Pruebas nucleares francesas aumentan cáncer en polinesios

Población expuesta a la lluvia radiactiva de las pruebas nucleares realizadas por Francia en el Pacífico Sur tienen un riesgo mayor de desarrollar cáncer de tiroides.

Por EL ÁGORA / Foto: ARCHIVO

Según concluyó un estudio que utilizó por primera vez datos militares desclasificados, los habitantes polinesios expuestos a la lluvia radiactiva de las pruebas nucleares realizadas por Francia en el Pacífico Sur tienen un riesgo mayor de desarrollar cáncer de tiroides.

Francia llevó a cabo 41 pruebas de armas nucleares atmosféricas en el Atolón de Mururoa entre 1966 y 1975, exponiendo a los residentes a una lluvia radiactiva que ha sido fuente de fricciones duraderas entre París y los residentes del archipiélago del Pacífico.

Francia ocultó los niveles de radioactividad a los que estuvo expuesta la Polinesia Francesa durante las pruebas nucleares. Según los nuevos datos, “casi la totalidad de la población” del territorio de ultramar resultó contagiada.

El sitio de investigación en línea Disclose analizó durante dos años unas dos mil páginas de documentos militares franceses desclasificados en 2013 por el Ministerio de Defensa sobre las pruebas nucleares en el archipiélago.

La investigación resultó posible gracias a la cooperación con la empresa británica de modelización y documentación Interprt, así como con el programa de Ciencia y Seguridad Global de la Universidad de Princeton, Estados Unidos.

El estudio, publicado en la revista JAMA Network Open, utilizó modelos de riesgo para estimar que las pruebas nucleares se asociaron a entre el 0,6 y el 7,7 por ciento de los cánceres de tiroides en la Polinesia Francesa.

“Ésta es la proporción de cáncer de tiroides atribuible a las pruebas entre todos los casos de cáncer de tiroides que se han desarrollado o se desarrollarán en las personas presentes en el momento de las pruebas, en todas las islas combinadas”, dijo Florent de Vathaire, autor principal del estudio.

El impacto de las pruebas nucleares fue “débil, pero en absoluto inexistente”, afirmó De Vathaire, experto en radiación del instituto francés de investigación médica Inserm.

El estudio comparó a 395 personas diagnosticadas de cáncer de tiroides entre 1984 y 2016 en la Polinesia Francesa con un grupo de control de 555 personas de la población general.

Se trataba de una actualización de una investigación anterior que el mismo equipo había publicado en 2010.

“Éste es el primer estudio que utiliza informes confidenciales del ejército desclasificados en 2013”, dijo de Vathaire.

Utilizando los documentos, datos meteorológicos y entrevistas con los pacientes de cáncer, los investigadores simularon la nube radiactiva producida por cada prueba nuclear, y estimaron la dosis de radiación recibida en la tiroides de cada participante.

La dosis media de radiación para cada persona fue de casi cinco miligrays (unidad estándar de absorción de radiación), cantidad cinco veces mayor al nivel que da derecho a indemnización.

Los científicos no hallaron “ninguna relación significativa” entre la dosis de radiación y el riesgo de cáncer de tiroides, según informó el Inserm. Pero la relación se consideró significativa si el análisis sólo incluía el cáncer invasivo que requería tratamiento.

Francia trasladó sus pruebas nucleares al subsuelo en 1975, pero siguió realizando explosiones en el Pacífico hasta 1996. A lo largo de tres décadas, Francia llevó a cabo casi 200 pruebas.