¡Sáquenle la U a López!

En sus últimas horas como entrenador de Universidad de Chile, Diego López está concentradísimo ideando nuevas aberraciones estratégicas de cara al crucial duelo contra Coquimbo.

¿Se han fijado en esas relaciones llamadas “tóxicas”? Esas en las que las personas cercanas a la víctima de esas interacciones ven claramente, desde afuera, el daño que está haciendo el victimario. Claro, a veces la toxicidad es bidireccional y los dos integrantes del esquema se lastiman. No es el caso de la U.

Acá, Luis Diego López Breijo, desde el 31 de mayo a la fecha, se ha empecinado en reducir a Universidad de Chile a su mínima expresión (independiente de que en los últimos cuatro años el equipo azul se ha superado a sí mismo en los niveles de lástima y angustia que puede inspirar).

El clásico universitario del fin de semana fue testigo del colmo de estos tres meses de sadismo. Sí, sadismo, porque una tontera que causa tanto daño como el que ha provocado el paso de López por la banca de los chunchos no puede no ser deliberada.

Repasemos las que deberían ser parte de las últimas meteduras de pata de López con el buzo de los universitarios.

1.- Para empezar, no arrancó el partido con Darío Osorio, “la joya de Hijuelas”, que ya es considerado afuera uno de los 15 mejores juveniles del mundo. ¿Tenía alguna molestia física? Nada de eso. ¿Miedo institucional? Hablemos en serio. Era Católica, nomás. ¿Está vendido a un grande de Europa y por eso había que tenerlo entre algodones? Las pinzas. La única explicación pasa por el sabotaje de López. Y vaya que le resultó, de nuevo: cuando entró Osorio la cancha se inclinó a favor de la U y probó dos veces las manos de Dituro (en una de esas ocasiones el arquero cruzado voló espectacularmente para evitar el gol), pero ya la UC iba 2-0 arriba. De hecho, tengo la fuerte sospecha de que López no lo habría hecho entrar si Católica no marcaba el segundo tanto.

2.- Colocó al chico Assadi en una posición en la que todos (desde el propio Assadi hasta mi octogenaria madre) saben que no rinde. Todos, incluso Diego López, ojo. Otra prueba de que está atornillando al revés. Porque, insisto, decisiones tan equivocadas y tan groseramente equivocadas ya no hablan de limitaciones técnicas del profe, ni siquiera de falencias intelectuales o de falta de sentido común. Estamos ante algo hecho adrede.

3.- No se paró del banco todas las veces que debiera, considerando el desesperado presente de los azules. Y es una tónica. Se le suele ver con las piernas juntas y las manos entre las piernas, conversando con su asistente italiano y con Sebastián Miranda, como si estuvieran en marquesina. O como si estuvieran pescando, esperando con las botas metidas en un lago del sur que los peces piquen.

¿Cuántas veces sonó el nombre de Nelson Acosta como entrenador de la U? ¿Por qué no lo contrataron cuando pudieron? Lo que este club en vías de extinción (tiene una enfermedad degenerativa llamada dirigentes) está pidiendo a gritos es un motivador. Alguien que les diga a Osorio y Assadi “diviértanse”. Por ejemplo.

4.- Hay una sola cosa peor que contratar como gran refuerzo a un patadura que le entregó mucho a la U, pero que está ad portas del retiro: hacerlo jugar. Y López lanzó a la cancha al bueno de “Walala” (bueno como persona, aclaro) restando cuatro minutos de partido para dejar en la banca los ocho goles de Cristián “Chorri” Palacios.

5.- Hasta el cierre de esta edición López no ha renunciado. ¿Por qué no lo ha hecho, además de la motivación de querer ser despedido para llevarse una indemnización millonaria como ya es

tradición en las históricamente prematuras salidas de los DT laicos? Porque sabe que le puede hacer más daño aún a este club.

López es un sicópata. No hay que quedarse entrampado tratando de descubrir sus motivaciones. Hay que hacer el diagnóstico a partir de sus acciones. Es el asesino que mata sin tener móviles y que no parará de hacerlo hasta que lo electrocuten. Es el marido que le pega a su mujer y que no parará de hacerlo hasta que no se la saquen de las manos.

¡Sáquenle la U a López!