[Opinión] Relaciones peligrosas

Desde hace décadas se sabe de vínculos estrechos entre algunos dirigentes de clubes con los sectores más ultras de las barras bravas en el fútbol chileno.

Recuerdo haber entrevistado en 2006 al “Palomo” -uno de los líderes históricos de la “Garra Blanca”-, quien me habló, entre muchas cosas, de sus comidas “en casa de Gabriel” (Ruiz Tagle, ex controlador de Blanco y Negro y posterior ministro de deportes en el gobierno de Sebastián Piñera) y de los trabajos particulares (“pololos”) que le encargaba el máximo directivo de la institución.

En esa época, la relación entre los barristas con Ruiz Tagle y, luego, con Guillermo Mackenna era tan cercana que Francisco Muñoz (o “Pancho Malo”, otro líder de esa agrupación) se paseaba por el Estadio Monumental con un aura de intocable que resultaba grotesca.

Paralelamente, en la Universidad de Chile (o Azul Azul), Claudio Hernández (alias “Kramer”) también entraba y salía de las oficinas centrales de la entidad, en calle Marchant Pereira, buscando entradas y bromeando con parte del personal administrativo. Esto lo vi, nadie me lo contó.

Hay más: luego de una monumental batalla campal entre las barras de ambos clubes en la terminal de buses de Santiago (los equipos disputarían horas después un amistoso en Viña del Mar), el prefecto a cargo de la detención de varias docenas de estos fanáticos-delincuentes me confesó telefónicamente que tuvo que dejarlos en libertad al poco rato, debido a la presión que ejerció el senador Alberto Espina.

Como se aprecia, las relaciones de los barrista sobrepasan el mero ambiente del fútbol y tienen raíces en ca- pas de poder más profundas y, por lo mismo, más peligrosas.

Comparto esto con ustedes cuando, al parecer, la ANFP abriría una investigación contra Aníbal Mosa, controlador de Blanco y Negro, por supuestos vínculos similares a los descritos. Si la investigación establece culpabilidades, Mosa se expone a una sanción de 10 años al margen de la actividad y el club sufriría la pérdida de puntos en el actual Torneo de Apertura, donde, tras un comienzo balbuceante, ya se instaló como uno de los protagonistas.

Pero, ojo, eh, hablo en potencial: la duda que se abre es -y dado que estas relaciones vienen dándose hace años- es que el actual directorio de Quilín tendría que dar explicaciones. Arturo Salah, por ejemplo, también se sentó en la testera de Colo Colo y en su período no se hizo una depuración de la barra o se apreció un reflujo dentro de la influencia que genera en la dinámica interna del club.

Sería, según el metalenguaje futbolero, un hermoso autogol. De media cancha.