Que las AFPs ganen seguido y que los trabajadores pierdan siempre, no alcanzó ni para “escandalito”

Que la “industria” haya aumentado sus ganancias en un 77% entre enero y marzo de este año, mientras sigue entregando pensiones cada vez más miserables, en cualquier país normal y decente del mundo habría provocado cuando menos multitudinarias marchas de protesta. Pero estamos en Chile, donde repelen los robos de los pelafustanes, mientras que aquellos que están instituidos pasan casi colados.

Por EDUARDO BRUNA / Foto: ARCHIVO

No fue un escándalo. Fue apenas un escandalito. Ni siquiera similar a cuando una banda de delincuentes asalta un banco y los medios hacen gárgaras acerca de la inseguridad en que vivimos. No. La noticia de que la AFPs obtuvieron entre enero y marzo ganancias por casi 140 millones de dólares, pero siguen entregando pensiones miserables mientras los llamados multifondos son como los equipos malos, que pierden y pierden, fue noticia destacada, pero manejada de forma genial por esa prensa que tiene décadas de conocimientos y de astucia para meternos el dedo en la boca cuando se le da la gana.

Buscaron las razones para explicar esta inmensa paradoja. Y, por supuesto, les sobraron los “expertos”, es decir, economistas proclives a una economía liberal y de mercado que, sin que se les moviera ni un solo músculo de la cara expresaron, como un bien afiatado coro, que “lo que pasa es que, como la gente vio incrementadas sus remuneraciones, las AFPs también vieron incrementado el dinero que les cobran a sus afiliados por concepto de comisiones”.

Listo. Explicación lógica, que termina de golpe con el escándalo que pretendían armar los inconformistas de siempre. Y aunque a esos inconformistas el argumento no les hizo mucho sentido, los medios de prensa, comprometidos con este sistema, dejaron el tema hasta allí, sencillamente porque, aparte de que quieren mantenerlo como sea, era del todo conveniente darlo por zanjado en vísperas de elecciones.

Y es que, por muy “cocinado” que esté todo, desde el momento que los partidos agarraron la sartén por el mango para conducir ellos este proceso Constitucional de sainete, nunca estará de más adoptar ciertas precauciones. No vaya a ser cosa que el populacho se avispe y empiece a cuestionarse cosas que tan bien han funcionado…, para unos pocos.

Como las sacrosantas AFPs, inventadas por el maquiavélico José Piñera para jugar a la ruleta rusa con las inversiones de las empresas del Estado que pronto iban a ser escamoteadas, y con los ahorros de los trabajadores que, en plena dictadura y sin ninguna otra opción, contribuirían a consolidar un gigantesco fondo al cual los empresarios podrían acudir para obtener dinero fresco y a bajo costo.

Las AFPs jamás fueron concebidas como un sistema de seguridad social. La sinvergüenzura fue tan enorme y evidente que, en cuanto comenzaron a producirse las primeras generaciones de jubilados con el nuevo sistema, los viejos pudieron percatarse de que todas las maravillas que les habían contado eran sólo una sarta de mentiras. Comenzando por aquella de que sus pensiones serían de lo más parecidas al último sueldo que habían tenido como trabajadores activos.

Los titulares de los diarios de la época, proclives y además censurados por la dictadura, traían la novedad a ocho columnas.

Otros países, sin una dictadura que los engañara u obligara, rechazaron de plano adoptar este “genial” sistema. José Piñera intentó vender su invento a muchos gobiernos del mundo, que le dieron con la puerta en la nariz y algunos ni siquiera quisieron recibirlo. Ni los propios milicos nuestros le compraron la pomada. Optaron por seguir con su sistema previsional de siempre y se apuntaron un pleno. Podían ser una tropa de serviles de los poderosos y unos yanaconas, pero nunca un hato de bobos.

El sistema, es evidente, ha sido un rotundo fracaso. Para los trabajadores que deben pensionarse, claro, porque en lo que respecta a los dueños de la “industria” la vienen cortando con cincel desde que, a comienzos de los 80 del siglo pasado, salió a la luz este engendro, único en el mundo.

En un 77% más que en el primer cuarto de 2022 han visto las AFPs incrementadas sus ganancias durante los tres primeros meses de este año, siendo la AFP Habitat la que lleva la delantera, con utilidades por sobre los US$ 33 millones, seguida muy de cerca por Provida.

¿Cómo les ha ido, por contraste, a los trabajadores? Mal, fíjese usted, a pesar del idílico panorama de aquellos que les administran las platas. Culpa de la “incertidumbre”, dicen. Pero no se refieren a la incertidumbre de los mercados locales. Con tal de encontrarle la quinta pata al gato aclaran que se trata de una “incertidumbre global”. En otras palabras, que bancos gringos y europeos estén a medio morir saltando, afecta los fondos de los trabajadores. Y, en una de esas, también la guerra entre rusos y ucranianos. O la fastuosa coronación del zopenco Carlos III, de Inglaterra, a producirse este sábado y que tiene por completo embobado al mundo que habitan los idiotas.

Lo curioso es que esa incertidumbre nunca afecta a la “industria”, que gana igual sin importar para dónde soplan los vientos. Es, además, una incertidumbre bien especial, porque con un panorama mundial distinto al actual, tiempo atrás hubo trabajadores que de sopetón perdieron millones de sus fondos, mientras los propietarios de las AFPs se daban la vida del oso.

Por eso, entre otras cosas, en el Parlamento hay tan poco interés en cambiar cosas que, definitivamente, no funcionan y ni siquiera tienen visos de funcionar alguna vez. Es más bien al revés. Los políticos de la derecha, e incluso algunos que dicen ser distintos, no están para nada convencidos de que este sistema deba recibir la extremaunción, por abusivo y bueno para nada que hasta el hartazgo ha demostrado ser. Por el contrario: ante la perspectiva de que mediante una reforma previsional cada cuenta reciba un 6% extra, gracias a aportes igualitarios de los patrones y el Estado, pretenden que ese monto vaya en su totalidad a la cuenta de cada cotizante, lo que entra en colisión con la reforma del gobierno, que plantea que una parte de esa suma, o su totalidad, vaya a un fondo común, que permita mejorar hoy las pensiones, y no dentro de 40 años.

Respaldados en el individualismo salvaje que impera en nuestra sociedad actual, a los parlamentarios de derecha no les interesa tanto que las pensiones suban, o dejen de ser al menos tan miserables como lo son hoy. Lo que quieren es que la “industria”, con uno que otro cambio cosmético, perdure en el tiempo. Y, para ello, esgrimen los argumentos de siempre: que son las personas las que deben elegir quién les administrará de mejor forma sus ahorros, pero como para ellos el Estado es un pésimo administrador, el apoyo para que sigan las AFPs resulta tan tácito como obvio.

Por ello, el verdadero escándalo que significa que las AFPs se sigan llenando los bolsillos, mientras los jubilados pierden por todos lados, fue abordado como una noticia más, que copó la agenda noticiosa por algunas horas sólo porque algo de esa magnitud no podía ocultarse. Pero en cualquier país normal y decente del mundo el hecho habría traído una cola mucho más larga que el minúsculo rabo que aquí trajo.

Con marchas, protestas y hasta barricadas.

Para nuestros medios de prensa actuales, que forman parte del sistema porque sus dueños defienden con uñas y dientes sus privilegios, más importante que el monto de un robo es quién comete ese latrocinio. En otras palabras, es inaceptable que un grupo de pelafustanes asalte un banco, una empresa o un comercio, pero no hay para qué hacer tanta alharaca cuando los que roban o estafan son amigos y conocidos míos.