Columna de Lautaro Guerrero: Según estudio, la “clase media” chilena es de las más chistosas del mundo

Aparte de que el documento se hace parte de una entelequia, porque habría que hablar de “capas medias” y no como algo definido y homogéneo, ese universo de casi 8 millones de personas en un buen porcentaje carece de casa propia, de auto, y vive acogotada por las deudas. Y es que el chileno, tan acomplejado como arribista, gusta definirse de “clase media” aunque no tenga ni dónde caerse muerto.

Por LAUTARO GUERRERO / Foto: ATON

El chileno, por más picante y atorrante que sea, gusta definirse como “clase media”, una entelequia más que nos han metido las clases dominantes, para hacernos creer que llegar a ser como ellos es de lo más fácil del mundo.

Entelequia porque ya hablar de “clase media” como algo definido y homogéneo es otra trampa. Más bien habría que hablar de “capas medias”, porque en ese segmento entra desde el profesional universitario al esforzado comerciante que, fruto de un bolichito, se las bate de lo más bien y no tiene que estar recurriendo al Estado para hacerse acreedor a un bono.

He conocido gente que se define como “de clase media” que no tiene casa propia ni auto, y que llega a fin de mes gracias al fiado o al sablazo.

Un estudio reciente, realizado por Equifax y publicado por el Decano, como se le conoce también a “El Mercurio Miente”, señala que la mentada clase media alcanza en Chile a las 6.199.054 personas, en los segmentos C2 y C3. De ellos, 3,3 millones son mujeres y 2,8 millones los hombres. Pero si sumamos a los menores de edad, dicha cifra se eleva a casi 8 millones de chilenitos que, siendo “clase media”, viven al tres y al cuatro, pero soñando con escalar y contentos de no pertenecer al rotaje.

Ese mismo estudio señaló que, aparte de carecer de casa y de vehículo, la mayoría se encuentra en la Región Metropolitana, y de ellos casi dos millones mantiene algún nivel de morosidad.

Como todo estudio cabezón, este de Equifax no deja de tener sus rarezas. Porque dice que las comunas con mayor presencia de personas de este segmento son Puente Alto (7,85%), Maipú (7,7%), Santiago (6,1%) y La Florida (5,8%); sin embargo, por detrás de ella viene Las Condes, con un 3,9%, lo que vendría a significar una sola cosa: que en esta comuna o eres un ricachón o todo un atorrante, porque la clase media prácticamente brilla por su ausencia.

En el segmento C3, un quinto de las personas es dueña de un bien raíz (804.919), mientras que las personas sin bienes raíces alcanzan los 4,2 millones. A su vez, el 78% del grupo C3 cae en este segmento (3,3 millones de personas) y el 46% pertenece al C2 (más de 886 mil personas).

Respecto a los automóviles, un 67% del total no es dueño de ninguno (4,1 millones de personas); en la clase media (C3), sólo una de cada cinco personas tiene uno (859.997) y uno de cada 10 tiene dos o más (más de 386 mil personas). En tanto, en la clase media alta, el 37% tiene un vehículo y un 15% tiene dos o más.

Finalmente, sobre el nivel de deuda, del total, 1.535.577 están morosas (6,8% del C2 y 18% del C3); y la deuda promedio es de 2,6 millones de pesos para el segmento C2 y de 1,9 millones de pesos para el C3.

Todo parece indicar que, respecto a morosidad, las cifras están bastante maquilladas. O es que los chilenos orgullosos “clase media”, para que no los mezclen con el rotaje, evitan reconocer que en el almacén de la Juanita usan libreta para pedir al fiado, y que le sacan el jugo al plástico para cacharpearse en el retail. Ni hablar de salir a comer fuera, a no ser que la iñora traslade la mesa al patio.

La pregonada “clase media” chilena, de existir, sería un porcentaje muy menor al que se ubica allí de puro agrandado y arribista. Lo cierto es que en este país, con una concentración cada vez más escandalosa de la riqueza y una distribución del ingreso que más de una vez nos ha emparentado con países africanos, sólo existe un 1% que la goza como chanchito en el barro, un 10 o un 20% que no sufre de insomnio a fin de mes y el resto somos unos linyeras que vivimos a palos con el águila.

Lo demás, muchachos, es puro cuento. Cuento de los mismos de siempre para que ni se nos ocurra rebelarnos a nuestra condición de borregos.