[Opinión] ¿Por dónde se mueve Pizzi?

Reflexiono sobre Juan Antonio Pizzi en la víspera del juego frente a Uruguay. No es fácil una evaluación del trabajo que viene cumpliendo el rosarino a cargo de la Roja. De partida, asoma con claridad el bicampeonato de América conseguido en Estados Unidos: un título que dejó en las retinas partidos memorables (ante México, Colombia y Argentina), pero también actuaciones muy mediocres: prácticamente todas las de la primera fase.

Sin embargo, la copa obtenida en Norteamérica sirvió como punto de inflexión para dejar atrás el período de Jorge Luis Sampaoli: herencia con nú- meros azules en la cancha y números invisibles en cuentas corrientes fantasmas, cuando el casildense sintonizó con el clima decadente y de despojo que se vivió en la administración Jadue.

Empoderar a Pizzi como técnico en la Selección ha sido un proceso complicado: primero, por la sombra todavía perceptible de Sampaoli (con su propuesta futbolística y sus logros evidentes); luego, porque muchos aún sostienen que el equipo se mueve al ritmo de lo que imponen los referentes: Bravo, Vidal y Medel, por citar a los de mayor gravitación en el vestuario.

Sobre estos escenarios (ficticios o reales), ¿dónde ubicamos a Pizzi? ¿Como un mero administrador de un plantel que ya tiene claro a lo que juega? ¿Como un gran estratego, aunque sin tiempo todavía como para desarrollar una idea propia? Esto, obviamente, nos llevaría a preguntarnos: ¿cuál es esa idea? O, más derechamente, ¿cuál es el fútbol que propone el santafesino?

Aquí es donde el tema se difumina, pues con Pizzi hemos pasado del vértigo, de la presión y de la verticalidad exhibida en aquel histórico 7-0 contra los aztecas, hasta bodrios realmente impresentables (para la jerarquía individual de este conjunto), como la derrota frente a Ecuador, en Quito, por las presentes clasificatorias, sin olvidar el pragmatismo enarbolado en el último 0-0 ante Colombia, en Barranquilla.

Sospecho que por ahí van las coordenadas de este entrenador: un fútbol muy táctico, de asegurar el traslado de balón sin asumir grandes riesgos, con mucho agrupamiento en nuestra zona, muy en función del rival, con cautela (no temor) y gran volumen de ataque “en la medida de lo posible”.

Pizzi dista mucho de los conceptos de Sampaoli o de Bielsa, pero adiestra a los mismos jugadores, es decir, un grupo que conoce las bondades y ventajas de un fútbol de alta intensidad. Linda paradoja vive (¿o padece?) “Macanudo”: a caballo en dos o más sistemas, inmerso en esa ambigüedad que separa sus convicciones más íntimas de una herencia que su plantel internalizó e hizo propia a punta de triunfos y de reconocimiento planetario.

Así, Pizzi no logra tomar con firmeza el timón ni imponer un liderazgo claro. Quizás ahí está la clave (involuntaria, por cierto) para sacar adelante esta tarea…

Este comentario también lo puedes leer en el periódico Cambio 21.