¿Podrá el fútbol sólo volver a partir del próximo año?

Un virólogo alemán pronostica que, con el avance del Covid-19 a nivel global, es irresponsable pensar siquiera en el retorno de las ligas del planeta a contar de abril, incluso si se decidiera jugar “a puertas cerradas”. Para Jonas Schmidt-Chanasit, “el fútbol sólo podría retornar en 2021 sin que sea un peligro para la salud pública”.

Por Edurdo Bruna

Jonas Schmidt-Chanasit, virólogo alemán del Instituto Berhard-Nocht, de Hamburgo, lanzó una bomba que, en pleno crecimiento exponencial del coronavirus como declarada pandemia, o Covid-19, como se le llama ahora, dejó al fútbol mundial en la UTI, para seguir con los términos médicos.

El virólogo, en declaraciones a la televisión alemana, señaló sin ningún ánimo de ser alarmista que “el fútbol a nivel global sólo podrá volver a jugarse a partir del año próximo”, es decir, cuando exista plena y absoluta certeza de que el contagio, tras ser detenido, se bate en retirada.

Su declaración, como no podía ser de otra manera, cayó como una verdadera bomba de racimo cuyas esquirlas afectaron a todo el mundo. Y es que salvo en Turquía, y otros países de ligas muy menores, como Australia, el fútbol ha seguido disputándose más allá de las protestas y ruegos de los propios jugadores. El resto de las ligas del planeta -con mayor o menor celeridad- terminaron acatando la sugerencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Schmidt-Chanasit es terminante: para él, el que la Bundesliga señale que a partir de abril la actividad se reanudaría, no pasa de ser una simple declaración de intenciones que no guarda ninguna relación con el grave momento que el mundo vive. Descarta, incluso, que la actividad futbolística se reanude -como pareciera ser la intención- “a puertas cerradas”, es decir, sin público en las gradas.

Y explica: “No creo que en abril se pueda volver a hablar de que se jueguen partidos. Ni siquiera a puertas cerradas, toda vez que existe la posibilidad de que la gente se reúna en sus hogares a verlos, en un número que también es peligroso y que aumentará los riesgos de contagio”.

Como era de esperar, los apocalípticos pronósticos del virólogo Jonas Schmidt-Chanasit no cayeron para nada bien en el fútbol alemán. Tampoco -como es lógico- en el resto del mundo, puesto que está claro que, si a la ausencia de venta de boletos se suma la no televisación de los encuentros, los clubes, por más poderosos que sean económicamente, no tardarán mucho en caer en la insolvencia.

Se diría que es precisamente al revés: esos clubes, económicamente fuertes en tiempos normales, son los que al mismo tiempo sostienen gastos mucho mayores, puesto que sus plantillas suelen ser obscenamente millonarias para los cánones latinoamericanos.

De hecho, Christian Seifert, director administrativo de la Liga Alemana de Fútbol, o Bundesliga, ha dicho que “los partidos a puertas cerradas son la única posibilidad de salvar la temporada, lo que implicaría también salvar a algunos clubes de la insolvencia”.

Schmidt-Chanasit -entretanto- no cree que la temporada actual pueda concluirse. «Estoy convencido de que solo se podrá volver a jugar el año próximo. No creo que sea realista pensar que esta temporada pueda terminarse», dijo.

En vista de que el mayor foco de propagación del Covid-19 se trasladó desde China a Europa central, golpeando con violencia a países como Italia, España, Francia y Alemania, los clubes de estos países no pueden dejar de ver con genuina preocupación los sombríos pronósticos de los expertos.

En ese sentido, el diario La Vanguardia, de España, advirtió que Barcelona estudia ya medidas concretas para amortiguar una crisis económica que a estas alturas se antoja inevitable.

Aclaró el periódico que “es muy probable que los futbolistas del plantel azulgrana vean afectados sus sueldos, pues estos representan el 61 por ciento del presupuesto anual”. Agrega que “es previsible que la plantilla del primer equipo sea instada a hacer algún tipo de gesto para amoldarse a la situación de excepción que vive la entidad en la actualidad y quién sabe hasta cuándo”.

Precisamente para estudiar esta situación, este viernes 20 de marzo se reunía la plana mayor del club catalán para tratar el tema a través de una videoconferencia.

El que no se anduvo por las ramas, ni recurrió a profundos estudios financieros, fue el club escocés Hearts, de la Primera División, el que les pidió a sus jugadores y cuerpo técnico que, en vista de la delicada situación, acepten una rebaja del 50 por ciento de sus salarios.

La propietaria de la entidad, Ann Budge, tomó esta drástica decisión por las pérdidas financieras que sufrirá el club por la suspensión del campeonato durante semanas o meses debido a la pandemia.

“Con el fin de evitar un plan de despidos del personal y proteger tantos empleos como sea posible, propongo implementar un programa de reducción salarial en todo el club”, reclamó Budge en un comunicado en la web de la institución.

Budge aseguró que aquellos que no acepten esta propuesta “se les ofrecerá por supuesto la posibilidad de rescindir su contrato”.

En otras palabras, el viejo y tradicional “si no te gusta, te vas”.

El club, que ocupaba la última plaza del campeonato escocés antes del paro forzoso, estima las pérdidas en un millón de libras semanales (1,16 millones de dólares) por cada semana en la que la competición esté paralizada.

En Chile, la situación, guardando las proporciones, no puede ser muy distinta.

Los clubes nacionales, que han hecho de los recursos que mes a mes les entrega el Canal del Fútbol su principal fuente de ingresos (y en algunos casos única), podrían sobrevivir perfectamente mientras el fútbol, jugado hipotéticamente “a puertas cerradas”, les mantenga ese vital flujo económico.

Las asistencias actuales, salvo excepciones, sólo significan un ingreso extra apenas marginal, el que incluso se ve disminuido aún más si se considera, en algunos casos, el arriendo del recinto y el pago a los guardias que serán encargados de velar por la seguridad.

Sin embargo, de hacerse realidad el sombrío pronóstico del virólogo alemán Jonas Schmidt-Chanasit, en el sentido de que el fútbol como actividad profesional sólo podría retornar a partir de 2021, los clubes nacionales se encontrarían de lleno sumidos en una crisis económica que para muchos podría ser terminal.

Ni hablar del Canal del Fútbol, que a partir del 18-0 dejó de prestar el servicio por el que pagan los abonados y que se sepa, hasta ahora, ni siquiera ha dado muestras de plantear siquiera el tema de una justa indemnización a su numerosa clientela.

¿Por qué, cuando la ley sí obliga a otras empresas de servicios a ofrecer compensaciones a sus clientes cuando el servicio se ha dejado de prestar?

¿Será porque estamos en Chile y muchos todavía creen que el estallido social, a pesar de las muchas, reiteradas y potentes señales, no pasó de ser una bravuconada más?