«Pluto» Contreras ya entró a la galería de los cracks inmortales

El fútbol lamenta la muerte del notable defensor del Ballet Azul y de la Selección mundialista de 1962, que se lleva el reconocimiento de todos por su jerarquía en la cancha y su gran calidad humana. «Para mí el fútbol era un asunto de vida o muerte», expresó sobre su entrega profesional.

Este fin de semana un crack del fútbol chileno encontrará su lugar de reposo definitivo en el mausoleo del los ex jugadores de la gloriosa Selección chilena de 1962, en el Cementerio General. En medio del alzheimer que le condenó al olvido de sus glorias y pesares, Carlos Contreras falleció este viernes en Puente Alto, donde vivió sus últimos días en forma tranquila, sólo apremiado por las angustias de la pandemia que nos cambió la vida a todos.

A Contreras le pusieron Pluto por su aparente parecido facial con la figura del simpático perro de Disney y ese sobrenombre lo acompañó a lo largo de una notable carrera que le llevó a estar en la historia de los mejores zagueros centrales de la Selecciòn y de Universidad de Chile. Fiero, aguerrido, con estampa de defensor imponente y guapo, fue campeon seis veces con el mítico Ballet Azul y titular en el Mundial de Chile que llevó a la cima a toda esa generacion insuperable.

Si en la cancha fue un jugador que se hizo respetar por su juego y prestancia, fuera de ella cosechó muchos amigos por su calidad humana y bajo perfil. Como tantos, tuvo una vida dura que superó con esfuerzo y los dientes apretados. Como el mismo contó: «Mi padre biológico era de apellido Bolívar. Mi madre trabajaba en la Vega y murió cuando yo tenía 12 años. Mi padrastro, Contreras, fue jefe de los carruajes en La Moneda, y nos abandonó a mi hermana y a mí un año después. Mi vida fue muy solitaria. Tuve una infancia difícil y triste, expuesta al peligro. ¿ así querían que jugara elegante? Para mí el fútbol era un asunto de vida o muerte. Parecido a Gary Medel, sólo que fui más pituquito», confidenció.

Contreras pudo irse a otros equipos, pero su mayor orgullo fue el compromiso eterno con el Ballet Azul, el equipo de toda su vida. Tuvo al técnico Zorro Álamos como maestro en la «U» y su profesor fue Fernando Riera en la Selección del 62. Al fin, el querido Pluto fue un crack, pero sobre todo una persona educada y querida, que se ganó el cariño de todos quienes hoy lo recuerdan con el mejor de los reconocimiento: la fuerza del respeto y el cariño.