¡Qué falta nos hacen muchos más Coliqueo…!

Orgulloso de su origen mapuche, Jean Beausejour vistió frente a los centroamericanos el dorsal con el apellido de su abuelo y de su madre. Justo homenaje a una etnia que, en lugar de enorgullecernos, pareciera avergonzarnos. No sólo eso: frente a la sordera de la ANFP, organizó en el círculo central un minuto de silencio con los jugadores de la Roja y de Honduras que, para los medios de comunicación del mundo, dejó en un segundo plano el partido mismo.

Le bastó un solo tiempo frente a Honduras para dejar en claro que, más allá de su recorrido y de sus años, sigue siendo el mejor lateral izquierdo del fútbol chileno y, por obvias conclusiones, de la Roja. Más allá de un error puntual, que le valió ganarse la amarilla, Beausejour Coliqueo demostró que, estando bien físicamente, está un par de escalones por sobre Mena, Parot, Vegas y Opazo, las otras cartas que ha probado Rueda en la posición durante estos meses de proceso “renovador”.

No fue eso, sin embargo, la noche del martes,lo más destacado de este jugador que, nacido futbolísticamente en Universidad Católica, en su recorrido por canchas nacionales y del mundo ha dejado tras él una impronta de buen futbolista pero, por sobre todo, la de una persona valiosa, que rompe moldes y estereotipos.

La del hombre que, en medio de un ambiente siempre fatuo, y generalmente vacuo, es capaz de elevarse intelectualmente por sobre los demás. Para decirlo pronto, Jean Beausejour piensa muy diferente al resto de sus colegas, que en realidad piensan muy poco, y desechando pudores y temores no teme dar a conocer opiniones que para muchos idiotas hasta pueden parecer “fuera de lugar”.

Son aquellos zopencos que viven diciendo que no hay que mezclar deporte con política. Que se espantan de que alguna excepción -como Beausejour-, pueda tener meridianamente claro que falacias tan gigantescas, y repetidas hasta el cansancio por aquellos que curiosamente han tenido siempre la sartén por el mango, sigan siendo dócilmente aceptadas y repetidas como loros por los funcionales a un sistema tan injusto como perverso.

Beausejour juega, pero también piensa. Para él, ser futbolista no lo inhibe en su condición de ser humano y de ciudadano. Y cuando piensa, no teme decirlo, por más que a la manada de borregos que componen mayoritariamenteesa masa ignara que algunos pocos denominan pueblo, y otros asépticamente “la gente”, algo así les parezca inusitado y fuera de tono.

Hasta de mal gusto, dirán los políticamente “menos contaminados”.

No es primera vez, sin embargo, que Beausejour por parte de padre, y Coliqueo por parte de madre, y a mucha honra, les demuestra al país y al periodismo que está por sobre la media. Que, más que el tatuaje canero, que el último modelo de Audi o el celular de última generación, a él, al contrario de la inmensa mayoría de sus compañeros, le preocupan cosas mucho más importantes y trascendentes.

Como el conflicto mapuche, por ejemplo.

En cuanto supo que la Roja jugaría en Temuco el segundo partido de esta última fecha FIFA del año, decidió -como él mismo lo dijo- rendirle un merecido homenaje a su abuelo y a su madre, pertenecientes ambos a esa etnia que, en lugar de enorgullecernos, pareciera avergonzarnos.

Pidió imprimir, entonces, en su camiseta, el Coliqueo que, al menos por esta vez, dejaría en segundo plano ese Beausejour con que lo conocieron siempre las canchas del mundo. Entonces no lo supo, pero la histórica represión de los distintos gobiernos que ha tenido este país en contradel pueblo mapuche, se cobró en los días previos una nueva víctima, dando paso a la hipocresía habitual de aquellos que por generaciones han tenido las manos manchadas de sangre.

Su gesto -lo supo Jean en cuanto se enteró de la muerte de Camilo Catrillanca- no pasaría inadvertido. Que, así como habría quienes valoraran su gesto, se conmovieran y lo apoyaran, también habría quienes lo criticaran. Después de todo, si los imbéciles volaran pasaría nublado, y nadie va a ser tan ingenuo para creer que ese paco rasca que tuiteó “uno menos” tras el asesinato del comunero era un personaje aislado dentro una sociedad tan insensible como arribista.

De seguro, Beausejour Coliqueo hubiese querido que, en honor y respeto a ese pueblo ensalzado hasta el paroxismo por Alonso de Ercilla, en “La Araucana”, la ANFP hubiese tenido la humanidad y el criterio de ordenar un minuto de silencio en recuerdo a Catrillanca; pero como también era previsible que los dirigentes del organismo lo descartaran, por la clase de personas que dirigen el fútbol chileno, antes de comenzar el encuentro frente al representativo hondureño Jean mostró de qué madera está hecho alreunir en el círculo central a los jugadores de ambos equipos para cumplir con ese rito que, por lo demás, nunca ha provocado ningún estallido de violencia.

El gesto liderado por Beausejour, y apoyado respetuosamente por los jugadores de la Roja y los hondureños, alcanzó repercusión mundial. Más que referirse a un partido de peso veinte, los medios de comunicación del mundo pusieron el foco en esa sencilla ceremonia que, entre otras cosas, servía para rendir homenaje a una víctima inocente de la ancestral barbarie gubernamental hacia una etnia que, en lugar se ser respetada y reverenciada, ha sido históricamente despojada de sus tierras, humillada por el poder y exterminada a sangre y fuego.

A estas alturas, de verdad, ya estamos hartos de “pacificadores de la Araucanía” que, para proteger y favorecer a las forestales y a los hacendados ricos de la zona, exterminan impunemente mapuches y luego derraman en La Moneda lágrimas de cocodrilo.

Nuestro reconocimiento y nuestros respetos para Jean Beausejour Coliqueo.

Porque pertenece a esa rara estirpe de jugadores de fútbol que, en lugar de ser cómplices del poder, con todo lo que ello significa en bienestar y vida muelle, han alzado la voz para ponerse de lado de aquellos que no tienen voz y que, precisamente por eso, son objeto de todo tipo de violencias y de abusos.

Beausejour, a nuestro parecer, ha entrado por la puerta grande a esareducida elite de cracks que, desafiando al “establishment” de sus respectivos países y sociedades, hasta pusieron en riesgo sus carreras, y por ende su futuro, con tal de ser consecuentesy saludablemente rebeldes.

Como Muhammad Alí, como el alemán Paul Breitner, como el francés Eric Cantona, como el brasileño doctor Sócrates…
Como nuestro chileno Carlos Caszely, reconocido mundialmente tanto por sus goles como por oponerse desde siempre -y no temer decirlo- a una dictadura tan rasca como desalmada, ladrona y cobarde.

Unapena, en todo caso, que Jean Beausejor constituya toda una excepción en los tiempos que corren. Nada sería más reconfortante que nuestro fútbol, y nuestra sociedad, tuviera muchos más como él, capaces de sustraerse de un medio que, como el fútbol, constituye un mundo de bilz y pap.

Un medio donde campean el hedonismo y la estupidez y cuyos protagonistas -mayoritariamente- sólo se dan cuenta cuando ya la juventud los abandonó y no hay nadie quien recuerde sus viejas hazañas corriendo tras una pelota.
La noche del 4 de julio de 2015, con Chile consagrándose por primera vez en su historia campeón de América, tras derrotar a Argentina mediante lanzamientos penales, entre todos los jugadores grandes que tuvimos para poder celebrar esa noche, Beausejour fue el más grande de todos.

Dijo, en medio de la comprensible algarabía que se diseminaba portodo el territorio nacional: “Es lindo haber alcanzado este logro. Por la alegría que muestra la gente. Para mí, sin embargo, este título tiene el inmenso mérito de haber hecho feliz a un país en un estadio que, en un momento trágico de nuestra historia, fue escenario de tanto espanto y tanto dolor”.

¡Grande, Jean…!