Preguntas y respuestas de la «final del mundo»

En un partido que comenzó como pichanga y terminó con el dramatismo típico de los clásicos, el equipo de Núñez derrotó por 3-1 a Boca Juniors y se apoderó del trofeo más importante del continente.

¿Por qué el partido comenzó tan flojo?

Influyó en ese notorio nerviosismo inicial lo que sucedió desde que un tarado hincha de River acertó un botellazo los vidrios del bus que conducía a los jugadores xeneises a disputar en el estadio Monumental de Núñez la revancha del 2-2 producido en La Bombonera el 11 de noviembre. El caos que se desató esa tarde del 24 de noviembre en los vestuarios, la postergación del encuentro para el día siguiente y la posterior decisión de sacarlo de Argentina para disputarlo dos semanas después a 10 mil kilómetros de Buenos Aires crearon un ambiente de tensión difícil de sostener, aumentada por la porfía de Boca Juniors para que se le declarara ganador del duelo por secretaría.

Durante los primeros 40 minutos, la pichanga en el estadio Santiago Bernabeu estaba en pleno apogeo. Con los dientes apretados y la mente nublada los jugadores de River Plate y Boca Juniors se habían enfrascado en una lucha intensa, pero sin el menor asomo de luces futbolísticas. Y, dada la categoría del escenario y haciendo la comparación con los duelos de Real Madrid con Barcelona, llegaba a dar vergüenza. Los dos mejores equipos de América, finalistas de la Copa Libertadores, estaban dando un espectáculo lamentable.

¿Por qué cambió?

La mutación en el trámite y en el nivel de juego se produjo con el gol de Boca, en la primera jugada de mérito en el partido: Darío Benedetto recibió en carrera un pase en profundidad, esquivó elegantemente al zaguero que lo marcaba y definió con frialdad al enfrentar al indefenso arquero Franco Armani.

A partir de ahí el asunto se transformó, para bien de los que lo veían en el recinto, los que seguían a las acciones en sus televisores en todo el mundo y -paradójicamente- para River.

¿Por qué mejoró River?

Boca se fue al descanso con una ventaja mínima. Ya en vestuarios, Matías Biscay, ayudante del suspendido entrenador de los millonarios (Marcelo Gallardo), supo leer mejor el partido que Guillermo Barros Schelotto, el estratego de Boca.

Hubo otra intención en el juego de River Plate, que en el primer tiempo no logró urdir jugadas con más de tres pases sucesivos. Pero hubo dos factores que provocaron el vuelco: el ingreso del colombiano Juan Quintero para mejorar a River y la salida del goleador Benedetto para achicar a Boca.

Quintero se instaló por el sector derecho del mediocampo y organizó el juego al más puro estilo del inolvidable Carlos Valderrama. Al principio, pasecitos cortos para asegurar la tenencia de balón. Y, conseguido eso, entregas punzantes, verdaderas puñaladas para la defensa auriazul.

Al otro lado, el ingreso de Ramón Ábila sólo sirvió para que se añorara al reemplazado.

¿Por qué Boca reaccionó así?

La reacción xeneise se produjo, pero cuando ya era muy tarde y cuando mandaba el corazón más que las piernas.

El 2-1 asomó a poco de iniciarse el segundo tiempo suplementario, cuando Boca Juniors ya flaqueaba por el esfuerzo desplegado, especialmente después de la expulsión de Wilmar Barros, a los 92’. Con varios de sus jugadores acalambrados, la resistencia llegó a ser heroica, pero infructuosa.

En desventaja, los boquenses quemaron las naves. Y mucho antes de que se acercara el pitazo final su arquero se instaló como atacante central, dejando todo el campo libre para el contraataque de River. Los últimos seis minutos fueron dramáticos, porque el arquero del cuadro millonario vivió situaciones apremiantes en los numerosos tiros libres y de esquina que se procuró el ataque de Boca Juniors, a pesar de que jugaba con nueve por lesión de Fernando Gago.

River colocó la última cifra dentro de ese contexto. Boca asumió riesgos y perdió.

Corolario

Se definió así, de manera insólita por el escenario y dramática por el desenlace, la Copa Libertadores de América. Será la última vez que se dispute con partidos de ida y vuelta. El estreno será el próximo año con el Estadio Nacional como sede única. Los verdaderos aficionados al fútbol esperan también que sea la última vez que se produzcan los excesos, las vergüenzas y los arreglines de la última final tradicional.