Pablo Solari: la prueba del mayor de todos los fracasos de Blanco y Negro

Con 19 años y sin haber jugado nunca en Primera, el jugador de Talleres llega al Monumental como factor de salvación de un equipo que se cae a pedazos y tiene todas las trazas de perder la categoría. ¿Dónde está vuestro trabajo de quince años con las series menores albas, tropas de ineptos y sinvergüenzas?

Por EDUARDO BRUNA

La llegada como refuerzo de Pablo César Solari a Colo Colo, para lo que queda del Campeonato Nacional, además de toda una arriesgada apuesta constituye un tácito reconocimiento de Blanco y Negro al rotundo fracaso que puede exhibir -entre otros- respecto del trabajo con las series menores albas. Con apenas 19 años, y sin haber debutado oficialmente en Primera por su club, Talleres de Córdoba, Solari viene supuestamente a llenar un vacío dramático en la institución desde que esta Concesionaria chanta y usurpadora se adueñó del club más popular de Chile gracias a todo un tinglado legal diseñado por los poderes fácticos de este país.

En otras palabras, tanto la quiebra alba, tan fraudulenta como ilegal, como el maravilloso sistema de Sociedades Anónimas Deportivas, inventado entre otros por el Presidente Piñera, fueron hechas a la medida de esos sinvergüenzas que, luego de haberse apoderado de todo lo que en el país movía dinero, fueron por el fútbol, única actividad que hasta ese momento se les había escapado de sus voraces fauces.

Que Blanco y Negro traiga como refuerzo para un Colo Colo hundido en los últimos lugares de la tabla a un juvenil, sin ninguna experiencia en Primera División, está diciendo a las claras que esta manga de ineptos sabe que, en quince años de oscuro paso por el Monumental, han sido incapaces de producir siquiera un jugador de nivel, como los que producía antes un “Cacique” libre y soberano, sin la nefasta tutela de estos sinvergüenzas.

Pablo Solari en la selección juvenil de Argentina.

La llegada del muchacho Solari les está diciendo a Iván Morales, a Luciano Arriagada y a todos los juveniles de la serie alba, que tanto el director técnico, Gustavo Quinteros, como los regentes de Blanco y Negro, terminaron por convencerse de que valen callampa como eventuales factores de mejoría de un equipo que durante todo el año ha provocado una mezcla de pena y vergüenza, y que está anclado en los lugares postreros de la tabla de posiciones con todas las trazas de irse por primera vez en su casi centenaria y rica historia a los potreros.

Cedido a préstamo hasta el fin del campeonato, con la posibilidad de extender el vínculo hasta fines de 2021, Solari sólo puede exhibir en su breve currículo pasos por las selecciones menores argentinas, lo que ciertamente no es poco, pero tampoco es mucho para un equipo que se cae a pedazos y que debiera ser salvado por hombres, no por muchachos. Dicho claramente, Solari constituye toda una apuesta, y como toda apuesta puede que resulte, con lo que Colo Colo obtendría un pleno, como puede que fracase, simplemente porque no hay plazo ni tiempo para esperar que un jugador madure y deje atrás todos esos ripios que exhiben las imágenes de su fútbol.

Por lo pronto, se advierte rápido moviéndose por las bandas. Puede que no sea un dechado de habilidad en el mano a mano, pero tampoco se advierte tan torpe como para no ganar más de dos o tres desbordes por partido y propiciar lo que a Colo Colo le resulta tan escaso como el uranio: esas posibilidades de gol que inevitablemente surgen del centro metido hacia atrás para la entrada franca de los que arremeten. Ni Mouche, ni Costa, ni Bolados -uno de los jugadores con más prensa condescendiente que se haya visto-, han destacado por eso.

A Mouche pareciera que, tras su lesión, se le olvidó desbordar, en tanto que Costa es tan enredado y “cucarro” que rara vez suele limpiarse el camino por la banda. En cuanto a Bolados, suele aparecer en esa faceta apenas una o dos veces por partido, pero con eso le basta y le sobra para que los comentaristas alcahuetes del Canal del Fútbol lo llenen de elogios y lo alcen a la condición de figura. 

Triste, porque en esa posición Colo Colo tuvo a Mario Moreno, a “Mané” Ponce, a Marcelo Barticciotto, al “Pato” Yáñez y al “Pájaro” Rubio, entre otros.  Incluso, un jovencísimo Carlos Caszely se ganó un lugar en la titularidad ocupando esa banda, simplemente porque por el centro del ataque el “Cacique” tenía nada menos que a Elson Beyruth y a Mario Rodríguez.

¿Cómo llega Pablo Solari a Colo Colo? Recomendado por Walter Lemma, ayudante técnico de Gustavo Quinteros que dirigió al “Cacique” el pasado miércoles frente a Audax Italiano, debido al castigo de dos fechas que pesa sobre su jefe, absolutamente pasado de revoluciones en el encuentro en La Cisterna frente a Palestino. Lemma, que dirigió a la reserva de Talleres, conoció allí a este muchacho Solari, y según se dice le arregló el naipe en más de un partido de una serie que en el país trasandino -futbolizado como es-, cuenta con un gran despliegue de prensa.

La duda que persiste, además de las bondades de Solari jugando en Primera, es quién le va a meter un pase decente para que saque partido de su velocidad y aceptable manejo. En eso es tan feble Colo Colo que, ya sea con Branco Provoste o William Alarcón en cancha, los propios jugadores albos optan seguido por saltarse esa zona, a sabiendas que ninguno de los dos muchachos tiene dedos para el piano. 

Si Provoste o Alarcón han jugado es porque Mario Salas y la regencia popular se equivocaron rotundamente con las incorporaciones de Leonardo Valencia y el “Mati” Fernández. Valencia porque puede ser un buen complemento, pero nunca conductor, y el “Mati” porque a estas alturas de su carrera el físico ya no le da y, aparte de estar sólo para unos pocos minutos en cancha, se lesiona hasta cuando el rival lo mira feo.

Con 19 años y con ese atrevimiento innato del futbolista argentino, que está hecho como jugador bastante antes que el común de los jugadores nuestros, Solari, que dicho sea de paso no copa cuota de extranjero por ser Sub 20, puede morirse de inanición futbolísticamente hablando ubicado sobre la banda sin que le llegue nunca una pelota con ventaja. 

Su llegada al Monumental es, pues, toda una apuesta. Una arriesgada apuesta, además. Pero también el más palmario reconocimiento de Blanco y Negro que, como la inmensa mayoría de las Sociedades Anónimas Deportivas, estimaron siempre que invertir dinero en 200 o más niños para que de todos ellos con suerte uno llegue a Primera, era un gasto que no se justificaba.

Por eso, con esa frescura y astucia que distingue al empresario chileno, durante años le metieron el dedo en la boca al Fisco para que este, ingenua y bobaliconamente, les ayudara a financiar las series menores mediante el Sistema de Proyectos Deportivos Sujetos a Franquicias Tributarias, sólo que, cuando se descubrió la estafa y se les cerró esa generosa llave de recursos, simplemente abandonaron casi del todo ese trabajo que antes los clubes llevaban eficazmente a cabo en un tiempo en que nadie hablaba de acciones ni de dividendos.

Y ahí están los resultados: la denominada “Generación Dorada” se extingue irremediablemente y en tres lustros de existencia esta tropa de ineptos y frescos ha sido incapaz de producir un solo jugador de nivel internacional, a la altura de un Bravo, un Vidal, un Medel, un Valdivia o un Alexis.

A un Colo Colo que no juega a nada, que fecha a fecha se cae a pedazos, como factor de salvación llega un muchacho sin ninguna experiencia en el fútbol grande. Ojala la apuesta les resulte, señores de Blanco y Negro, pero más allá de eso vuestro fracaso ha sido tan rotundo, han resultado un fiasco tan grande, que como sea debieran ir pensando en cerrar la puerta por fuera, si no quieren que al estallido social le siga otro deportivo de imprevisibles consecuencias.