¡Para que nunca más en Chile..!»

Uno de los fenómenos inesperadamente alentadores del estallido social es la toma de posición de jugadores e hinchas. No ha habido en este convulsionado mes sino gestos de unidad y síntomas de lucidez de dos estamentos que durante 30 años fueron uno de los tantos signos de la descomposición política, económica y social que terminó ahogando al país.

Los unos callaron y eligieron una cómoda y pseudo asepsia pública, negándose a asumirse como referentes que bien pudieron ayudar a empujar hace muchos años el carro de las demandas sociales. Los otros, deformados por un sistema excluyente, malentendieron el adversario, enfrascándose en una fratricida guerra que hasta vidas costó.

¿Será posible que la lúcida revulsión de futbolistas e hinchas durante este convulsionado mes se sostenga o, fatalmente, una eventual frustración -porque al cabo nada cambie- los devolverá al extraviado estado en que han vivido en las últimas décadas?

De las variadas conclusiones positivas dejadas por la explosión social una de las más inesperadas fue la toma de conciencia social de jugadores y barras bravas.

Prácticamente no hubo ídolos que no se pronunciaran a favor de las demandas. Incluso algunos, como Paredes, Aránguiz y Medel (el mismo homenajeado el 2014  por el Ejército con un corvo), fueron al meollo del cuestionamiento del sistema.

La barras, en tanto, unieron sus banderas y emblemas y compartieron protagonismo en las multitudinarias marchas que tienen en jaque al Gobierno. Hubo hasta espacio para el humor, como aquel hincha azul que portó una pancarta diciendo que «Más temor le tengo a Paredes que a la represión».

Fue un repentino despertar que sacó la voz de jugadores que nunca se habían animado a seguir el cívico ejemplo de Beausejour y apenas se habían limitado a criticar la inseguridad creada por la delincuencia, justamente cuando esta había atacado a sus familias o cercanos. Un despertar que hizo comprender a hinchadas que se miraban hasta con odio que su mira debía enfocarse más allá de los estadios.

Ya está dicho: puede que esta clarividencia sea pasajera.

Pero por ahora, aprovechando el envión, tomemos la canción de Sol y Lluvia y pidamos ¡para que nunca más en Chile! veamos a:

– José «Pepe» Rojas apretando su nariz en el Monumental,  sugiriendo que la hediondez es intrínseca a ese estadio.

– A la Garra Blanca amenazando a Rojas con un «a balazos te vamos a matar”.

– A Marcelo Díaz agarrándose sus genitales en dirección a la tribuna Océano del Monumental.

– A Sebastián Toro caminando sobre una bandera de la U desplegada por hinchas albos en un entrenamiento previo a un Superclásico.

– A Mauricio Pinilla, mofándose de cómo supuestamente hablan los colocolinos.

– A Jason Silva pateando una bandera de «Los de Abajo» arrojada a la pista de rekortán por la barra alba. – A Johnny Herrera profiriendo declaraciones desatinadas, a veces hasta hirientes, en contra de su archirrival y de sus fanáticos.-  A Moisés Villarroel refregando por sus genitales una bandera de la U en el Estadio Santa Laura.

– A la barra de Colo Colo burlándose de jugadores de raza negra, como lo hizo con Faustino Asprilla.

– A la UC discriminando a la hinchada alba, al prohibirle su ingreso a San Carlos de Apoquindo, en una de las demostraciones de clasismo más palmarias que se recuerden y provocando un inconcebible operativo policial que acosó incluso a hinchas albos que habían «osado» transitar por el barrio alto.

– A Nicolás Castillo burlándose del Monumental, repitiendo aquello del «vertedero».

– A Luis Rojas, una promesa del fútbol nacional, aludir hace muy poco a aquella vieja patraña del «Zorramental de Pinochet», justamente el estadio donde él se inició como futbolista hasta los 13 años.

Al revés, ojalá se repitieran iniciativas como aquella de un grupo de vecinos de la población El Castillo, en La Pintana -el epicentro de la guerra de barras- que a mitad de esta década creó el «Bullalbo», un club para  niños albos y azules, en una elogiable clase práctica de educación cívica, aquella que desapareció de los colegios hace décadas.

O lo que este columnista presenció días atrás en la Rotonda Atenas, donde hace unos meses muchos vecinos le armaron la alharaca a Lavín por su proyecto de torre social, que sigue viento en popa.

¿Y qué vi una de estas noches? A un piño de la Garra Blanca de Colón Oriente (populoso sector de donde salieron el «Pato» Galaz y César Pinares), bajar por avenida Colón al son de sus tambores, rodear por largo rato la conocida rotonda y luego subir de nuevo por Colón hasta Padre Hurtado, seguido por un par de cientos de vecinos -no pocos rubiecitos y rubiecitas e hinchas de la U, entre ellos- gritando a la noche sus propias frustraciones sociales.