Patricio Rodríguez

Pato Rodríguez: Cuando un amigo se va, queda un espacio vacío…

La poética composición de Alberto Cortez pocas veces ha tenido más sentido que luego del fallecimiento de quien fuera destacado tenista, gran entrenador y hasta como un segundo padre para sus dirigidos.

Por RODRIGO SANCHEZ

La familia del tenis está de duelo tras sufrir la pérdida de un gran jugador, entrenador y amigo: Patricio Rodríguez. Es difícil despedirse de alguien como él: temperamental, pero fraternal a la vez, detallista, minucioso, correcto, sereno y con una sabiduría incuestionable en este deporte. Era un agrado conversar con él, y costaba refutar o debatir respecto a aspectos técnicos, tácticos, de planificación y todo lo que envuelve la vida de un tenista. Incuestionable desde la perspectiva de su éxito y su carta de presentación como el entrenador chileno más destacado de la historia. 

De hecho, Nicolás Massú reafirma lo antes señalado: «Fuiste un gran jugador y qué decir de tu carrera como entrenador. De los mejores del mundo y yo hoy trataré de seguir tus pasos para poder, algún día, ser lo grande que fuiste tú. Eres y serás una persona muy importante en mi vida, pasé los momentos más lindos de mi carrera deportiva contigo y me enseñaste mucho dentro y fuera de la cancha. Gracias por todo, Patito».

Existen anécdotas en los históricos Juegos Olímpicos de Atenas 2004 que reafirman el emotivo mensaje de Nico Massú, las cuales fueron relatadas por un gran amigo del Pato: Roberto Ossandón. «La primera refleja plenamente la calidad humana en la instancia decisiva. A Nico, en la noche post dobles, que fue maratónico, le sortean examen de sangre como control de doping, por lo que debió acostarse muy tarde (2 AM, aproximadamente). Mientras Fish dormía plácidamente, a Nico lo estaban pinchando. Después del control, Pato lo llevó a la pieza, lo acostó, le lavó los calcetines a mano y, para que no lo fueran a molestar, porque era un pasillo lleno de deportistas de juerga por el ya casi cierre de los JJ.OO, Pato durmió afuera, pegado a la puerta. Con lo grande que era, asumió ese sacrificio para que no fuera molestado en las pocas horas que podía descansar».

«Durante el partido estábamos muy compenetrados y comentamos cada pelota.” Recuerdo que cuando iba a jugar Nico el último juego, Pato me dice: “Me estarían tiritando los pies”, y le respondí: “¿Te das cuenta de que este último juego es el más importante de tu carrera como coach? “Lo tengo claro”, me responde. En ese momento Pato toma la decisión de gritarle a Nico, lo cual se puede ver en TV, pero no se escucha: “¡Respira, respira, respira…!». Técnica que se usa para relajarse. Era tal el nerviosismo del Nico que parte el último juego haciendo doble falta. Luego, en el último punto, estando “match ball”, le gritábamos que se colocara más al centro de la cancha y le sirviera al medio y no abierto a Fish. Nico no nos escucha y le sirve abierto sobre el “backhand” que pegaba Fish muy bien paralelo. Nico ya no tenía piernas para llegar a esa pelota. Vino lo que sabemos: Fish hace lo que pensábamos que haría, le pega paralelo, pero la tira afuera y Nico de espalda al suelo a celebrar y nosotros a abrazarnos”. 

También recuerdo que después del tercer set, que pierde Nico, Pato me dice “Nico está reventado”, a lo que respondí: “Le vendrá un segundo aire”. Y Pato me mira incrédulo. En el primer juego del cuarto set, le comento: “Me parece que le entró el segundo aire, mira cómo está pegando el derecho”. A continuación viene el cambio de lado y Nico se va directo hacia nosotros, nos mira hacia arriba, el puño se lo pega al pecho y nos grita: “Me entró la fuerza, voy a ganar”.  Gana ese set y termina coronándose campeón olímpico. 

Al principio Nico como que no dimensionaba el logro. Estaba sentado en una banca de madera, sin camiseta, con la nariz completamente roja, mirando al suelo absolutamente deprimido. Nos sentamos con Pato a su lado y nos dice: “Estoy amargado, siento que no he ganado nada”. Le respondo: “Pero Nico, ganaste los dos oros, hace pocos minutos habló el Presidente de la República, Ricardo Lagos, hay celebraciones en Plaza Italia, en Viña, en el departamento de tu mamá, está lleno de gente”. Ahí Nico empieza a despertar, se alegra, quiere irse a Chile lo antes posible a celebrar y pide algo para comer. El gran doctor Orizola le pasa una caluga de proteína», complementó.

El «padre» entrañable de sus dirigidos

A nivel testimonial muchos coinciden en el calificativo de «padre» hacia el gran Pato. “Fue un segundo padre. Me ayudó mucho. Se me hace duro hablar de esto. Quizás en un tiempito, cuando me sienta más recuperado, podré hacerlo, ahora estoy muy golpeado”, declaró el ecuatoriano Andrés Gómez, quien reconoció que Rodríguez perdió un poco de serenidad durante la final de Roland Garros, la cual se transformó en alegría después de un drive ganador para derrotar a Andre Agassi por 6-3, 2-6, 6-4, 6-4. El ecuatoriano, de entonces 30 años, levantó los brazos y miró al cielo, como buscando a su padre Pedro Pablo Gómez, fallecido doce años atrás. Sin embargo, corrió hacia su box, para abrazar a quien asumió ese rol de manera desinteresada.

Para José Luis Clerc, «más que entrenador fue mi consejero, mi papá del corazón. Nogales fue mi casa durante mucho tiempo, amo ese lugar”. Además, ayudó en sus inicios al exitoso tenista argentino, que provenía de una familia humilde. 

Nicolás Lapentti con tristeza reconoció que Rodríguez fue su «segundo padre”. Dijo: “Pasé más tiempo con él que con ninguna otra persona. Fue importante por lo que conseguimos juntos y en mi desarrollo como tenista. Pude explotar al máximo mi nivel con él y pasé mis mejores años, pero más allá de eso nuestra relación fuera de la cancha fue realmente increíble. Me enseñó muchísimas cosas, no sólo en el tenis, sino también en la vida. Tenía la gran virtud de saber decir las cosas, transmitir confianza. Tenía un gran corazón conmigo y toda mi familia. Me enseñó a jugar golf, andar a caballo y muchas cosas de mi vida, mis inversiones, mi novia… Estaría horas enumerando todo lo que representó para mí. Viendo un poco la historia del Pato, no me cabe duda de que es uno de los mejores de la historia en la ATP».

No estaba equivocado «Nico» Lapentti: todos los tenistas entrevistados llegaron al selecto grupo de los “top ten” de la mano del Pato.

La versión de sus partners

Rodríguez fue fundamental para las experiencias de un grupo de jugadores que fueron su relevo tanto en Copa Davis como en el circuito internacional, colaborando con ellos en todo aspecto. 

Patricio Cornejo, muy afectado, me envió un vídeo en el cual manifestó «una pena tremenda, se fue mi querido amigo, compañero, casi un hermano mayor. Hace 56 años, hacía mi primer viaje a Europa, sin saber qué hacer. Al llegar al aeropuerto ahí estaba Patricio Rodríguez. Me consiguió torneos, me decía dónde comer, dónde entrenar, me ayudaba en los campeonatos, tengo muchos recuerdos de él y los tendré siempre. Hace unos días hablamos, estando él en el hospital. No se sentía muy bien, pero logramos realizar el hermoso viaje por el túnel del tiempo. Reímos, nos acordamos de muchas cosas, de muchas anécdotas. Me pude despedir en ese momento de él y le pude decir lo que significó para mí. Adiós, Patricio, querido amigo. Te quiero mucho», dijo antes de estallar en llanto el «Corazón de chileno». 

El capitán de Fed Cup, Belus Prajoux, apenas se enteró de la noticia me envió un mensaje, lamentando la partida del “mejor entrenador de tenis del mundo”. Belus estaba enormemente afectado y sólo pudo decir que “Pato me entrenó durante gran parte de mi carrera, desde mis veinte años hasta que se retiró “Batata” (José Luis Clerc). Yo creo que pasamos más de diez años los tres juntos. Para ambos fue un amigo, un partner, un segundo papá, papá de los dos. Imagínate, viajamos los tres todo el año, no sólo hablas de tenis en ese período, un año completo juntos. No tengo ninguna duda que es el mejor de todos, un tremendo entrenador”.

Desde 1958 hasta 1972 Pato Rodríguez defendió a Chile por Copa Davis, quedando marcada a fuego la serie frente a Checoslovaquia en 1967, aún recordada en sus últimos días, como reconocen Patricio Cornejo y Jaime Pinto.

«Hablamos como una hora y media más o menos hace unos días y quedamos de hablar nuevamente. Él me decía que tal vez se iba a la casa. Estaba contento, me hablaba de la serie frente a Checoslovaquia en Praga. El ganó el último punto en cinco sets frente a Milan Holecek, y fue además el capitán. Eramos tres junto a Jaime Pinto”, relata Cornejo de la victoria chilena por 3-2 en calidad de visitante.

Jaime Pinto recuerda:

«Cuando ganamos a Checoslovaquia en Copa Davis 3-2, yo gané al single dos y Pato Rodríguez ganó a Jan Kodes (1° de Europa en esa época), y luego a Milán Holecek. A modo de anécdota, en ese entonces llovió cuatro días seguidos y teníamos que correr dentro de los vestuarios, saltando bancas y sillas, esquivándonos entre nosotros. Pato fue la figura de esa rueda. Luego, contra Grecia, nuevamente fue el Pato la estrella, porque ganó sus dos singles, y yo gané 1. Chile ganaba 2-0, Pato Rodríguez habló conmigo y me dijo: Mira, Jaime, quiero poner a Ernesto Aguirre en el dobles, porque quiero premiarlo, ya que es su última Copa Davis. Yo debía jugar con Pato Cornejo, porque lo veníamos haciendo muy bien. Perdimos con Aguirre en cinco sets, luego yo perdí con Nike Kalogeropoulos, y quedamos dos iguales, al día siguiente llovió y se suspendió. El problema es que el siguiente torneo era Roland Garros, y nosotros con Pato Cornejo teníamos que jugar el lunes nuestros partidos. El domingo vimos el primer set, que perdió Pato; luego el segundo set, que también lo perdió, y nuevamente llovió. Nosotros con Pato y Ernesto no podíamos creer que, teniendo la rueda ganada, estábamos en esta situación. ¡No lo podíamos creer!», recordó Jaime Pinto.

Continúa Pinto: 

«Llegamos al otro día a Roland Garros y durante toda la mañana estuvimos pendientes del resultado de la serie. Teníamos loco al que recibía las noticia de la Asociación Express, preguntándole permanentemente el resultado. Después de tanto ir y venir, nos llaman. ¿Cuál fue la sorpresa? Que Chile ganó a Grecia 3-2. Me acuerdo como si fuera ayer del resultado de ese mítico partido: 1/6, 1/6, – 6/1, 6/1 y 6/1. Corrimos al Aeropuerto Orly de París a esperar a nuestro capitán, y fue toda una sorpresa para Pato: ¿Ustedes que hacen aquí?, nos preguntó, a lo cual respondimos el Pato Cornejo y yo: Estamos aquí para abrazarte por este gran triunfo, felicitaciones Pato».

La visión de sus amigos y confidentes 

Roberto Ossandón conoció a Pato Rodríguez «desde muy chico, era muy amigo de mi tío Luis Alberto cuando fue capitán de Copa Davis. De hecho, iba a la casa de Zapallar y se preparaba para el torneo de Papudo durante enero y febrero. Recuerdo que jugó con Pato Cornejo un partidazo que ganó en tres sets (fines de los ´60) y después lo vi en la playa con los pies llenos de ampollas. Además, fui partner del Pato dos veces, ganando el campeonato de Zapallar. Estuvimos en una exhibición con “Batata” (Clerc) y Belus, a quienes les ganamos. Fui su abogado, lo conozco mucho y vivimos momentos inolvidables».

Ossandón reconoce que cuando jugaban dobles, Pato siempre se ubicaba en el derecho, porque era débil en el revés. Destacaba desde el fondo. Desde atrás te movía y te movía y te movía. Era de mucho carácter en la cancha, muy bravo. Una vez, a mi hermano Rafael, que era gran jugador de escalafón (Pato quería llevárselo con Clerc), le tocó enfrentarlo en la cancha central de un club en Viña del Mar y mi hermano admiraba a Pato, pero le empieza a ganar jugando increíble. Pato, en algún minuto, pasa por el frente de él y como que le pega un ronquido, nada más. En ese instante mi hermano se chupó, cambió su juego y Pato le ganó, ja, ja, ja». 

«Destaco de Pato el ser muy detallista en lo técnico, muy meticuloso en el estilo, perfeccionista en la forma de jugar, muy cercano a sus pupilos, papá de todos. Sus dirigidos lo quieren mucho, fue de relaciones largas con jugadores. Incluso, lo habían sondeado para asesorar a Federer en un Roland Garros, por ser el mejor entrenador de arcilla que existe. Me consideré amigo de él, éramos muy cercanos, me contó cosas muy personales y fue mi partner. Una de las características y virtudes que resalto es su nivel de humildad. Podía ser inflado por sus logros, pero siempre buscaba que el pupilo se llevara los aplausos. Fue siempre humilde frente al éxito», afirmó Ossandón.

Hans Gildemeister recuerda una linda anécdota, la cual nos lleva a la otra faceta de «Pato» Rodríguez: el motivador por excelencia. «Fue muy lindo en 1986, época en que el Pato era capitán de Copa Davis y nos tocó jugar contra Brasil en Sao Paulo. Se construyó especialmente una cancha rápida para perjudicarme a mí en el hotel Transamérica. Era un recinto construido para 3 mil personas, yo estaba de singlista número uno y el segundo creo que era Ricardo (Acuña) o Pedro (Rebolledo). Pato tenía la difícil decisión de nominar al segundo singlista, pero como era muy sabio, puso a Pedro. El primer día juego con Luiz Mattar, quien me trató de abuelo. Además, el público empezó a molestar y me picaron. Al final gané en cinco sets (3-6, 7-9, 6-3, 6-4 y 6-4), y en el siguiente Pedro Rebolledo hizo lo propio con Cassio Motta (1-6, 6-3, 6-4 y 6-4). En el dobles con Ricardo derrotamos a Kirmayr-Motta (2-6, 6-4, 6-4 y 6-4), asegurando la serie, que finalizó 5-0».

Exequiel Carvajal («Yogurt de Mora»), tiene «los mejores recuerdos del Pato en mi época de pelotero. Le preparaba la cancha del Court Central del Estadio Nacional y ahí lo recibí con José Luis Clerc. Veía todo el entrenamiento y echaba la talla con “Batata”. También vivimos muchas cosas cuando estuvo de capitán de la Davis el año 86 u 87 y después, cuando entrenaba a Massú y Lapentti. Es una gran pérdida para el tenis de Chile, Sudamérica y a nivel mundial. Es el mejor entrenador que hemos tenido por los logros, no sólo en el tour, sino también en las primeras medallas de oro de la historia del tenis y nuestro deporte».

El «último deseo»

Pato Rodríguez nos dejó a los 81 años, producto de un cáncer pulmonar en Miami, Estados Unidos, y será sepultado en la comuna de Nogales, tal como fue su voluntad. En ese lugar tenía una propiedad agrícola y de descanso, donde recibía a sus pupilos y a otras grandes figuras del tenis mundial. Incluso José Luis Clerc tuvo una propiedad en la comuna, en los años 80, dedicada a la producción de kiwis y otros frutales. 

La petición fue reconocida por su hijo Manuel, considerando que vivió allí grandes momentos personales en su vida. Desgraciadamente, la limitación de los viajes internacionales por la pandemia del Covid-19 podría limitar un tiempo el cumplimiento de su voluntad, pero llegaría convertido en cenizas a descansar en su última morada.