Sebastián Moreno: en la cuenta regresiva para su saludable adiós al sillón de la ANFP

Un tipo sin mayor trayectoria en el fútbol, involucrado además en una turbia estafa a Codelco, tiene ahora sus horas contadas como mandamás del fútbol chileno. Un fútbol que, además, está técnicamente quebrado por culpa de esos mismos que supuestamente llegaban a fortalecerlo y a hacerlo más competitivo internacionalmente hablando.

Por EDUARDO BRUNA

Lo que empieza mal, termina mal. Un viejo dicho que vuelve a tener plena vigencia con la inminente salida de Sebastián Moreno de su cargo de presidente de la ANFP y, por estatutos, de timonel de la Federación Chilena de Fútbol. Un cargo que sólo alcanzó a ejercer durante poco más de un año y medio de manera formal, toda vez que se llamaría a nuevas elecciones para el 31 de julio y, en el intertanto, el todavía timonel del fútbol profesional tendría que permanecer en funciones sólo para la firma de cheques.

Moreno jamás debió haber sido candidato del oficialismo luego que, en noviembre del año pasado, y sorpresivamente, Arturo Salah declinara a presentarse a la reelección. Despedido de Codelco, donde ejercía como abogado, el entonces personero de Cobresal cargaba sobre sí graves acusaciones que lo vinculaban a un gigantesco fraude de concentrado de cobre que afectó a la compañía estatal. Sin embargo, y pese a los abundantes y sólidos argumentos de testigos de primera mano, que por sus labores en la cuprífera pudieron conocer de cerca el papel que en el ilícito había jugado según ellos Moreno, el personero, hombre de confianza de Salah en la testera de la ANFP, levantó igual su candidatura, obteniendo finalmente el triunfo luego de un febril Consejo de Presidentes de clubes que hizo necesaria cuatro rondas para llegar a su nominación como máxima autoridad del fútbol profesional.

En una elección a tres bandas, porque además de Moreno pugnaban por la testera Harold Mayne-Nicholls y Jorge Uauy, presidente de Palestino, la lucha por el sillón tras una primera ronda de votación quedó reducida a dos. Mayne-Nicholls tuvo que resignar su postulación luego que obtuviera sólo 12 votos contra los 18 que habían obtenido Moreno y Uauy.

Fue necesario, entonces, dirimir entre Moreno y Uauy, ganando el timonel palestinista, pero sin el quorum necesario como para adjudicarse el triunfo: 24 votos contra 22. Repetida la elección en una tercera ronda, la situación se mantuvo inalterable, hasta que el oficialismo aprovechó el almuerzo para realizar un “lobby” de joyería: en una cuarta ronda, Moreno se imponía por 25 votos contra 21 de Uauy. En otras palabras, en el intertanto, una institución de Primera A y otra de Primera B habían decidido cambiar de bando y apoyar finalmente a Moreno.

Los derrotados, y alguna prensa, apuntaron a Unión Española y Deportes Puerto Montt como los clubes que le habían dado el triunfo a Moreno. Tales versiones nunca fueron desmentidas.

Asumiendo en plenitud los primeros días de enero del año pasado, el nuevo directorio de la ANFP no tardaría en debilitarse aún más de lo que ya estaba desde sus orígenes. En febrero de 2019, y sin expresión de causa, renunciaba Andrés Fazio, por “diferencias irreconciliables” con Sebastián Moreno, que perdía de esa forma al hombre más capacitado de su mesa para llevar adelante las negociaciones que necesariamente habría que concederle a la oposición. Era el papel que precisamente había realizado Fazio como integrante de la mesa de Salah.

Pero no era sólo esa baja la que afectaría a Moreno. Dos personeros que junto a él habían conformado el directorio saliente, como Gaspar Goycolea y Hugo Muñoz, no sólo no fueron considerados por el flamante presidente para conformar la nueva mesa del fútbol, sino que ellos mismos confidenciaron luego que “Sebastián Moreno no los había vuelto a llamar nunca más”. Y en el fútbol, más allá de que la estructura de Sociedades Anónimas que finalmente se adoptó, y que hizo todo mucho más frío e impersonal, todavía hay personeros (cada vez menos) que siguen creyendo en la vigencia de las lealtades.

El escaso manejo de Moreno fue pronto quedando al desnudo. Y si en períodos de “normalidad” su posición se fue deteriorando aceleradamente, producido el denominado “estallido social” su errática conducción terminó por restarle cada vez más apoyo de parte de esos clubes que habían depositado en él toda su confianza.

El timonel de la ANFP no fue contrapeso para la posición adoptada por el Sindicato de Futbolistas Profesionales, que, liderado por Gamadiel García, se opuso férreamente a la continuidad del fútbol en tanto no hubiera plena seguridad para sus asociados, que mayoritariamente se negaban a jugar dado el crispado clima social que se vivía, y que hasta tenía al gobierno de Piñera al borde del naufragio. Y lo que llamó la atención no fue que Moreno no se mostrara contrario a la actitud por lo demás razonable de los jugadores, porque no tenía claramente piso para ello. Lo que molestó a los opositores fue que prácticamente se borrara de la polémica y, en palabras de varios regentes de clubes, “durante todo ese tiempo Sebastián Moreno estuviera prácticamente dibujado”.

El acabose fue cuando, en noviembre del año pasado, y cuando la movilización social en contra de la frescura y el abuso sistemático iba “in crescendo”, los seleccionados nacionales, ya en territorio nacional, se negaron a viajar a Lima para un partido amistoso agendado con la suficiente antelación frente al representativo del Rímac. Para muchos dirigentes, en esa circunstancia clave Sebastián Moreno se había mostrado como un tipo sin manejo y sin ningún tipo de liderazgo.

Llegado el momento de designar a los representativos chilenos para las copas internacionales de 2020 (Libertadores y Sudamericana), Moreno sufrió otro traspié cuando su directorio determinó que el Chile 3 debía surgir de un partido definitorio entre Unión Española y Universidad de Chile. Unión por su ubicación en la tabla del abortado Campeonato Nacional; la U, por su condición de finalista de la Copa Chile. 

Ambas instituciones, por lo demás, creían haberse ganado el derecho a obtener el Chile 3 sin necesidad de ese partido. Mientras la U esgrimía su más que aceptable papel en la Copa Chile, Unión Española replicaba que no podía representar al fútbol nacional en la fase de Pre Libertadores un equipo que sólo se había salvado técnicamente del descenso. Resultado: el elenco hispano no se presentó a ese encuentro en el Estadio La Portada de La Serena, clasificando la U para enfrentar a Internacional de Porto Alegre pero declarándole, a partir de ese momento, una guerra sin cuartel a ese presidente que ellos mismos habían contribuido a elegir.

Tanto, que Luis Baquedano, gerente de la institución hispana, señaló por estos días que Sebastián Moreno debía dejar inmediatamente el cargo, y que no había que esperar una futura elección para que su alejamiento de la testera de la ANFP se produjera. Tuvo que salir Marcos Kaplún, el único dirigente que acompaña a Moreno en el directorio del fútbol a estas alturas, a poner paños fríos y replicarle a Baquedano que “la gobernabilidad de la actividad es imprescindible de aquí hasta que surja el nombre del nuevo presidente”.

Para colmo de males, Moreno ni siquiera pudo echar mano a los resultados deportivos que fueron un poderoso “paraguas” durante la delincuencial conducción de Sergio Jadue. A los problemas surtidos que evidenciaron las selecciones menores, se sumó un deslavado cuarto puesto en la Copa América disputada en Brasil, torneo en que los único rescatable en cuanto a resultados fue haber eliminado mediante lanzamientos penales a Colombia en fase de cuartos, porque en lo que respecta a nivel futbolístico, la Roja no dejó conforme a nadie.

Sombrío panorama es el que se cierne sobre el fútbol chileno. Y no es sólo asunto de “estallido social” primero y pandemia de Covid 19 después. Y es que el fútbol chileno, con una que otra excepción, está quebrado, a pesar de esos prestidigitadores de las Sociedades Anónimas que, llegados ya hace tres eternos lustros, venían a salvarlo y a fortalecerlo.

Lo cierto es que han sido un desastre, un completo fiasco. La ANFP, para intentar salvar a 27 instituciones que están con el agua al cuello, está gestionando desde hace semanas un préstamo millonario por casi 27 millones de dólares con la banca, en circunstancias que el año pasado, nada más, los clubes recibieron cada uno más de 3 millones de dólares por la entrega en concesión durante 15 años del Canal del Fútbol a la transnacional Turner.

¿Qué hicieron con toda esa plata, magos de las finanzas? 

El problema es que la ANFP intenta salvar económicamente a los clubes en circunstancias que sus números son también desastrosos.

De partida, los clubes opositores, es decir, casi todos, señalan que la gestión Moreno durante el año pasado fue absolutamente deficitaria, y más allá de la millonaria negociación con Turner, que según Salah le iba a dar al fútbol una absoluta tranquilidad económica por los próximos años. Dicen estos clubes que aspiran a aventar cuanto antes a Moreno de la testera de la ANFP, que al 31 de diciembre del año pasado existe una deuda cercana a los 9 mil millones de pesos que se deben pagar a entidades relacionadas.

No sólo eso: que la gestión Moreno significó un aumento de $ 2.500 millones en gastos administrativos de la ANFP. En porcentaje, un alza del 35 por ciento, mientras que los ingresos de la entidad disminuyeron en un 27 por ciento.

Si algo faltaba para enardecer aún más los ánimos al interior del fútbol, el compromiso de Sebastián Moreno, en orden a indemnizar al Canal del Fútbol por todo este tiempo sin poder vender su producto, fue la gota que rebasó el vaso. Acusan que, aparte de actuar en forma inconsulta, sin pedir la opinión del Consejo de Presidentes, la negociación con Turner está resultando realmente lesiva para los clubes, que hoy por hoy sobreviven gracias exclusivamente a esos ingresos.

La pregunta es: defenestrado Sebastián Moreno, ¿quién se atreve a tomar esta papa caliente? De seguro, dirigentes dispuestos a sacrificarse no van a faltar. Como probables cartas, vuelven a aparecer Jorge Uauy y Harold Manye-Nicholls, aunque no faltan los personeros dispuestos a ponerles fichas a Pablo Milad e, incluso, a Reinaldo Sánchez.

Tan poca cosa fue la gestión de Moreno, que ni siquiera le dio para ir dándole forma a un “delfín” dispuesto a proseguir “su obra”.

Y es que habría que preguntarse: ¿qué obra?

Lo concreto es que el fútbol chileno está hasta las masas. Con clubes a punto de cerrar la puerta por fuera y un nivel futbolístico que da para llorar en lo que a competición internacional respecta.

Esto es el resultado de la genial idea de entregar el fútbol a la voracidad e ineptitud de los privados, que llegaron a la actividad como langostas luego de que Ricardo Lagos (o Ricardo I), secundado por Heraldo Muñoz, y Arturo Salah, convencidos de que habían encontrado la piedra filososal, la panacea y la ollita con oro al final del arco iris juntitas, decidieran expropiarles los clubes a sus verdaderos dueños, los socios y los hinchas, para entregarlos a los mismos que ya antes nos habían expropiado la salud, la previsión, la educación y hasta el agua.

Con todos los problemas que tenía el anterior sistema, de Corporaciones de Derecho Privado sin fines de lucro, jamás el fútbol chileno había estado más en el suelo que ahora. Más bien fue al revés. Colo Colo fue campeón de la Libertadores sin estos genios de ahora y hasta construyó su estadio gracias al vital aporte que en su momento jugó Joao Havelange como presidente de la FIFA, al acercar a la dirigencia del “Cacique” a la Coca Cola. Universidad Católica también erigió su propio reducto y hasta rozó la gloria copera en una inolvidable final contra el casi invencible Sao Paulo de Telé Santana.

¿Qué tenemos ahora, señor Lagos, señor Moreno, señor Salah?

¿Qué tenemos ahora, señor Sebastián Piñera, que jugó un papel fundamental en la creación del cuerpo legal que dio origen a este esperpento?