquía.

Al comienzo de lo tiempos, cuando la hinchada aún creía en el magnetismo del asistente que desechó Jorge Sampaoli para poner en su lugar a un teórico de prestigio internacional como el español Juan Manuel Lillo, el cántico de la tribuna apostaba por el clásico «¡No se va, no se vaaa, ‘Becca’ no se vaaa!», como expresión de deseos para soslayar el fracaso de ese pelilargo más atrevido que el peor vendedor de sueños…

Después de 20 partidos y 20 justificaciones, la etapa parece cerrarse indefectiblemente, más allá de las promesas directivas y de los esfuerzos individuales de quienes tratan de salvar un barco sin timón ni conductor. Incluso, por esas paradojas del fútbol, el gran respaldo que además del presidente Carlos Heller ha tenido hasta hoy Becaccece dio un paso al lado en la etapa culminante de la aventura: una lesión mantendrá al margen por un mes al capitán Johnny Herrera, en una ausencia que será determinante para un elenco que además trajo lesionado a su segundo portero, Fernando de Paul.

En la última sesión del atribulado directorio en el CDA, la dupla Be-Bo (Beccacece y Bonini) debió “subir” al piso donde se desarrollaba la reunión para entregar la enésima explicación. Y uno de los pocos argumentos fue que hasta ahora no había podido contar con ¡Lorenzo Reyes! –un volante defensivo como tantos- y que el ex Palestino Johnatan Zacaría sería fundamental para el repunte esperado…

He ahí el dilema: “Becca” no cuenta hoy con Messi, Alexis, Maradona, Salas o Leonel para que lo salven con alguna genialidad. Dispone de un grupo de buenos jugadores siempre mal utilizados, sin un formato táctico definido ni un funcionamiento apropiado a esa suma de individualidades. Y lo peor, el argentino carece de una fundamentación sólida o creíble que transmita a sus interlocutores la convicción de que el “Titanic” no se hundirá irremediablemente.

Hasta aquí, a Beccacece lo sostiene únicamente un contrato que amarra a su cuerpo técnico con 2,5 millones de dólares por una eventual indemnización que debería pagar la U. Igual como salió de la Selección chilena -por la misma ventana que abrió Sampaoli luego de estar “cautivo”-, el DT no considera la renuncia como opción digna de quien ya consagró irremediablemente su ineptitud. Y en canto de los hinchas, acaso como dolorosa comprobación, volverá a escucharse con otra tonalidad resignada: “¡No se va, no se vaaa, ‘Becca’ no se vaa/ No se va, No se vaaa, sin cheque no se va!”.