¿Qué es lo que realmente nos hace bailar?

Según un estudio publicado en la revista Current Biology, la gente baila un 12% más cuando se tocan bajos de muy baja frecuencia.

Por ANDRÉS ALBURQUERQUE / Foto: ARCHIVO

No es el ritmo ni la melodía. Ni siquiera canciones asociadas a un estado mental o emocional, y mucho menos la cadencia de “I Feel Love” o “Despacito”. Ni siquiera de “El Galeón Español”. Lo que realmente importa es cómo se sienten los bajos.

Un estudio publicado en la revista Current Biology reveló que la gente baila un 12% más cuando suenan bajos de muy baja frecuencia.

Científicos del LIVElab de la Universidad McMaster de Ontario, Canadá, querían ver qué ingredientes musicales hacen que nos paremos a bailar.

“Nos fijamos en cosas como qué tipos de ritmos atraen más a la gente a ese ritmo constante con el que nos movemos, y qué tipos de ritmos interesantes, sincopados y complejos hacen que nos sintamos realmente atraídos y queramos movernos más”, dijo Daniel Cameron, neurocientífico y autor principal del estudio.

El laboratorio para este experimento no era el clásico de luces fluorescentes, batas blancas y gafas. En su lugar, el espacio del LIVElab se convirtió en un concierto de música electrónica de baile, y el dúo de EDM Orphx actuó en directo para los voluntarios adornados con diademas que tenían un sensor de captura de movimiento.

El laboratorio estaba equipado con altavoces especiales que pueden reproducir unos graves de muy baja frecuencia, indetectables para el oído humano. Los investigadores introdujeron esos graves cada 2,5 minutos y comprobaron que los asistentes al concierto se movían más cuando los altavoces estaban encendidos, aunque no pudieran oírlos.

Cameron afirma que nuestro sistema vestibular puede ayudar a explicar el motivo: “Se trata de las estructuras internas del oído que nos dan la sensación de dónde está nuestra cabeza en el espacio. Ese sistema es sensible a la estimulación de baja frecuencia, especialmente si es fuerte. Además, sabemos que nuestro sentido del tacto también es sensible al sonido de baja frecuencia”, explica.

Así que esa sensación que tienes en un concierto cuando estás al lado de un parlante y puedes sentirlo temblar en tu pecho es la estimulación táctil del sonido cuando está fuerte.

“Y eso está alimentando nuestro sistema motor en el cerebro, el sistema de control del movimiento en nuestro cerebro. Así que está añadiendo un poco de ganancia. Es dar un poco más de energía, de esa estimulación a través de esos sistemas”, concluyó Cameron.