Reynero fue otra vez la pesadilla de Colo Colo


Cobresal volvió a derrotar (2-1) al “Cacique” con dos goles del atacante, venido desde la banca. El “Cacique” de Mario Salas sigue estando muy lejos del “Fórmula 1” que adelantó su técnico y esta vez ni siquiera tuvo en Bolados y en Valencia los jugadores que soslayaran el pobre nivel que hasta ahora exhibe como equipo.

La última vez que se habían enfrentado, durante el torneo pasado, Cobresal había vencido a Colo Colo en el estadio Monumental con dos goles de Felipe Reynero. Esta vez, en El Salvador, el equipo minero volvió a batir al “Cacique” con dos tantos del jugador que, extrañamente, no había partido como titular en el cuadro de Huerta. Reynero, clave en el desenlace agónico del encuentro, había saltado a la cancha recién en el minuto 64, en reemplazo de Gamarra.

Tal vez el partido estaba para empate clavado, dado lo exhibido por uno y otro equipo (poco), pero cuando se jugaba el segundo minuto de descuento de los tres otorgados por el pito, Nicolás Gamboa, Reynero aprovechó una enorme desconcentración del fondo albo, que, ante un pelotazo frontal, y a la que saliera, no supo resolver.

No pudo Insaurralde despejar de cabeza ante la presencia del grandote Murialdo y ni Barroso ni Opazo se percataron de la fantasmal aparición de Reynero, que se metió entre ambos para cazar la pelota y batir a Cortés con un disparo violento y a media altura. Consecuencia: Cobresal ganaba por 2-1 los tres puntos en el último suspiro. ¿Injusto? Nada de injusto. Lo hemos dicho muchas veces: el fútbol se gana con goles, y esta vez Cobresal tuvo más eficacia frente a un Colo Colo que mantuvo el mediocre rendimiento que había exhibido hasta ahora y así lo pagó.

El “Fórmula 1” de Mario Salas mostró muchas averías y terminó ahogándose en la altura de El Salvador, ratificando por ahora que el técnico albo eligió una analogía que no tiene nada que ver con la realidad.

Con bastante poco, Cobresal, que venía de caer inapelablemente en el debut frente a Audax Italiano por 4-1, se las arregló para neutralizar a un Colo Colo que, aparte de mantener el pobre nivel que hasta ahora ha evidenciado, ni siquiera contó con una buena actuación de dos que venían siendo clave: Valencia y Bolados.

El primero desperdició un penal otorgado por el VAR cuando se jugaba el minuto 18’, y aunque luego de rehabilitó con un golazo de tiro libre, marcado siempre al centímetro no pudo generar el fútbol de otras ocasiones. Aparte, es “lagunero”. En otras palabras, le falta continuidad y por largos minutos incluso desaparece de la cancha.

En cuanto a Bolados, bien marcado por Jorquera, tampoco tuvo esos pases con ventaja que lo hicieran prevalecer. Igual con un par de desbordes fue el atacante albo más peligroso, porque en la izquierda Véjar no anduvo y por el centro Parraguez se enredó siempre o tomó decisiones equivocadas: cuando debió rematar optó por la habilitación y cuando debió cederla generalmente dejó el balón en los pies de un rival.

Llamativo fue que Salas resignara la presencia de un “juvenil” para cumplir con la norma de minutos. Optó por acompañar a Valencia con Fuentes y Carmona, lo que obviamente significó más marca en el medio, pero una salida muy poco clara a la hora de recuperar. Y no es que Provoste, a este respecto, sea un dechado de virtudes. En otras palabras, el técnico albo dejó en claro que, si no podía ganar, la paridad no le resultaba del todo mala.

Sometido durante la primera etapa a una intensa presión, Colo Colo era incapaz de mostrar un fútbol fluido y de acertadas combinaciones. Cobresal tampoco, pero al menos luchaba los pelotazos con mucha más decisión y ambición, por si algo salía.

El cuadro albo ni siquiera se había acercado al meta Requena cuando a los 13 minutos, el pito Nicolás Gamboa, alertado por el VAR, cobró un penal que nadie había visto. Insaurralde fue por alto en busca del centro de Valencia, pero el hombre que lo marcaba (González) desvió con el brazo la trayectoria del balón. Y Valencia, que hasta aquí no había fallado, esta vez lo hizo, tirando a media altura y a la izquierda del arquero, que intuyó el disparo.

En la segunda etapa, con un Colo Colo teniendo más el balón, porque era imposible que Cobresal mantuviera la presión durante todo el partido, el cuadro albo se puso sorpresivamente en ventaja. Y es que, prosperando en forma mucho más coordinada, eso en ningún modo había significado que ese juego se tradujera en ocasiones de gol. Ragusa le hizo dos faltas consecutivas a un Bolados que se le iba y Valencia, con un tiro libre perfecto, lograba lo que no había podido desde los doce pasos.

Sin embargo, los albos todavía no terminaban de abrazarse cuando, dos minutos después, en otro balón alto que sus defensores no pudieron resolver en forma adecuada, el grandote Murialdo se le metió profunda a un Reynero que por la derecha apareció completamente destapado. Su tiro cruzado y rasante batió la desesperada salida de Cortés.

Con poco juego de ambas partes, el encuentro se encaminaba a un desenlace de rotundo empate, pero ya en los descuentos surgió ese balonazo que cambió la historia y marcó la tempranera pérdida del invicto de este Colo Colo en el campeonato.

Un Colo Colo carente de jerarquía y que esta vez ni siquiera contó con individualidades que soslayaran su escaso nivel de juego asociado. Incluso Matías Fernández, ingresado en el minuto 74 por Véjar, no significó un mayor aporte. Al final, Cobresal se impuso por ser el menos malo de los dos.

PORMENORES
Campeonato Nacional. Partido válido por la segunda fecha.
Estadio: El Cobre de El Salvador.
Público: Cinco mil personas, aproximadamente.
Arbitro: Nicolás Gamboa.
COBRESAL: Requena; Filla, González, Coronel (38’ Ragusa), Jorquera; Cañete, Mesías, Silva; Gamarra (64’ Reynero), Varas (46´ Murialdo), Gaete.
COLO COLO: Cortés; Opazo, Barroso, Insaurralde, De la Fuente; Valencia (86’ Arriagada), Fuentes, Carmona; Bolados, Parraguez y Véjar (74’ Fernández).

GOLES: Para Cobresal, Reynero a los 68 y 90+2’; para Colo Colo,Valencia (tiro libre) a los 66’.
Tarjetas amarillas: En Cobresal, González, Varas y Ragusa; en Colo Colo, Fernández.