Piñera, el “Presidente del Deporte”

Por el suelo en las encuestas y liderando un gobierno que no da pie con bola, el mandatario viajó a Lima a compartir el éxito chileno en los Panamericanos. Felicitó a medallistas, se sacó fotos con todos y hasta fue protagonista en la ceremonia de clausura. Olvidó por completo que rebajó para este 2019 el presupuesto para el deporte y que su gobierno pretende suprimir la Educación Física como ramo obligatorio. Una descomunal desvergüenza que, sin embargo, no es sólo propia de él, sino que de toda nuestra clase política.

En nuestra historia republicana, respecto de Presidentes hemos tenido de todo. Desde patanes con dinero a iletrados de marca mayor, pasando por ineptos contumaces y campeones olímpicos para el frasco. Nuestro actual mandatario, Sebastián Piñera, además de poseer varios de esos discutibles atributos anteriormente mencionados, suma el de ser muy poco serio, improvisador permanente y un oportunista consumado.

Por el suelo en las encuestas, lejanos esos “tiempos mejores” que fueron su caballito de batalla para ocupar La Moneda por un segundo periodo, olvidó completa y convenientemente el barato slogan que le vendió al país cuando se trató de vencer en las urnas al “inamible” Eduardo Frei Ruiz Tagle: “A los delincuentes se les acabó la fiesta”, fue la seria promesa de su primera campaña.

Lo que pasó, ya se sabe: la fiesta de los patos malos terminó en carnaval, con el agravante de que al flaiterío se sumó el pijerío de cuello y corbata en el arte de tirar las manos sin que se note. Vano intento. A los cumas se les pilló siempre, en tanto que los educados caballeros fueron desnudados en sus ancestrales tropelías sencillamente porque los tiempos cambiaron, y hoy existe toda una tecnología que tanto sirve para cometer el delito como para dejar acusadoras huellas que, sin embargo, nunca harán que, al contrario de los atorrantes, tomen el sol a cuadritos.

La introducción tiene que ver con la dudosa “perfomance” deportiva que se mandó por estos días, en Lima, nuestro actual Presidente. Oliendo el éxito de nuestros deportistas, que a pesar de todas las pellejerías superaron los cálculos más optimistas, logrando una cosecha inédita de medallas en Juegos Panamericanos, ni corto ni perezoso tomó un avión para viajar a Perú.

No sólo se multiplicó para estar en cuanto evento pudiera entregar una medalla para nuestros muchachos, con la consiguiente cobertura de prensa de los medios genuflexos. No sólo se volvió loco felicitando a cada uno de nuestros gallardos vencedores. No sólo se sacó la mayor cantidad de fotos posibles con los protagonistas de podios. No. Disconforme con toda esa orgía mediática, luchó por estar en la ceremonia de clausura, en el Nacional limeño.

¿Como espectador? ¿Como muestra de férreo apoyo a los muchachos desde un discreto aunque igualmente notorio segundo plano? ¡Las pinzas…! Fiel a su alma de polilla, que se refocila frente a focos y cámaras, el Presidente de Chile, Sebastián Piñera Echeñique, fue protagonista.

Y nada de secundario. Principal. ¡Qué se han creído…! Recibiendo nada menos que la bandera de la organización Panamericana como símbolo de la posta que toma Chile de parte de Perú con miras a los Juegos de 2023.

Inédito. Insólito. Por protocolo, quien debió haber “robado” cámara era Karla Rubilar, Intendenta capitalina, como máxima autoridad de la futura ciudad sede, es decir, Santiago. Por último, ¿no debió recibirla Miguel Angel Mujica, el presidente del Comité Olímpico de Chile? Y aún mejor: si de romper el protocolo se trataba, ¿no hubiese sido mucho más justo, y desde luego mucho más adecuado, que ese pabellón simbólicamente lo portara uno de nuestros deportistas medallistas de oro?

Después de todo, son ellos los protagonistas. Son ellos los que, a pesar de la falta de apoyo y de recursos, se exigen a fondo por tratar de ser los mejores en esa actividad que los embrujó desde niños. Son ellos los únicos “culpables” de sus eventuales éxitos.

A lo mejor lateado ya de prometer hospitales, adelantos de todo tipo, un Mapocho navegable y líneas ferroviarias que no se construirán nunca, el Presidente Piñera jamás descarta incursionar en el deporte cuando se trata de subir en la aceptación ciudadana. Y, se sabe, esta está bastante lejana incluso en las encuestas compradas por Palacio, producto de una cesantía creciente, sueldos miserables de aquellos que tienen la fortuna de tener trabajo y pellejerías surtidas que, producto de abusos de todo tipo, sufre reiteradamente el populacho.

Y así como años atrás simuló ser hincha de Wanderers, o al menos tener una arrebatadora simpatía por el “Decano” cuando se trató de presentarse como candidato a Senador por la Región de Valparaíso; así como luego se transformó en furibundo hincha colocolino cuando políticamente le fue creciendo el apetito, hace unos pocos meses se propuso algo que a la gallada ignara y borrega volvió loca: transformar a Chile en país sede de algunos partidos del Mundial de 2030, que se disputará en Sudamérica en homenaje al Centenario del torneo uruguayo del siglo pasado, el primero en la historia del fútbol planetario.

Que Chile no tenga estadios para una cita de ese calibre, que el propio Estadio Nacional sea una ruina, ¿a quién le importa? ¡Avívate, Aníbal Mosa, presidente de la usurpadora Blanco y Negro! Pide una audiencia y ándate a La Moneda a proponer el Monumental como escenario de ese magno evento. Después de todo, dejarlo mejor que como está va a ser mucho más barato que pensar en otro estadio partiendo de cero, y el Presidente, como persona culta e informada que es, sabe de más que al ruinoso recinto ñuñoíno, por tratarse de un “Monumento Nacional”, mucha mano no se le puede meter.

Terminados los Juegos Panamericanos, con Chile en un meritorio octavo lugar, con 13 medallas de oro, 19 de plata y 18 de bronce, el deporte chileno, a pesar de sus conocidas pellejerías, superó con creces actuaciones precedentes en este evento, lo que asegura una parafernálica visita a La Moneda, donde seguramente abundarán las felicitaciones más ditirámbicas y las más delirantes promesas de un apoyo estatal que, como es frecuente con esta despreciable clase política que tenemos, se llevará el tiempo sin que nadie vuelva a recordarlas.

Vayan igual, muchachos. Aprovechen la ocasión para que, en medio de la euforia, les ofrezcan este mundo y el otro. Así por lo menos ha funcionado siempre este país, tanto en elecciones como luego de un evento que, como estos Panamericanos, significaron que el deporte chileno sigue viviendo gracias al exclusivo sacrificio y amor de sus cultores.

Para no transformarse en aguafiestas de esa futura recepción en Palacio, no se les ocurra quejarse ni plantear problemas, por muy reales y palpables que sean. Como se dice popularmente, “mueran en la rueda”, y por nada del mundo saquen a colación que este mandatario, que hoy los felicita tan calurosa y sinceramente, recortó el presupuesto para el deporte en aproximadamente 1.500 millones de pesos para este 2019.

Mucho menos se quejen de la genial idea gubernamental de hacer del ramo de Educación Física un ramo optativo (como la Historia), por más que ustedes, y en realidad todos nosotros, notemos con preocupación y espanto cómo año a año sube exponencialmente el número de guatones en liceos y colegios.

Háganse derechamente los giles.

Después de todo, si lo hace el Presidente, ¿por qué no ustedes?