Red Hot Chili Peppers: sonidos vintage

La banda proveniente de Los Ángeles concluyó la noche del martes su nueva gira al país con dos shows en el Movistar Arena con localidades totalmente vendidas. Y es tanto el éxito en vivo de los californianos en Chile, que desde 1999 generan fervor entre todos sus seguidores. Ésta es una crónica de su primera visita.

Por RODRIGO CABRILLANA / Foto: ARCHIVO

Corría mediados de 1999 y el anuncio de la primera venida de Red Hot Chili Peppers a Santiago, auspiciados por una cerveza, revolucionó completamente los medios de comunicación. Entradas agotadas en tiempo récord, las programaciones radiales saturadas de canciones de la banda de Anthony Kiedis y, entre medio, la ansiedad de miles de seguidores locales que estaban esperando a la banda por años, tras una visita a Sudamérica a inicios de los ’90 y que no pasó por Chile.

De hecho, era la época de promoción de “Californication” su séptimo álbum de estudio, había regresado igualmente el guitarrista John Frusciante a la banda después de algunos años, los Peppers venían también de una exitosa y controversial presentación en Woodstock que había sido transmitida a todo el mundo, y los singles de su nuevo disco rotaban frecuentemente en la señal de MTV. El éxito era desbordante, por lo mismo las expectativas para los conciertos en el país no eran menores.

Los shows fueron programados para el 2 y 3 de octubre en el Centro Cultural Estación Mapocho, y a la actuación de los californianos se sumaría Puya, banda sensación de esos años, de estilo hard rock y proveniente de Puerto Rico. “Metalera” le llamarían algunos, pero tenían un fondo más bien rockero, ya que entremezclaban influencias de músicos clásicos como Santana con ritmos caribeños y el legado de la salsa de Tito Puente. Su hit era “Oasis”, canción que también era promovida fuertemente por los canales que difundían música.

Sin embargo, el lugar escogido para los dos conciertos de los Peppers en Chile no gozaba de buena fama, por los problemas constantes de acústica que acusaba el recinto. The Smashing Pumpkins había debutado también en la Estación Mapocho tan sólo un año antes, y la queja de los asistentes era precisamente esa.

Pero llegaron los días de los shows, y la Estación Mapocho se repletó. Recuerdo un domingo nublado, con gran afluencia en la entrada principal de fans de la banda, y los clásicos vendedores ambulantes con cintillos hechizos y otros souvenirs no oficiales de la gira. El ingreso no fue difícil sortearlo, pero una vez adentro, llegar a la reja, al costado del escenario principal fue una lucha de varios minutos.

La salida a escena de Puya fue demoledora para los que estábamos en las primeras filas. Los “portorros” arrasaron con su show entre la audiencia interpretando canciones de su álbum reciente: “Fundamental”. Cuando fue el turno de “Oasis”, la Estación Mapocho hirvió de rock. Era solamente el preludio del huracán Peppers que se avecinaba.

No pasarían demasiados minutos hasta que la introducción de “Around The World” indicaba que comenzaba el turno de nuestra esperada banda. La salida a escena fue muy alborotada, con Kiedis a torso desnudo, micrófono en mano y con el típico pelo rubio que lo caracterizaba en la época de “Californication”, Flea ciñendo el bajo con su falda tipo escocesa de color verde, Frusciante con indumentaria al estilo grunge, de camisa roja, totalmente desgreñado y haciendo sonar su guitarra con esos señeros riffs que siempre lo hicieron reconocido, y por supuesto, Chad Smith, con su clásica gorra con visera invertida transformándose en un animal de la batería.

Y si “Around The World” había sido el éxtasis inicial, “Give It Away” fue perturbadora. Ver a toda la seguidilla de fans saltando y coreando la canción al unísono, hacía jadear a más de uno. Un “compadre, ¿puedo ir a vacilar ahí más adelante?”-, me interrumpió sacudidamente en medio de este clásico tema del álbum “Blood Sugar Sex Magic”.

Era finales de los ’90, plena transición, pero existía aún una fracción del público asistente a este tipo de eventos que se mostraba todavía algo tímido. Lo tomé del brazo y empujé al espectador fuertemente para que se uniera al jolgorio colectivo musical, no había tiempo de indecisiones. Los temas pasaban rápidamente, uno tras otro, como si se tratara de una rocola automatizada repleta de canciones de los Peppers.

“Scar Tissue”, “Suck My Kiss” y el tema homónimo “Californication” siguen arrasando, pero no es hasta que llega “Under The Bridge”, que el concierto se detiene un poco en su algarabía para escuchar la clásica y lenta introducción de la guitarra de Frusciante, que en esa época había sido sampleada por el grupo británico All Saints, para su versión femenina de esta canción.

“Me & My Friends” le devuelve la cuota frenética al concierto, para pasar por “Sir Psycho Sexy” y terminar con una eléctrica versión del tema de The Jimi Hendrix Experience,” Fire”. Los Peppers en 75 minutos y sin casi hablar con el público, tocando en modo piloto automático se las rockearon todas y nos dejaron como una alpargata mojada a todos los que pasamos por ese concierto.

Anoche, martes 21 de noviembre, culminaron su sexta venida al país, con dos presentaciones agotadas en Movistar Arena, reinterpretando sus viejos éxitos, y entregando nuevas experiencias musicales a las generaciones más jóvenes que aún no se habían deleitado en directo con su leyenda.

Y es que no necesitan presentación, porque los fans de Red Hot Chili Peppers reconocen a leguas el sonido del funk, rock y otros estilos que se desprenden de las canciones de sus ya reconocidos álbumes.

No obstante, y curiosamente, esta reseña debió esperar un poco más de dos décadas para ser contada. Porque, obviamente 1999 era otro momento. No existían dispositivos para inmortalizar los distintos instantes musicales, tampoco los medios digitales estaban tan masificados para informarse sobre qué estaba sucediendo, ni hablar de redes sociales y menos de celulares con mensajería instantánea al estilo WhatsApp.

Los Peppers tocaron en Chile en la aún era analógica y los que estuvimos ahí solamente nos queda el recuerdo de lo potente que fueron esos shows.

Llego a casa, después de ver perder a la selección de Chile una vez más en los partidos de Clasificatorias, y al abrir el Instagram me encuentro con una de las historias de una amiga que estuvo en el show. Me da nostalgia y me pregunto, ¿por qué no fui? Pero bueno, mejor quedarse con la experiencia noventera. De esas donde ni te preocupabas de estar sacando el teléfono a mitad del show para dejar un registro. Solamente había que percibir la energía y la magia que te arrojaban las canciones.

El riff de “Around The World” aún perdura en mi memoria musical cuando termino de escribir esta reseña. Mi amiga me cuenta que no la tocaron. “Te perdiste ese gran momento”, pienso, sin escribirle de vuelta. Es el encanto de cada show, que los hace únicos.