[Opinión] Temporada de «Cachos»

Se acaban las resonancias del Torneo de Apertura: Universidad Católica y el resto de nuestros equipos que participarán en campeonatos internacionales comienzan a mirar ya, de frente o de reojo, los calendarios de las copas Libertadores y Sudamericana, y a planificar un 2017 con exigencias más rigurosas.

Calcularán estrategias de corto plazo para responder en dos frentes simultá- neos, lo cual requiere de contrataciones a la altura de estas nuevas circunstancias. Habrá que abordar temas logísticos (viajes, concentraciones), económicos, físicos, médicos y, obviamente, deportivos: estar atentos acerca de los potenciales rivales con los que se medirán en las fases de grupos o en las famosas “llaves” de ingreso a la Libertadores, la competencia más importante en esta región del planeta fútbol.

Eso ya debería estar pasando, aunque en realidad, no sé…

Por la naturaleza del fútbol chileno, para muchos de nuestros clubes esas copas -que entregan beneficios tremendos a las arcas de cualquier institución seria- representan un soberano “cacho”: sin mayor convicción para encarar con profesionalismo un desafío internacional, acá (técnicos y dirigentes) comienzan de inmediato a hablar de la dosificación y de jerarquizar un frente sobre otro.

Ojo, no hablo sobre la base del prejuicio, sino en atención a lo que ha ocurrido en el último tiempo. ¿Hace cuánto que un equipo chileno no luce en la Libertadores, por ejemplo? Semifinales en 2012, con la U de Sampaoli. ¿Y en la Sudamericana? La UC llegó a semis, también ese mismo año…

Veamos, nomás, qué hicieron los flamantes bicampeones hace escasos meses: cuando tenían que definir su avance a la siguiente ronda de la Sudam en San Carlos de Apoquindo ante un débil Real Potosí, de Bolivia, Mario Salas entró a la cancha… ¡con un equipo alternativo! El desenlace es por todos conocido, y se sumó a la lista de clubes nacionales que “botan” una copa internacional sin pudicia.

Desconozco si en 2017 veremos la misma desidia, pero, desde ya, nuestro fútbol debería suprimir la norma que impide que un equipo contrate más de tres jugadores al término de cada año. Porque, si no lo sabía, esa es nuestra realidad: sólo se permite el fichaje de tres refuerzos entre año y año… Desconozco el fundamento que avala tan exótica medida, pero sospecho que debe ser financiero.

Aquí, comprar un buen jugador es un gasto, no una inversión.

Como sea, el medio en general ya debería comenzar a exigir, primero que todo, seriedad. Y apuntar con el dedo al estratego o al directivo que hable de la famosa dosificación, que es otra manera, más elegante, de decir mediocridad.