Por qué la U ama a Leonel: 84 años de gloria, idolatría y autenticidad

Los azules hacen suyo el festejo del crack que lideró el Ballet Azul y la Selección mundialista del 62 y más tarde se quedó para siempre en el corazón de los hinchas por su identificación con la camiseta y los valores intransables de otra época…

Los 84 años de Leonel Sánchez son, esencialmente, un motivo de festejo para el fútbol chileno y en particular Universidad de Chile, el club que lo tiene entre sus hijos ilustres y figuras insignes. Quieran fuera crack y campeón con el Ballet Azul y figura indiscutible en la Selección chilena mundialista del 62 está en la galería de los ídolos de verdera raigambre popular en nuestro país, aquellos que no dependen de sus ingresos millonarios ni de campañas mediáticas, sino que se meten de una vez para siempre en el alma de los futboleros.

“Yo estoy orgulloso de estar con mi familia y de cómo se ha portado la ‘U’ conmigo. Al club llegué a los 11 años y me inscribieron a escondidas en la tercera infantil, que aceptaba cabros de 12 años para arriba”, recuerda orgulloso el sómbolo azul, con esa humildad y trasnparencia que distinguen su mejor perfil, más allá de una zurda formidable y goleadora.

El querido Viejo Leo siente a la «U» como parte de su esenca y el club ha reconocido siempre su significado para la masa de seguidores universitarios. Defendió su camiseta entre 1953 y 1969, fue multicampeón y nunca se atrevió a dar el salto al extranjero, acaso aferrado a las raíces del afecto eterno en su entrañable barrio de Recoleta. “Después me dieron siempre todo lo que pedía, yo firmé contratos en blanco muchas veces”, reconoce incluso hoy, cuando asoman los homenajes y ya quedan pocos integrantes de aquella legión gloriosa e insuperable.

Leonel, en los 60 a la altura de Pelé.

Este sábado festejo 84 años llenos de vida, gloria y salud, lo que fue reconocido por un significativo video con que la Fifa refrescó sus méritos en un universo tan efímero como el actual. El organismo mundial quiso agregarle un tono anecdótico a su saludo y se atrevio a recordar aquel incidente del Mundial del 62 que derivó en una gresca vergonzosa que no agrega demasiado a su carrera extraordinaria. «Leonel Sánchez fue un gran futbolista. Sospechamos que también podría haber sido un gran boxeador como su padre. Noqueó a un italiano y le rompió la nariz a otro en la infame ‘Batalla de Santiago»», escribió en Twitter algún joven funcionario de la FIFA que -desinformado y desatinado- supuso que aquello perfilaría mejor al personaje.

Leonel, en rigor, fue crack donde estuvo: ya fuera casi toda su vida amparado y entregado a la «U», o en su fugaz paso por Colo Colo y Ferroviarios. Después se quedó como técnico en los azules y definitivamente se fue transformando, desde la banca y fuera de ella, en un formador proverbial y un espejo rutilante para las nuevas generaciones.

El Viejo Leo, como le nombran con afecto todos quienes hoy le circundan en sus entornos más cálidos y respetuosos, nunca fue millonario ni se olvidó de sus orígenes modestos. Tampoco aprendió a fabricar falsos pensamientos o frases alambicadas para la prensa y se fue quedando en la memoria y el tiempo con las mejores armas de su recorrido limpio y esforzado: su categoría de ídolo popular, una magnífica historia intachable de gran jugador y la imagen de hombre honesto que disfrutó su vida en una cancha sin engaños, deslealtades ni trampas…