Para que Rueda no la vea cuadrada

Varias tareas se vislumbran para el nuevo entrenador de la Roja después del aceptable dúo de partidos iniciales. Aquí están los puntos a favor y en contra de la nueva selección chilena.

Comenzó el nuevo proceso de la selección chilena de fútbol, y las conclusiones son aún prematuras para determinar en qué concluirá el trabajo de Reinaldo Rueda.

Dos partidos en climas helados y contra equipos mundialistas sirvieron, al menos, para que el flamante entrenador haya calibrado el nivel en que están los históricos y las reacciones positivas o negativas de quien recién empiezan su aventura en la Roja.

El sistema de juego varió poco, porque sería una locura cambiar con improvisaciones inciertas lo bueno que se consiguió jugando de cierta manera. El papel de Rueda no es destruir lo que hicieron Marcelo Bielsa, Jorge Sampaoli y el propio Juan Antonio Pizzi, sino mejorar por los menos lo que consiguió el último. Y eso se logra con tiempo, con ensayos pausados y cambios sensatos.

No fueron malos los resultados, aunque no era lo más importante en esta etapa: victoria sobre Suecia y empate con Dinamarca. No deja de ser positivo comenzar sin derrotas: afirma el ánimo y aumentan las ganas de seguir por ahí mismo. Pero pudo ser mejor.

Rueda, seguramente, tomó apuntes sobre las situaciones conflictivas con que se encontró antes de los entrenamientos. La automarginación de Claudio Bravo abría una brecha en el camarín y provocaba incógnitas que sólo esos encuentros amistosos podrían resolver. Sus palabras delataron que la situación no lo perturbaba en demasía, pero es imposible que el entrenador no se preocupara. El arquero que defendió el arco chileno durante más de una década, que fue decisivo en las tres últimas Clasificatorias mundialistas y figura gigante en las conquistas de la Copa América, en la Copa Confederaciones y en los propios mundiales dejaba una tarea inmensa para el que lo sucediera.

El misterio se resolvió satisfactoriamente. Johnny Herrera cumplió correctamente en el partido con Suecia y evitó la derrota ante Dinamarca con un par de atajadas dignas de Bravo. A Herrera, a estas alturas, no se le va a enseñar a jugar con los pies. Pero tendrá que mejorar cuando los nuevos defensores centrales también se superen en ese aspecto y le entreguen el balón en mejores condiciones. Gonzalo Collao y Brayan Cortés ya tendrán su oportunidad, como antes la tuvieron Cristopher Toselli, Luis Marín y el propio Herrera.

PROBLEMA CENTRAL
Tendrá que haber advertido Rueda que, por ahora, los costados de la defensa tienen dueños para rato. Mauricio Isla y Jean Beausejour fueron inmensamente superiores a Paulo Díaz y Miiko Albornoz. Pero el recambio será inevitable. Y cuando ello ocurra, podrá contar también con los colocolinos Oscar Opazo y Brayan Véjar, que terminarán siendo (si no los atropella un tren) laterales de nivel mundial.

Los defensores centrales provocarán, seguramente, mayores discusiones entre los hinchas y más largos insomnios en el cuerpo técnico. Contra Suecia, Enzo Roco y Guillermo Maripán tuvieron una jornada impensadamente tranquila. En el partido siguiente estuvieron llenos de problemas. Los suecos buscaron mucho por arriba y no les cundió porque, en eso, los grandotes de Chile son eficientes. Los daneses, en cambio, mostraron buen pie y cambió la cosa: los gigantes ya no se vieron tan certeros. Más todavía: fueron muchos los que echaron de menos a la dupla Medel-Jara.

Habrá trabajo en ese sector y la titularidad dependerá mucho de las características del rival. A Paraguay, por ejemplo, habrá que jugarle con los grandotes. A los que tienen atacantes habilidosos, en cambio, con los ágiles. Lo más probable es que haya hartos ensayos buscando la dupla perfecta o la línea de tres, porque Gary Medel puede formar collera con Roco y porque Eric Pulgar, Valber Huerta, Igor Lichnowsky y el propio Paulo Díaz también están en condiciones de discutir puesto.

Entre las variaciones más notorias realizadas por Rueda destaca el aumento de eficacia en la contención. Con Sampaoli y Pizzi, generalmente era uno el cercano a los centrales: Marcelo Díaz. Ahora son dos: Aránguiz o Medel y Pedro Pablo Hernández. No se puede descartar en esa zona al innombrado Lorenzo Reyes, el que mejor funciona en el medio local. Eso le da mayor seguridad defensiva, pero menos volumen de ataque. Arturo Vidal, el tercero en esa zona, no ha encontrado aún su sitio ideal, pero es seguro que lo hallará. El volante del Bayern Munich es sobresaliente en la tenencia de balón: pierde muy pocos pases y tiene gran sentido futbolístico. Pero no es un generador de goles. Y ahí tendrá que crearse un laboratorio para ensayos en la cancha. Al aguaite deben estar el incombustible Jorge Valdivia, el “mexicano” Diego Valdés y el promisorio Ángelo Araos.

Más adelante, en el ataque, todo dependerá de Alexis Sánchez. El ataque chileno sólo funcionará en la medida que el desconcertado delantero del Manchester United se reencuentre con su juego y recupere su mejor nivel. Con el Joven Maravilla en óptimas condiciones se solucionan todos los problemas. Y ya no importará tanto si sus acompañantes serán Nicolás Castillo y Eduardo Vargas, o Ángelo Sagal y Marcos Bolados, o Felipe Mora y Martín Rodríguez.

Buena tarea será para Rueda devolverle la confianza. Tal vez sea su tarea principal.