La pelota no se mancha: por qué el fútbol sigue congelado y se acabó el sueño copero del Nacional

“El Gobierno y la ANFP quieren retomar el fútbol para calmar a la gente, pero no estamos de acuerdo”, expresó Esteban Paredes, mientras el estallido social concentra la atención de la misma fuerza pública que debe dar seguridad a la ciudadanía antes que a los estadios..

Hace tres años, con similares aires primaverales, la ex Presidenta Bachelet presentaba a Jean Beausejour como una de las “joyitas” que aportaba la cantera del deporte entre los 15 miembros del Consejo Ciudadano de Observadores del Proceso Constituyente. La misión del futbolista y sus compañeros de equipo político -Baranda, Rovaretti, Parra, Fantuzzi, entre otros- era garantizar que los diálogos ciudadanos y cabildos del proceso “se lleven a cabo de manera transparente, sin presiones ni distorsiones”. Los sueldos del grupo salieron de nuestros impuestos y contribuciones al erario público, por cierto, pero el trabajo y las reuniones fueron estériles porque la nueva Constitución todavía hoy continúa siendo acaso la mayor reivindicación de los chilenos, entrampado en un estallido social sin solución aparente por parte del Gobierno.

En ese ambiente de protestas y movilizaciones, el fútbol criollo “lo mira por TV”, como corean a menudo las distintas hinchadas. Ni siquiera las desventuras de una deslavada selección juvenil en el Mundial de Brasil consigue reactivar el entusiasmo por una actividad sin reacción y carente de peso orgánico para sentarse a conversar en alguna oficina de La Moneda.

Mientras las autoridades pugnan por devolver la aparente “normalidad” al país, la Anfp choca con el duro espejo de su realidad: la organización depende de la fuerza pública en los estadios y, de momento, los carabineros ya tienen demasiada demanda prioritaria con las manifestaciones. En ese contexto, algunas figuras se interesan por la situación y suman su voz a la postura del Sifup en cuanto a “no jugar mientras el país no solucione los problemas”.

 “El fútbol pasó a segundo plano. No somos partidarios de que se reanude el torneo. El Gobierno y la ANFP quieren retomar el fútbol para calmar a la gente, pero nosotros no estamos de acuerdo. Es complejo el tema, no sabemos lo que va a suceder. Primero está nuestro país y lo que el pueblo que necesita”, comentó Esteban Paredes con un nivel de conciencia social infrecuente en el entorno de las canchas domésticas. “Estamos luchando por cosas mayores, tenemos que arreglarnos como país primero. Tener claridad del Gobierno para que le de tranquilidad a la gente, que lo necesita”, sostuvo.

Sin embargo, la Anfp sigue empeñada en que se juegue para darle flujo a la tesorería de los clubes. Y en tanto la desvalorizada selección del colombiano Reinaldo Rueda -quien vive y cobra en Chile pero no emite opinión de la crisis- alista la próxima fecha Fifa con partidos ante Perú en Lima y Bolivia en alguna sede indefinida, la mayor obsesión del organismo encabezado por Sebastián Moreno es jugar “sí o sí” la final de la Copa Libertadores en el Nacional.

Esa definición sudamericana que en su momento fue presentada al país como “un gran logro para nuestra imagen internacional” por la defenestrada ministra Paulina Kantor, tiene fecha para el 23 de noviembre y todas las señales apuntan a que, dentro de dos semanas, no estarán dadas las condiciones óptimas para un evento de esa trascendencia.

Con una claridad conceptual que sorprende y se aplaude, el propio Paredes sentenció que “hay mucha inseguridad. No sé qué va a ocurrir cuando se juegue la final. Está sucediendo algo muy importante en nuestro país y creo que primero está eso y después ver si se puede jugar la Copa Libertadores”.

En rigor, el fútbol lejos del estruendo y sus propias desigualdades de sueldos atraviesa un ostracismo forzado, con destello de lucidez que demuestran, al fin, que la cabeza no sólo sirve para meter goles…