Racismo, discriminación y otras tantas que somos

La tarjeta roja que el árbitro Nicolás Millas se atrevió a mostrar sin que mediara explicación es un símbolo. Nadie, en la condición que sea ni por la intención que sea, debe dejar de ser castigado fuertemente por agraviar.

Por SERGIO GILBERT J./ Foto: NICOLAS KLEIN/PHOTOSPORT

El lunes de esta semana se disputaba un partido más de la tercera fecha de Primera B. Puerto Montt y San Luis se enfrentaban en un duro encuentro en el estadio Chinquihue cuando de repente el árbitro Nicolás Millas, sin razón explicable, se dirigió a la banca del equipo sureño y le mostró tarjeta roja al jugador Diego Subiabre. 

¿Qué había pasado? Lo relató con lujo de detalles el propio juez Millas en su informe post partido. “Expulsados, Deportes Puerto Montt: Nº 19 Sr. Diego Subiabre S, por emplear lenguaje ofensivo y humillante. Cuando el balón estaba detenido, entra al terreno de juego y le grita a viva voz a un adversario, ´párate negro culiao´. Hecho informado por el cuarto árbitro el Sr. Franco Jiménez”, rezaba textual el documento escrito por Millas.

El Tribunal de Disciplina de la ANFP, en su sesión del martes, resolvió aplicarle una fecha de suspensión a Subiabre de manera provisoria mientras se reunen los antecedentes y el implicado, por cierto, presenta su defensa.

Subiabre y el abogado del club, sin duda, alegarán que el destemplado grito no tiene relación alguna con algún sentimiento racista de parte del futbolista. Incluso podrán exhibir como prueba las declaraciones del propio jugador rival que fue objeto de la grosera expresión: Víctor Campos. Éste, en TNT Sports, señaló que «los árbitros no pueden saber quiénes son amigos. Diego cometió un error al gritar eso, él lo tiene claro y me lo hizo saber. Independiente que seamos amigos, para afuera debe existir un respeto. A mí me interesa recalcar que Diego no es una persona racista”, dijo.

No obstante ello, que se querrá imponer como argumento también que en Chile se dice “cariñosamente” “negro” a los que no tienen la tez blanca y los ojos azules, “guatón” a los que tienen sobrepeso, “indio” a los que no son de cierta clase social, y “niñita” a los que no resuelven sus conflictos a los combos, lo cierto es que no solo es un deber sino que una necesidad que Subiabre reciba un castigo ejemplar y se quede varios partidos fuera de toda convocatoria.

Y es que ya es hora de tomar el toro por las astas y dejarnos de apoyar solo con eslogans y cartas de buenas intenciones toda la sarta de discriminaciones a los cuales estamos tan habituados los chilenos.

Hemos llegado a la conclusión -quizás porque nos han dirigido hacia eso- que todo aquel que es diferente no solo no está a la altura de mi consideración, sino que también tenemos el “derecho” a humillarlo, a denostarlo, a provocarle un menoscabo incluso de manera pública y notoria.

Claro, no es que David Subiabre y el fútbol deban asumir los costos de esa miseria cultural. Pero sí es imperativo que se den señales concretas de que ya se debe parar este flagelo que solo nos ha minimizado como sociedad.

La raza, el género, la etnia, la condición sexual, la educación o la clase social no deben ser objeto de burla ni de chiste fácil porque la suma de ellos se convierte rápidamente en discurso de odio.

La tarjeta roja que el árbitro Nicolás Millas se atrevió a mostrar sin que mediara explicación es un símbolo. Nadie, en la condición que sea ni por la intención que sea, debe dejar de ser castigado fuertemente por agraviar.Seamos un poco más dignos como sociedad.