“Pequeño dios”: nuevo libro sobre Huidobro

La periodista Marilú Ortiz de Rozas acaba de lanzar un texto sobre la relación de Huidobro con tres mujeres determinantes en la vida del poeta. El Ágora conversó con la autora sobre sus motivaciones para mirar al vate desde esa perspectiva.

Por SEBASTIÁN GÓMEZ MATUS / Foto: ARCHIVO

Marilú Ortiz de Rozas, reconocida periodista del medio nacional, doctora en Letras por la Universidad de La Sorbona (París), nos entrega un nuevo libro sobre Huidobro, esta vez sobre su relación con tres mujeres clave en la vida del poeta más vanguardista que hemos tenido hasta, por lo menos, Juan Luis Martínez.

Anteriormente, tras el verdadero descubrimiento de Huidobro, la periodista se embarcó en un trabajo que cristalizó en el libro “Huidobro en la constelación cantante de las aguas”, en una edición muy hermosa de Ediciones UC, donde revisita los primeros libros de la obra del creacionista.

El período que abarcan las relaciones con estas tres mujeres, los momentos más radicales no sólo de la vida del poeta, sino que de la Europa de primer cuarto de siglo y más. En primer lugar habla de su esposa, Manuela Portales, quien ya se refería a Huidobro como un “pequeño dios”. Portales reconoce que, al regresar a Chile con sus hijos y el poeta, que tenía ambiciones políticas, tenía conocimiento de la adolescente, “mi verduga”, dice, que terminaría por arrebatarle el amor de tantos años. Nos referimos a Ximena Amunátegui, con quien escapan a Mendoza, Buenos Aires y finalmente a París, el único lugar de la tierra en ese minuto del siglo.

En el tercer capítulo del libro se explora la relación, ya en plena madurez del poeta, con Raquel Señoret. Huidobro estaba en sus 50 y la última musa tenía 22 años. Compartirían juntos hasta la muerte del poeta.

Sobre esto y sus percepciones respecto de la gran obra del poeta, hablamos con la autora del libro, cuya exhaustiva investigación la lleva a tratar uno de las aristas más determinantes en la vida y obra del poeta de “Altazor”.

-Al revisar la obra de Huidobro, ¿cuáles crees que sean las fortalezas o debilidades estéticas del autor en relación a la inseparable dualidad vida/obra?

-A lo largo de todo el libro, incluso en la nota final sobre la bibliografía y fuentes consultadas, he insistido en la grandiosidad de la obra poética de Vicente Huidobro. Y he confesado abiertamente que este libro nace, primero, de la conmoción que me produjo leer su poesía. Yo había publicado un libro anterior, más académico, con Ediciones UC (“Vicente Huidobro en la constelación cantante de las aguas”, 2014), sobre la obra temprana de Huidobro, que es menos conocida. Él incluso renegó de algunos de sus primeros libros, pero estos contienen el germen monumental de sus versos posteriores. Huidobro no escribió poesía romántica ni política, escribió una grandiosa poesía metafísica, alusiva a la naturaleza, al ser y su relación con el lenguaje, etc. Fue un poeta de las vanguardias, y por ser tan adelantado a su época, no fue bien comprendido en Chile. Esto, sumado a la compleja personalidad de Huidobro, que no contribuyó, incidió en su falta de reconocimiento en el país, lo que personalmente me apena y casi me avergüenza. ‘Pequeño dios’ es una tentativa de humanizar al personaje, de conocer a aquel hombre de carne y hueso que escribió versos tan sublimes y tuvo una vida tan particularmente portentosa. Porque escribiendo la reseña biográfica sobre Huidobro que incluí en ese libro anterior, tomé conciencia del potencial novelesco de este personaje, y creo que empecé sin querer a soñar con este nuevo libro, que permitiera conocer su vida, pero también el germen de cada una de sus obras. Porque están casi todas mencionadas, contextualizadas, en cierta forma, presentadas al lector. Es otra forma de promover su obra poética, en un país que ha engendrado muchos vates, pero los lee muy poco. Humanizar a este dios, bajarlo del pedestal en el cual él mismo se colocó, para sentirlo más cercano, era parte de la idea original de esta novela publicada hoy por Alfaguara.

Marilú Ortiz de Rozas.

-¿Por qué revisitar la relación con estas tres mujeres o bien cómo llegaste a este tema?

-La verdad es que he tenido que reflexionar bastante para entender cómo nació en mí la inspiración para hablar de Huidobro a través de la voz de sus musas. Simplemente por lo poco que se cotizaba a las mujeres en la época, y por la fuerza de estas tremendas mujeres, cada una en un estilo muy diferente. Manuela Portales, abnegada, orgullosa, enamorada; Ximena Amunátegui, ídola, fue capaz de ser una mujer libre en los años veinte del siglo pasado. Teresa Wilms, la única que no fue pareja de Huidobro (muy a pesar suyo, creo yo, su hijo Vladimir me contó que sin duda su padre se había enamorado de Teresa), es una víctima de la brutalidad cometida contra una mujer que sólo hizo lo mismo que su marido le hacía a ella: adulterio. La tercera mujer, Raquel Señoret, una valiente militante de vida clandestina; muy adelantada para su época también, mujer autovalente y excelente poeta. Finalmente, su madre, que fue la impulsora y promotora del poeta, la excelentísima misia María Luisa Fernández Bascuñán, que lo formó a las letras y financió sus libros, su vida, sus caprichos, su carrera. Mujer ilustrada, dirigía un salón literario en su casa, creó revistas…

Creo que me resultó, por mi sensibilidad femenina, identificarme con estas mujeres para abordar al personaje, y, reitero, introducir al lector la obra de Huidobro.

-¿Crees que se trata de un libro sobre las musas de Huidobro o es un libro sobre las tremendas mujeres que compartieron su vida con el poeta?

-Creo que es un libro que aborda tanto la vida del poeta como la de estas mujeres, para dar cuenta de lo mencionado antes, pero también para configurar un retrato de época. El siglo XX fue uno particularmente convulsionado, cruel, apasionado, donde el mundo pareció colapsar en varias oportunidades. Como vivieron también en Europa, todos estos personajes sufrieron en primera persona los embates de las guerras mundiales, y eso no es menor. Desde Chile esos sucesos se conocieron de oídas…

-¿Cuál es tu percepción de la vigencia de la obra de Huidobro a la luz de las corrientes de pensamiento contemporáneas, como ciertos feminismos o disidencias, por ejemplo?

-La obra de Huidobro comenzó a escribirse hace más de un siglo, y evidentemente no hay ningún autor de esa época que resista una lectura acorde a los valores actuales de los movimientos feministas, o de valoración de la mujer, por no ponerle tantas etiquetas. Sin embargo, Huidobro escribió muy poco sobre la mujer en general, estaba reconcentrado en el cosmos, en la naturaleza, en la desintegración del lenguaje, del ser y en sí mismo… Era metafísico, no se identificaba tampoco con la sociedad chilena. Contaba con cierto orgullo que figuraba en ciertas obras antológicas como poeta francés. Admiraba Francia, que no lo admiró a él. En España sí fue reconocido. Más que en Chile, desgraciadamente. Intento contribuir a que lo lean más. Y respecto a sus artículos, ensayos y manifiestos, demuestra una interesante comprensión de la política de sus años y de su evolución, a la cual también se adelanta. Era bien hábil, de buen olfato periodístico y le gustaba estar en primera línea, literalmente, como cuando se enroló como corresponsal de guerra a fines de la Segunda Guerra Mundial, una hazaña que varios ponen en duda; pero hay fotos y cartas que lo corroboran. Le costó muy caro, fue herido, y se cree que esas lesiones influyeron en su prematura muerte. Una pena, porque hubiera sido maravilloso que su escritura hubiese tenido el tiempo de madurar. El destino quiso que se quedara cabalgando en el lomo de los cometas. Como escribí en el libro: nació viejo chico, murió chico viejo.

-¿Por qué recomendarías la lectura de Huidobro hoy?

-Leer a Huidobro, hoy y siempre, como suelo decir a los que gustan de la poesía, te puede destapar las cañerías del alma… Pocos poetas han tenido un manejo tal de la palabra. Pues sí, era un gran pequeño dios.