Pablo Solari: ¿de “héroe” a incordio?

La ausencia del “Pibe” en los últimos partidos de Colo Colo está delatando a las claras su frustración de que, hasta ahora, no haya prosperado su traspaso al América mexicano. Pero el jugador no debiera echarse a morir: superando sus ripios, que los tiene, el continente europeo parece ser el medio más propicio para continuar su ascenso y consolidación como futbolista de primer nivel.

Por EDUARDO BRUNA / Foto: GUILLERMO SALAZAR

No estuvo frente a Deportes Temuco, en el partido de ida por la tercera fase de la Copa Chile de Colo Colo. Tampoco había estado en los amistosos que el Cacique disputó frente a equipos de tono menor del fútbol argentino, como Platense, Atlanta y Tigre, durante lo que se llamó “la intertemporada”. Una oportuna pubalgia, de acuerdo a la versión oficial, lo habría dejado al margen, aunque a estas alturas parece más que evidente el hecho de que Pablo Solari se encuentra naturalmente frustrado por su abortado traspaso al América mexicano.

El “Pibe”, de acuerdo a las diversas versiones que en el medio circulan, estaría pasando casi sin transición de “héroe” a incordio, puesto que en su molestia habría tenido duras palabras hacia Daniel Morón, gerente deportivo de Blanco y Negro, a quien habría acusado de no respetar un supuesto compromiso adquirido entre el legendario meta albo y él. Reconociendo que existe un contrato, que hay que respetar, el argentino señaló que “más que un contrato, es la palabra empeñada la que tiene para mí más valor”.

Como en estos tiempos que corren en el fútbol chileno reina la opacidad, en casos como este no queda otra alternativa que elucubrar. Pensar, por ejemplo, que cuando el América vino con la primera propuesta, que el club rechazó por estimarla insuficiente, habría existido el compromiso de allanarse a una negociación en el caso de que la nueva propuesta mexicana fuera sustancialmente superior.

Se sabe, por trascendidos nunca desmentidos, que el América habría vuelto a la carga por Solari, poniendo esta vez sobre la mesa algo así como 4 millones de dólares. Sin embargo, Blanco y Negro volvió a considerar que la cantidad era baja por un jugador veinteañero que, más allá de sus ripios, que todavía los tiene, debiera crecer mucho más todavía y seguir valorizándose. Y es que la Concesionaria no podía dejar de considerar que esa cifra iba a disminuir considerablemente. Aparte de la tajada que siempre cobran los “representantes”, de los dineros a los que legítimamente iba a aspirar el jugador, se sumaba el porcentaje que en esta negociación iba a cobrar Talleres de Córdoba, club de origen de Solari y que se reservó una parte de la propiedad del jugador ante una eventual transferencia.

En otras palabras, 4 millones de dólares es una cifra más que respetable, pero nada del otro mundo para las que se manejan en el fútbol mexicano. Y menos para el América, club de propiedad de Televisa, gigante de la industria azteca de la televisión y el entretenimiento.

Baste decir que “Las Aguilas”, como se conoce popularmente al América, para conseguir el concurso del volante chileno Diego Valdés, de los registros del Santos Laguna, no se hicieron ningún drama para desembolsar 12 millones de dólares por un jugador de 28 años. Es decir, tres veces más  de lo que pretendían invertir por la firma de Pablo Solari, bastante más joven y con gran futuro si se sigue consolidando.

El no poder dar el gran salto a una liga competitiva y mucho más poderosa económicamente hablando, como la mexicana, naturalmente que a Solari debe haberlo afectado desde el punto de vista anímico. ¿Quién no va a querer triplicar los ingresos producto de una transferencia? La carrera del futbolista es breve, está sujeta además a lesiones que pueden acortarla dramáticamente, y es humano querer asegurarse un futuro siempre incierto para la mayoría de los habitantes de este mundo.

Con todo, creemos que Solari no debiera echarse a morir. Más allá de las luces y lo monetario, el “Pibe” debiera seguir metiéndole y mejorando para pensar en un medio superior. Como el europeo, por ejemplo. No estamos pensando, desde luego, en un Real Madrid, un Bayern Munich o en un Liverpool, pero sí en cualquier otro cuadro de ligas como la española, italiana o francesa donde su velocidad y habilidad podrían dejar huella. 

Las horas que vienen, sin duda, serán vitales para saber si este idilio entre Colo Colo y Pablo Solari, surgido en las peores circunstancias de todas, y cuando el Cacique luchaba apenas por no descender, se prolongará en el tiempo por algunos meses más. Dependerá de la actitud del jugador, porque si en lo que resta de temporada no muestra el mismo compromiso que hasta aquí ha demostrado, hasta esos hinchas que hoy lo adoran, por todo lo que entregó en esas horas negras, terminarán por darle la espalda y hasta de calificarlo, estúpidamente, de “mercenario”.

Y es que la ingenuidad de los hinchas ha perdurado mucho más allá de una realidad que, a estas alturas, es irrebatible. Nos guste o no, los jugadores de hoy ya no juegan “por amor a la camiseta”. Juegan porque les pagan y, con toda la razón del mundo, siempre optarán por aquel club que los remunere mejor.

Pensar algo distinto está absolutamente fuera de época. Los jugadores que se identificaban con una camiseta, y que hasta firmaban en blanco cuando llegaba el momento de renovar contrato, empezaron a desaparecer ya en la década de los 60 del siglo pasado. Cuando el “Tito” Fouilloux dejó a Universidad Católica para partir a Huachipato; cuando Leonel, símbolo azul, se fue a Colo Colo; cuando “Chamaco” no tuvo problemas para cambiar la alba por la roja de Unión Española.

Así es que, muchachos albos, vayan haciéndose a la idea de que el “Pibe” Solari no está destinado para nada a hacer huesos viejos en Colo Colo. Si no fue ahora, será a fin de año cuando parta. Y no quedará otra que desearle la mejor de las suertes. Es lo menos que se merece un muchacho que llegó a Pedreros siendo nadie para convertirse, ni más ni menos, que en el salvador del Cacique tras ese partido en Talca frente a la Universidad de Concepción.