Piñera salió a vender humo con el Mundial 2030

Agobiado porque los prometidos “tiempos mejores” siguen sin verse por ninguna parte, demudado por la continua caída del frágil apoyo con que fue elegido, el Presidente de la República echó una vez más mano a ese caballito de batalla que siempre ha utilizado para engañar giles: el fútbol. Ni siquiera reparó en que, con su bombástico anuncio, rompía con todas las normas protocolares y de buena educación.

Uno esperaría, como cualquier ciudadano, que la principal autoridad del país fuese un tipo culto, informado, serio y, por sobre todo eso, honesto y bien intencionado. Si eso no alcanzara, creo que mayoritariamente nos conformaríamos con las tres últimas virtudes antes mencionadas. Está visto, sin embargo, que aparte de tener un Presidente de la República iletrado, y desinformado en general de todo aquello que no rinda dividendos políticos o económicos, tampoco es serio, tampoco es honesto y mucho menos bien intencionado.

Como ciudadano común, siempre lejano a los círculos de poder y en buena hora, para dudar de la honestidad del ciudadano Piñera me baso simplemente en lo que en su momento dijo la ex ministra de Justicia de la dictadura, Mónica Madariaga; en la pachotada que le lanzó su propio compañero de ruta, Manuel José Ossandón, durante las primarias presidenciales; en la portada del periódico El Ciudadano de septiembre del año pasado, en que lo calificó de “Presidente ladrón”; y en la contraportada de uno de los últimos número de The Clinic, en que inaugurando la Línea 3 del Metro, hacen aparecer al Presidente muy preocupado, preguntando si el recorrido de ese tren llega hasta “Las Rejas”.

Como en ninguno de los cuatro casos antes mencionados hubo alguna reacción, desmentido o anuncio de querella, tengo pleno derecho a pensar que todos esos dichos y acusaciones eran más que fundados.

Sebastián Piñera no puede ser considerado un mandatario serio cuando, en medio de la crisis que el norte aún no supera, y que el sur vive cotidianamente con devastadores incendios forestales, no sólo ordena enviar 60 toneladas de ayuda humanitaria a Venezuela, sino que en la cúspide de su pueril y barata demagogia sale a anunciarle al país que el fútbol de Chile, en conjunto con el de Paraguay, Uruguay y Argentina, postulará ante la FIFA la obtención de la sede del Mundial de 2030, el del Centenario.

En medio de una cesantía que crece a diario, de palos de ciego que no alcanzan a darle en la cabeza a los prometidos tiempos mejores, de modo de alcanzarlos de una buena vez, y de una menguada aprobación que mes a mes se desmorona en la encuestas, a falta de mineros a los que sacar del hoyo, el Presidente de la República, fiel a su estilo verborrágico y grandielocuente, se arranca una vez más con los tarros para hacer un anuncio que, jura él, poco menos que en loco frenesí volcará el pueblo a las calles.

Impulsado por su incontrolable afición a los golpes de efecto, dejó, para usar un término futbolístico, “off-side” no sólo a la directiva del fútbol chileno, sino a sus colegas de Argentina, Uruguay y Paraguay, que deben haberse sorprendido tanto como el presidente del Metro, Louis de Grange, cuando el mandatario, inspeccionando la recién inaugurada Línea 3 del ferrocarril urbano, anunció una futura Línea 10 que no existe ni siquiera como proyecto.

Sebastián Moreno, presidente del fútbol chileno, pobrecito él, no hallaba qué decir cuando la prensa fue a consultarle por esa verdadera bomba noticiosa que había dejado caer el mandatario. Y no hay que ser muy perpicaz para imaginar que parecida reacción habrían tenido Mauricio Macri, Presidente de Argentina, Tabaré Vasquez, primer mandatario de Uruguay, y Mario Abdo, el semi anónimo Presidente del Paraguay, en el caso que, recogiendo las esquirlas del obús lanzado al mundo desde La Moneda, la prensa de esos respectivos países hubiera corrido a consultarles.

Quedemos entonces que, aparte de poco criteriosa, la “bomba” noticiosa de Piñera se saltó todos los mínimos protocolos, todos los marcos de la diplomacia. Se estila que, un anuncio como ese, se haga en forma conjunta. Nada, en todo caso, que pueda sorprendernos de un personaje que toda su vida -respaldado por una fortuna obscena- ha hecho lo que se le ha venido en gana.

Como robarse un banco y quedar impune, comprar millonarias acciones con información privilegiada, adquirir empresas “zombies” para eludir impuestos y hasta obtener, contra toda la legislación nacional, una playa privada en su casa de veraneo. Entre otras lindezas, por cierto.

Desesperado porque su toque de Rey Midas hasta aquí no le ha funcionado, y la economía naufraga mucho más más allá de lo que nos cuentan las mañosas y amañadas cifras oficiales, el Presidente Piñera siente que, como otras veces, el fútbol y la tontera de un pueblo ignorante, vendrán en su auxilio.

Si alguna vez fingió ser hincha de Wanderers, para fortalecer su postulación a una senaturía por Valparaíso, si luego descubrió que su repentino amor por Colo Colo podía ayudarlo en su carrera presidencial, se pasaba de gil si esta vez no echaba mano a ese fiel caballito de batalla que suele ser la pasión de multitudes. De la multitud de pelotudos, como sé que agregaría con toda sorna un gran periodista amigo radicado hace décadas en Australia.

Dijo, Sebastián Piñera, que Chile tiene fundadas posibilidades de resultar elegido como uno de los cuatro países anfitriones de la máxima cita futbolística calendarizada para el 2030. Recordó, seguramente por dato de algún orejero, que ese año se cumplen los 100 años del primer Mundial de Fútbol, que tuvo a Montevideo y a su mítico estadio Centenario como sede, y que, en vista de tan importante efemérides, a la FIFA no le quedaría otra que volver a entregarle la sede a la República Oriental del Uruguay.

En medio de su epifanía, no titubeó en acudir al “carrileo”, a la mentira desembozada. Agregó que “Chile tiene la infraestructura para recibir unos cuantos partidos de ese Mundial” que, se presume, contará con la cifra record de 48 selecciones participantes”.

¿Dónde la viste?, deben haberse preguntado con sorna en barrios y poblaciones. Excepto el Nacional, que es una ruina por el lado que se le mire, y el Monumental albo, que a 30 años de su inauguración sigue siendo un recinto inconcluso, el país no tiene ningún otro estadio con la capacidad mínima que exige la FIFA para partidos mundialistas: 40 mil espectadores.

El “Ester Roa” de Concepción, el “Calvo Bascuñán” de Antofagasta, siendo los más grandes que el Estado chileno le regaló graciosamente a una actividad de privados, como el fútbol, no tienen ese aforo, señor Piñera.

¿O se habrá referido a la red hospitalaria de lujo que tiene el país para atender al populacho?

Sus anuncios, Presidente Piñera, son -aparte de delirantes- hasta del mal gusto.

Nos parecería muy bien que al pueblo venezolano se le enviaran esas 60 toneladas de ayuda humanitaria si sus propios súbditos no tuvieran necesidades. Pero ocurre que en el norte tenemos cientos de damnificados por el terremoto de La Serena y Coquimbo primero, y por las riadas del invierno altiplánico después. Que en el sur hay otros tantos y el número crece día a día producto de las llamas, incontrolables en ciertos sectores.

¿No es un dicho tan antiguo como sabio aquel que “la caridad empieza por casa”?

Pero aún creyendo la versión oficial de que todo está bajo control, y las necesidades básicas de los damnificados resueltas, ¿qué me dice de Haití, Presidente Piñera? Porque Venezuela en los últimos días ha sido una verdadera taza de leche comparando la situación con lo que está ocurriendo desde hace una semana en Puerto Príncipe, la capital de ese Estado fallido.

¿No son también los haitianos seres humanos motivo de compasión y ayuda? ¿O es que Haití, como no tiene petróleo y en realidad nada de nada, está fuera del radar del Imperio y, por lo mismo, de todos los gobernantes latinoamericanos y del mundo obsecuentes y serviles?

Déjese de vender humo, Presidente Piñera. Párela con anuncios populistas y demagógicos que no conducen a nada.

Muestre de una buena vez sus cartas y envíe su prometida reforma laboral, de modo que la clase trabajadora de este país sepa cuánto antes las normas con que la vacunarán de ahora en adelante.

Haga realidad su reforma tributaria que, como siempre, bajo el disfraz de la justicia hará más ricos a los más ricos y miserables a los más pobres.

Métale mano a esos robos legalizados que constituyen las AFPs y las Isapres, genial invento de su hermano José para expropiarnos por años y sin anestesia.

Porque lo más seguro es que, lo su gobierno proponga, con uno que otro cambio cosmético, pasará colado. Como por un tubo, más allá de discusiones bizantinas y para la galería en el Parlamento.

Después de todo, la “oposición” de este país está también llena de sinvergüenzas y macucos que, en nombre de la defensa de la democracia, se han arreglado los bigotes que es un gusto. Porque, como canta Serrat con tanto acierto, “cuando las cifras se lo pasan tan bien, el pueblo generalmente lo pasa muy mal”.

¿Pero anunciarnos como futura sede del Mundial del Centenario?

A otro perro con ese hueso. Chile podrá estar lleno de giles que felices siguen comprando espejitos y piedrecitas de colores. En otras palabras, adquiriendo cualquier buzón que los sinvergüenzas se propongan venderles.

Pero la estupidez y la paciencia también tienen su límite. Y nunca será bueno estirar eternamente la cuerda.