Preocupante decaimiento del nivel de la Roja: los “Perros Salvajes” están mansitos

La sobresaliente actuación del seleccionado nacional en la Copa Centenario está lejos de ser imitada en las Clasificatorias para Rusia 2018. La pobrísima cosecha conseguida frente a dos equipos tan asequibles como Paraguay y Bolivia provoca justificadas dudas sobre el rendimiento futuro y plantea objeciones serias al trabajo de Juan Antonio Pizzi.

Hace tres meses, el 14 de junio de este año, la selección chilena de fútbol conseguía su objetivo básico en la Copa Centenario, disputada en Estados Unidos: clasificar para la segunda ronda. Una previsible derrota con Argentina (1-2), un apurado triunfo sobre Bolivia (2-1) y una cómoda victoria sobre Panamá (4-2) pusieron a Chile en camino hacia la hazaña. Y ésta se concretó con la mejor victoria obtenida por un equipo chileno en una justa internacional (7-0 a México), con un valioso triunfo sobre Colombia (2-0) y otra inolvidable definición por penales con Argentina (4-2) después de un empate sin goles.

En consecuencia, de nuevo campeones de América. En ese momento, candidatos no sólo a clasificar para el Mundial de Rusia, sino favoritos para llegar a las instancias finales. Y, otra vez, centro de atención para los expertos, que deseaban entender cómo se había producido el extraño fenómeno que había transformado en destaca- do protagonista a un eterno actor secundario.

Manada admirable

Los españoles fueron los más interesa- dos en develar el misterio de cómo lo hacía Chile para ganar a selecciones aparente- mente más poderosas. Ya se habían asustado en el Mundial de Sudáfrica, cuando tuvieron que hacer un pacto tácito para que hispanos y chilenos pudieran clasificar a la segunda ronda. También habían sufri- do en amistosos jugados en Europa, uno de los cuales lograron empatar después de estar con dos goles de desventaja. Y todo eso había culminado con el mazazo que les significó caer por 0-2 en el Mundial de Brasil, resultado que los dejó eliminados en primera ronda, sin posibilidades de defender el título conseguido en la Copa del Mundo anterior.

En un documental titulado “Perros Salvajes”, estudiosos del fútbol sintetizaron los movimientos de los jugadores chilenos, especialmente en el duelo con Argentina. Les interesaba sobremanera determinar cómo estos modestos sudamericanos habían logrado algo que para sus mejores equipos de liga era imposible: anular a Lionel Messi. Encontraron las explicaciones. Y le pusieron voz:

“El perro cazador africano es un depredador duro y ágil. Pero una manada de perros cazadores es una fuerza singular de la naturaleza. Cazan en equipo con estrategia y lealtad. Para entender cómo un conjunto de canes se convierte en una unidad depredadora de élite, estudiaremos el campo de batalla, seccionaremos sus movimientos y desvelaremos cómo el arte de la caza sólo es posible viviendo en manada”.

Las imágenes resultaron impactantes y reveladoras. Muestran cómo actuaban en manada para rodear a Messi, para anular al Kun Agüero, para minimizar a Gonzalo Higuaín o para aislar a Angel Di María. Y así actuaban con todos los rivales que encontraron en Estados Unidos desde la segunda fase en adelante.

De esa forma, estos “perros salvajes” vestidos de rojo apabullaron a México sin permitirle desarrollar su juego habitual, superó sin angustias a Colombia y supo contrarrestar a la indiscutida capacidad técnica, anímica y física de Argentina.

Los movimientos sincronizados de los chilenos para recuperar el balón trasladado por magos de la tenencia resultan admira- bles. El esfuerzo común demostrado por todos para desbaratar situaciones de ex- tremo peligro es una oda a la solidaridad. El sentido de la anticipación para adivinar jugadas lógicas y geniales despierta ganas de aplaudir en la soledad del computador. Todos esos aspectos fueron observados en los partidos de la Copa Centenario, pero la emoción del juego y la incógnita del resultado impedían disfrutarlos. Ahora están ahí (YouTube, Selección Chilena / Perros Salvajes) para deleite y enseñanza de los que gustan del buen fútbol.

El problema es que todo cambió de la noche a la mañana, y la manada parece estar durmiendo.

Junto a los peores

Descuidados ante Paraguay en Asunción y confundidos frente a Bolivia en el Monumental de Santiago, los “perros salvajes” ladraron pero no mordieron. Con un punto conseguido, sobre seis disputados, la Roja perdió una oportunidad preciosa de entreverarse con los mejores y ubicarse de nuevo como candidato de primer orden.

Y empieza a surgir la duda: ¿Cuál es la selección de Pizzi: la que deslumbró en la recta final del torneo en Estados Unidos o la que decepcionó en todos los encuentros restantes?

El balance del entrenador argentino está lejos de ser el ideal. La con- quista de la Copa Centenario le deja un buen saldo en su cuenta de credibilidad, pero esos fondos no son inagotables. Sobre todo, si se esfuman con mucha rapidez.

En la comparación de rendimientos, considerando desde 1980 en adelante, el seleccionador nacional (40% en el recuento total) está a la misma altura que Pedro Morales (41,27%) y Juvenal Olmos (40%), y sólo supera a Pedro García (27,8%). Si consideramos los partidos oficiales, su rendimiento sube a 46,16%.

Si sacamos la Copa Centenario, el rendimiento de Pizzi es miserable. No llega al 20%. Por clasificatorias, ganó un partido (a Venezuela), empató otro (con Bolivia) y perdió dos (con Argentina y Paraguay). Los amistosos los perdió: ante Jamaica en Viña del Mar y ante México en San Diego, California.

Lo más preocupante es el rendimiento como local: considerando todas las instancias, exhibe un 11%, producto de una igualdad y dos derrotas.

Los aciertos de Pizzi hay que buscarlos en la Copa Centenario, y no sólo por los resultados. Sorprendió con la nominación de dos jugadores que no habrían pasado por la mente ni por la libreta de ningún otro entrenador: Edson Puch y José Pedro Fuenzalida. Y ambos le respondieron a cabalidad, convirtiéndose en valiosos complementos para el equipo estelar. Después, en las Clasificatorias, bajó el rendimiento general, y ellos demostraron que no están en condiciones de transformarse en salvadores.

Se le culpó en un momento por entregarle a Cristopher Toselli la responsabi- lidad de suplir a Claudio Bravo en el arco en ausencia de Johnny Herrera. Pero no era una aberración. Aunque el arquero de la UC haya tenido cierta responsabilidad en los goles frente a Paraguay, era el que tenía mejores antecedentes para ocupar el puesto por ser el habitual tercer arquero, porque Miguel Pinto tiene menos estatura y porque Paulo Garcés es muy irregular.

Manito blanda

El aspecto criticable en su gestión parece ser la mano blanda. Bajo su mandato, renacieron las indisciplinas futboleras de Gary Medel y Arturo Vidal. Ese aspecto, que fue tan decisivo para la marginación de Claudio Borghi, parecía corregido y desterrado durante el mando de Marcelo Bielsa y Jorge Sampaoli. Dedicados a jugar, am- bos son los líderes positivos de la mana- da, por lo que juegan y por lo que influyen. Dedicados a reclamar o a pelearse con sus adversarios, son elementos nefastos para el equipo.

Vidal se salvó de la expulsión en Paraguay y Medel espera una sanción drástica por sus insultos al árbitro. No se sabe si Pizzi le llamó la atención al volante del Bayern Munich ni qué hará con el rebelde del Inter milanés. Lo seguro es que, con sus antecesores, esas situaciones no habrían ocurrido.

Tampoco está muy clara su forma de trabajo. Bielsa y Sampaoli fueron obsesivos en perfeccionar movimientos, ensayar jugadas y aprovechar el tiempo. No esquivaban la proyección de videos con los partidos de sus rivales y a cada jugador se le enviaba imágenes que reflejaban las características de los jugadores que enfrentarían más directamente.

En este proceso, abundan las tardes libres y los entrenamientos suaves. Nada que extrañar, entonces, si a los “perros salvajes” se les acabó la fiereza y la manada duerme mansita.

Este análisis también los puedes leer en la última edición del periódico Cambio 21.