Resuelven misterio de por qué algunos infectados no enferman de covid-19

Los llamados “superesquivadores” pueden contar con un as genético bajo la manga que les permite no tener síntomas.

Por EL ÁGORA / TWITTER

Un estudio dirigido por investigadores de la Universidad de California, Estados Unidos, sostiene que los “superesquivadores” (las personas que contraen covid-19, pero no desarrollan síntomas) tienen más del doble de probabilidades de ser portadores de una variación genética específica que les ayuda a eliminar el virus.

El trabajo publicado en la revista Nature ofrece la primera prueba de que existe una base genética para el SARS-CoV-2 asintomático.

El secreto está en el antígeno leucocitario humano (HLA) o marcadores proteínicos que señalan al sistema inmunitario. Una mutación en uno de los genes que codifican el HLA parece ayudar a las células T que eliminan el virus a identificar el SARS-CoV-2 y lanzar un ataque luminoso.

Las células T de algunas personas portadoras de esta variante pueden identificar el nuevo coronavirus, aunque nunca se hayan topado con él, gracias a su parecido con los virus del resfriado estacional que ya conocen.

“Disponer de un ejército capaz de reconocer pronto al enemigo es una gran ventaja. Es como tener soldados preparados para la batalla, que ya saben qué buscar y quiénes son los malos”, explica la investigadora principal del estudio, Jill Hollenbach.

Los investigadores sospecharon desde el principio que el HLA estaba implicado y, afortunadamente, existía un registro nacional que contenía los datos que buscaban. El Programa Nacional de Donantes de Médula Ósea/Be The Match, el mayor registro de donantes voluntarios con HLA de Estados Unidos, empareja donantes con personas que necesitan trasplantes de médula ósea.

Pero aún necesitaban saber cómo se comportaban los donantes frente a covid-19. Así que recurrieron a una aplicación móvil desarrollada en la UCSF, denominada Covid-19 Citizen Science Study. Reclutaron a casi 30 mil personas que también estaban en el registro de médula ósea y las siguieron durante el primer año de la pandemia.

En aquel momento aún no se disponía de vacunas y muchas personas se sometían a las pruebas covid rutinarias para el trabajo o siempre que estuvieran potencialmente expuestas.

“No nos propusimos estudiar la genética, pero nos entusiasmó ver este resultado fruto de nuestra colaboración multidisciplinar con Hollenbach y el Programa Nacional de Donantes de Médula Ósea”, afirma Mark Pletcher, de la UCSF.

Los investigadores identificaron a 1.428 donantes no vacunados que dieron positivo entre febrero de 2020 y finales de abril de 2021, antes de que las vacunas estuvieran ampliamente disponibles y cuando aún se tardaba muchos días en recibir los resultados de las pruebas.

De ellos, 136 individuos permanecieron asintomáticos durante al menos dos semanas antes y después de dar positivo. Sólo una de las variantes tenía una fuerte asociación con la infección asintomática por covid-19, y esto se reprodujo en dos cohortes independientes.

Los factores de riesgo de covid-19 grave, como la edad avanzada, el sobrepeso y las enfermedades crónicas como la diabetes, no parecían influir en quien permanecía asintomático.

El equipo de Hollenbach colaboró con investigadores de la Universidad de La Trobe (Australia) para averiguar cómo el HLA-B15 conseguía aplastar el virus. Se centraron en el concepto de memoria de las células T, que es la forma en que el sistema inmunitario recuerda infecciones anteriores.

Los investigadores analizaron las células T de personas portadoras del HLA-B15 pero que nunca habían estado expuestas al virus SARS-CoV-2, y descubrieron que estas células seguían respondiendo a una parte del nuevo coronavirus denominada péptido NQK-Q8.

Concluyeron que la exposición a algunos coronavirus estacionales, que tienen un péptido muy similar, denominado NQK-A8, permitía a las células T de estos individuos reconocer rápidamente el SARS-CoV-2 y montar una respuesta inmunitaria más rápida y eficaz.

“Estudiando su respuesta inmunitaria, esto podría permitirnos identificar nuevas formas de promover la protección inmunitaria contra el SRAS-CoV-2 que podrían utilizarse en el futuro desarrollo de vacunas o fármacos”, afirma Stephanie Gras, profesora y jefa de laboratorio de la Universidad de La Trobe.