Scolari o la última tabla para no ahogarse

Lo que no está claro en esta estrategia, eso sí, es por qué se llegó al convencimiento de que Felipao es la tabla de salvación para un Colo Colo que no gusta y que parece tener poco en su plantel para cambiar radicalmente.

Por Sergio Gilbert J.

Fue una heterogénea tríada la que Blanco y Negro escogió para viajar a Brasil a tratar de convencer al brasileño Luiz Felipe Scolari a que se haga cargo de la quemante banca de Colo Colo: un dirigente-hincha que reivindica a la izquierda desde el privilegio empresarial (Aníbal Mosa); un ejecutivo de apellido británico que cambia de colores sin problemas porque lo que hace es un trabajo y “hay que ser profesional” (Harold Mayne-Nicholls); y un ídolo para la barra, ex capitán y dueño de una singular cualidad para manejar partidos en la cancha y que hoy quiere hacer lo mismo, pero sentado en una oficina del Monumental (Marcelo Espina).

Es decir, la concesionaria lanzó todos los variopintos misiles posibles para obtener el sí del entrenador campeón del mundo 2002.

Lo que no está claro en esta estrategia, eso sí, es por qué se llegó al convencimiento de que Felipao es la tabla de salvación para un Colo Colo que no gusta y que parece tener poco en su plantel para cambiar radicalmente.

Claro, Scolari es brasileño (lo que en el mundo del fútbol es como hablar de la creme de la creme), tiene un currículum envidiable comparado al de varios “vendehumo” que hay sentados en las bancas chilenas y, por cierto, ha lidiado en su vida con camarines más difíciles que uno liderado por Paredes, Mouche, Barroso e Insaurralde.

Pero ninguno de esos atributos, juntos o separados, pueden garantizar que con Feliapao dirigiendo las prácticas secretas en el Monumental, veamos un cambio radical en el equipo albo.

Hay razones históricas, futbolísticas y emocionales para ser, al menos, precavidos para hacer proyecciones.

Vamos por parte.

Colo Colo, de hecho, ya tuvo en su banca otro DT brasileño que jugó una final de Copa del Mundo. En 1959 llegó al equipo chileno Flavio Costa, el entrenador que dirigió a la selección brasileña en la fatídica final de 1950 en Maracaná ante Uruguay y que tuvo que vestirse de mujer de limpieza para salir ese día del estadio. Costa, en Colo Colo, no tuvo mucho éxito: se fue al año siguiente sin alcanzar un gran rendimiento. Sus jugadores nunca entendieron lo que Flavio quiso explicarles. O no quisieron entenderle. Solo fue un número en la estadística.

Tampoco marcó buen recuerdo otro DT brasileño que tuvieron los albos hace algunos años: Nelsinho Baptista, de gran recorrido en Brasil, orgulloso “descubridor” de Rivaldo según siempre comentaba y depositado en helicóptero en el Monumental en la Noche Alba en que fue presentado.

Nelsinho, a pesar de sus esfuerzos, no pudo con un camarín opositor integrado entre otros por Ivo Basay, Cristián Montecinos, Marcelo “Rambo” Ramírez y Juan Carlos González y tuvo que irse -sin helicóptero-antes de finalizado el campeonato de 1999 con menos del 50 por ciento de rendimiento. Nelsinho y su sistema de trabajo, en especial en lo físico, nunca fue bien visto por los cracks de entonces.

También debe sumar como antecedentes que al menos este plantel de Colo Colo al que podría llegar Scolari, ha dado muestras de que no transa en el protagonismo que sienten deben tener sus “referentes”.

Pablo Guede, Héctor Tapia y Mario Salas, los últimos tres entrenadores de Colo Colo, tuvieron señales claras en el vestuario que este plantel juega como mejor siente, que hay jugadores intocables, y que de haber algún cambio trascendente todo se debe discutir entre el DT y los jugadores emblemáticos porque si no es así, no hay problema en dar “señales” a los hinchas para decir que algo anda mal “en la interna”.

¿Bastará entonces la simple llegada de Felipao a la banca para que Colo Colo pueda subir como espuma en su rendimiento? 

Difícil.

Si llega golpeando la mesa, algún pesadote le va a recordar el 7-1 que se comió con Brasil ante Alemania en el Mundial de 2014 o algún memorión le va a decir que fue incapaz de ser campeón de Europa con Portugal jugando en Lisboa ante el ultradefensivo y descremado equipo griego en 2004. Así que vaya bajando el tonito.

Si quiere que Colo Colo se arregle defensivamente y saque a jugadores que hoy tienen el puro nombre, uno anticipa que comenzarán los “rumores”, las “filtraciones”, los “trascendidos” y todo ese arsenal de armas que los periodistas adoramos y que los futbolistas saben que los comemos con limón.

No, la simple llegada de Felipao no soluciona los problemas de Colo Colo si solo administra lo que hay o si hace algunos ajustes menores. No se trata de descomprimir el ambiente sino que, como se decían antes, de entrar a picar.

Si no llega en esa, olvídese. Colo Colo va a seguir siendo el equipo desabrido e incoloro que es hoy.