¿Posesión efectiva?

Para el Récor de Guinness: ninguno de los ocho equipos que acaparó el control del balón en la fecha inaugural del torneo chileno de Primera A terminó victorioso. De hecho, siete de ellos se llevaron la pelota para la casa junto con el dolor de la derrota.

Hay maestros del control del balón, incluso hasta convertirlo en un arte.

El Brasil de sus mejores años, el Barcelona de Guardiola y la España de Del Bosque son tres ejemplos a nivel mundial. El Colo Colo de Borghi y la Roja a partir de la segunda etapa de Sampaoli, a nivel doméstico. Incluso la Unión Española de Sierra.

Equipos que han sido capaces de arrobar a todo el mundo, incluso a sus rivales, que sin darse cuenta, de tanto mirar como la pelota pasa cerca e inalcanzable a la vez, terminan hipnotizados y rendidos esperando resignados la estocada mortal.

Los defensores de este modo de juego suelen apelar a ese tipo de ejemplos para sacarse de encima el mote de aburridos y anodinos.

Pero son casos hasta casi irreales, malamente aplicables al común. Como Pellegrini -otro adalid de la posesión- recomendando a las AFP como tabla de salvación previsional. Para hablar de estas administradoras con una sonrisa hay que recibir un sueldo a lo Pellegrini, tal como para ganar tocando y tocando es menester contar con los jugadores apropiados.

Porque no es llegar y lanzarse a jugar al tontito con la pelota.

Si no que lo digan los ocho equipos de Primera A que este fin de semana se retiraron frustrados de la cancha en la apertura del torneo nacional.

Siete de esos ocho elencos compartieron una doble coincidencia: perdieron en el marcador pero ganaron en el porcentaje de posesión. La excepción fue la UC, aunque su empate igual le supo a derrota.

Anote estos datos, porque pueden quedar en la historia: Colo Colo 73% (1-2 con Unión Española), Universidad de Chile 72% (0-1 con Wanderers), Universidad Católica 63% (1-1 con Cobresal), San Luis 57% (0-1 con O’Higgins), Audax Italiano 57% (1-3 con Huachipato), Everton 53% (1-3 con Iquique), Palestino 53% (0-1 con Universidad de Concepción) y Antofagasta 53% (0-2 con Temuco).

Sintomático.

Pareciera que a nuestro desconcertante fútbol hay que dividirlo hoy entre los que se adueñan del balón y los que prefieren apropiárselo de vez en cuando, solo cuando creen haber encontrado el espacio para llegar al gol.

Al menos en los encuentros de los tres grandes ocurrió eso. Blancos, azules y cruzados creyeron que teniendo la pelota acabarían avasallando a sus rivales. Hispanos, porteños y cobresalinos, en cambio, optaron por cederlo todo -pelota y terreno-, replegándose para salir en furibundos contragolpes que finiquitaron con particular eficiencia.

En el resto de los cotejos la superior posesión de los vencidos no fue tan decidora pero sí lo suficientemente inútil como para preguntarse si ese es el mejor camino para el fútbol chileno.

Es que no suena bien eso de amasar un pan sin sal ni manteca, ni tampoco aguardar a que esté bien horneado para comérselo sin haber aportado al menos con el uslero.

Como lo ha demostrado la Roja, dominar el balón facilita controlar el juego y llevarse el triunfo. Pero hay que tener los intérpretes adecuados. Técnica por doquier y una ofensiva sorpresiva y fulminante, que acelere en los metros finales para horadar las barreras rivales y llegar al gol. Si no, como ocurrió el pasado fin de semana en nuestros pastos naturales y sintéticos, la manida posesión acaba en decepción.

En otras palabras: si los equipos que han apostado por quedarse con la pelotita quieren dejar alguna herencia al fútbol criollo han de arreglárselas para lograr prontamente la posesión efectiva.