Harold Mayne-Nicholls

Por suerte, murió el “haroldismo” en Antofagasta

En un país abundante de hipocresía sólo faltaba que ensuciaran el único deporte que es comentado y debatido mañana, tarde y noche. La sinvergüenzura sin precedentes de Colo Colo para evitar el duelo frente a los “Pumas” el pasado fin de semana, logró sacarme un suspiro desesperado para intentar comprender cómo hay instituciones que son manejadas por personas amigas de la trampa. 

Por Marcelo Cheloi

Esta sensación la vengo palpando hace años. Estamos inmersos en un ambiente tóxico, generado, en parte, por un periodismo deportivo tan lleno de alcahuetes que, con o sin título, van usurpando toda la felicidad que el fútbol nos ha dado. El fútbol debe ser algo lindo. Más allá del nivel de nuestra liga, es, por esencia, algo hermoso. Y saltan algunos que hablan de “salvar al fútbol”, pero que en la práctica son cero aporte, u otros llenos de compromisos con dirigentes.

Esto último refleja el caso de Harold Mayne-Nicholls, a quien considero uno de los personajes más nefastos en la historia de la dirigencia nacional. Trajo a Marcelo Bielsa hace trece años, es verdad, pero aparte del acierto con el rosarino, ¿qué otros hechos pueden elevar a Mayne-Nicholls como, casi, un intocable para la prensa? 

Veamos lo que pasa acá, en Antofagasta: propietario del uno por ciento de la Corporación Antofagasta Portuario, que espero venda tras lo que pasó el fin de semana en el Estadio Monumental (quizás la acción dirigencial más burda de los últimos años), a Mayne-Nicholls se le acabó el tiempo de seguir vendiendo pomadas, como el “modelo alemán” que ha pregonado en esta ciudad a los cuatro vientos, cuando, en la práctica, todos sabemos que su único norte es el poder. 

“Haroldo” -como le decía Bonvallet- es un esclavo del dinero, como casi toda la gente que trabaja y vive del fútbol en Chile. Eso duele y despertó en mí lo que llamo el “estallido futbolero”. Ni por códigos o falsa modestia puedo soportar más que las cosas sigan así. Como hincha y periodista partidario persigo siempre la verdad. Y si tipos como Mayne-Nicholls y Jorge Sánchez (controlador de la sociedad anónima que rige a los “Pumas”) no quieren irse del fútbol es porque algo o alguien los mantiene. Y ese “algo” parte por el dinero de sus billeteras o cuentas corrientes.

Sin embargo, la gente está despertando, al igual que ese día 18 de octubre en el Metro. No es sólo una no presentación o una suspensión de partido. No son sólo tres o 15 puntos que arriesga perder Colo Colo: es el modelo S.A. el que hay que derrumbar. 

En esta línea me parece ridículo lo que hace Sánchez (integrante del “Cartel del Factoring” y del grupo que instaló a Pablo Milad en la testera de la ANFP, además de amigo personal de Aníbal Mosa), pues ha demostrado poco peso (¿o poco interés?) para resolver los problemas de Antofagasta.

Si bien ha salido en todos los medios pidiendo “justicia deportiva”, me gustaría recordarle cuál fue su gestión cuando Fluminense decidió aplazar el partido de ida por la Copa Sudamericana 2019. Los brasileños y la CONMEBOL corrieron con los gastos logísticos y todo quedó en nada. ¿Por qué no apeló a la “justicia deportiva” entonces? Pero, claro, eso se solucionó con dinero y casi 500 hinchas perdieron pasajes, estadía y el orgullo de poder viajar a acompañar a su equipo en el primer partido internacional de su historia. Jorge Sánchez tiene a su abogado personal, Raúl Jofré, como secretario de la ANFP, piénsese. 

La idea es sacar a este tipo de gente. Basta del periodismo servil al rating y a los clicks. Hablen de fútbol y de lo trascendente, como decir, “Colo Colo la hizo otra vez y a Antofagasta se la hicieron como siempre”. 

Al menos, después de los del sábado, en esta ciudad quedó claro que el “haroldismo” en Antofagasta murió y, junto a él, todo su séquito de impresentables que operan en medios de prensa y en otros lugares dentro de lo público y lo privado. La gente está despertando, escribí más arriba. Y a buena hora. Ojalá se venga el #EstallidoFutbolero y cuando el Apruebo en octubre sea una realidad, podamos conversar y cambiar la Ley 20.019, que regula las sociedades anónimas deportivas en nuestro país.

Chao, Harold. Gracias por nada y feliz jubilación…