Luis Rubiales cavó su propia tumba

El ex presidente de la Federación Española debía leer ante la Asamblea un texto preparado por un asesor, pero a último momento se negó, y decidió “morir con las botas puestas”.

Por ANDRÉS ALBURQUERQUE / Foto: AGENCIAS

El cuestionado y procesado ex presidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), Luis Rubiales, en el ojo del huracán tras besar en la boca a la defensa española Jenni Hermoso luego de obtener la Copa del Mundo femenina, pudo haber sorteado con honor la penosa situación, pero se aferró a una verdad que sólo él defiende y se negó a disculparse con la jugadora.

Rubiales (foto principal), además de tener orden de la Fiscalía de no acercarse o comunicarse con la afectada, sufrió este domingo un nuevo revés, toda vez que el diario El Mundo dio a conocer el contenido de la carta que la RFEF y el asesor Luis Arroyo habían redactado para que el mandamás del fútbol ibérico lograra “salvarse”, pero que él se negó a leer.

Era un mensaje mucho más autocrítico que las palabras que salieron espontáneamente de la boca de Rubiales en la Asamblea General del pasado 25 de agosto, donde recriminó al “falso feminismo”, esquivó las disculpas públicas y, de paso, se negó a dejar su cargo.

El texto (en el que no renunciaba, pero sí ofrecía disculpas por su actuar), fue escrito por Arroyo, asesor contratado por la RFEF hace aproximadamente un año por un escándalo menor.

El beso sin consentimiento que finalmente determinó la renuncia de Rubiales.

La carta original era la siguiente:

“Siento mucho, desde de lo más profundo de mi corazón, haber empañado esa enorme victoria de nuestro equipo femenino… El primer error fue traspasar los límites de la confianza con la jugadora Jenni Hermoso. Ella sabe que no hubo mala intención, pero es evidente que lo que pretendía ser un gesto de alegría y felicitación se convirtió en un símbolo de dominio de un hombre en una posición de poder -yo mismo- sobre una mujer.

“Soy imperfecto, por supuesto, pero me tengo por un ciudadano respetuoso y jamás he aceptado gestos de violencia ni de dominio sobre ninguna mujer. El segundo error fue negar inicialmente la gravedad con que muchos apreciaron mi gesto, y calificar con algunos insultos a los que lo criticaron.

“Tras muchas horas de viaje, precisamente con las jugadoras y los técnicos de la Federación, no supe apreciar la sensibilidad social del momento. Ese fue el segundo error, sin paliativos. El tercero consistió en no apreciar tampoco al día siguiente lo inadecuado de mi comportamiento, y poner matices y excusas.

“Debí decir entonces lo que digo ahora con tres palabras: lo siento. Perdón. Estoy completamente convencido de que no hay acto punible en mi conducta y así lo constataré si se me requiere. Pero es evidente que mi comportamiento fue inadecuado y reitero mis disculpas. Estoy a disposición del Área de Integridad de la Federación, que ha abierto ya diligencias internas”.

En cambio, el ex dirigente leyó algo que escribió de su puño y letra, pese a la oposición de todo su equipo de prensa: “Casi nos caemos y al dejarme en el suelo, nos abrazamos. Me subió en brazos y me acercó a su cuerpo. Le dije olvídate del penalti y me contestó ‘eres un crack’, a lo que le dije: ‘¿un piquito?’. Y ella me dijo: ‘Vale’. Se despidió con un último manotazo en el costado y se fue riendo. Esa es la secuencia de todo… No hay deseo ni posición de dominio y toda la gente lo comprende”.