SERIE LA MÚSICA EN EL EXILIO: Amankay, la flor sudamericana que brotó entre tulipanes (parte III y final)

Como parte de nuestra serie sobre la música del exilio, hoy publicamos el tercero de tres capítulos relatando la historia de esta banda chileno-holandesa que fue castigada por la dictadura y a la que bastaron cinco años de trayectoria y un único disco propio para ser considerada una de las mejores y más avanzadas de la diáspora.

Por JORGE CASTILLO PIZARRO / Foto principal: JELLE BAARS

El disco grabado en 1979 (ver capítulo segundo) situó a Amankay a la altura de los grupos emblemáticos, marcando con su calidad musical una diferencia con otros conjuntos nacidos en el exilio e integrados por músicos aficionados que no lograron, salvo algunas excepciones, elaborar un repertorio propio que les diera una identidad perdurable.

Esa repercusión motivó a la televisión holandesa a realizar ese mismo año un documental que reflejara la realidad del exilio chileno a través de la vida de una familia refugiada y el canto de Amankay.

El grupo aparece interpretando varios temas del disco, entre otros, “La represión”, “Chile, escucha” y “Despedida de Salta”. Entrevistado en el documental (ver fotografía), Wang relata que políticamente se insertan en la lucha por la democracia y que musicalmente son parte de un movimiento muy antiguo surgido en toda América Latina, durante “las primeras luchas por la liberación, para dejar de ser un continente explotado”.

No hay una prueba fehaciente de causa y efecto. Pero lo cierto es que la dictadura montó un sistema de seguimiento de las actividades de los exiliados. No hay por qué suponer, entonces, que ignorase ese documental, exhibido públicamente en la televisión holandesa, en un país gobernado entonces por la izquierda y de intensa y organizada actividad contra la Junta Militar.

El decreto de expulsión / Archivo

Lo concreto es que la represalia fue casi inmediata. El 25 de enero de 1980 el régimen emitió un decreto firmado por el propio dictador, el número 40 (ver fotografía), señalando que “los ciudadanos chilenos a que se refiere el presente decreto, residentes en el extranjero, constituyen un peligro para el Estado, y de conformidad con lo dispuesto en el Artículo N° 1 del Decreto Ley N° 604, de 1974, prohíbese el ingreso al territorio nacional a los siguientes ciudadanos chilenos”.

Fueron cinco los afectados. Entre ellos, Wang, Mendeville y Freyggang. Sin haber sido expulsados del país, su compromiso con el retorno a la democracia les costó el pasar a integrar formalmente la lista de chilenos y chilenas impedidos de vivir en su patria. Posteriormente, y aunque su nombre no figuró en ese decreto, Smith también vio estampada la “L” en su pasaporte.

No conforme con ese castigo, tiempo después a Wang incluso se le privó de su nacionalidad chilena. La adopción de la nacionalidad holandesa en 1981 le evitó vivir el resto de su vida de exiliado como apátrida.

ACTUACIONES RELEVANTES

Tal como en su primera etapa, en esta segunda fase de su carrera Amankay continuó con su incansable peregrinaje por toda Holanda y otros países, como Alemania Federal, la República Democrática Alemana, Bélgica, Luxemburgo, Checoslovaquia y Bulgaria.

En su historia quedan participaciones como la del Festival Alen Mak, en Bulgaria, en el que compartieron con Osvaldo «Gitano» Rodríguez. A los Amankay les impresionaron los coros femeninos búlgaros que años más tarde serían moda mundial.

También fueron importantes el concierto con Inti Illimani, a fines de 1980, y las participaciones en una multitudinaria manifestación contra la energía nuclear y en la denominada Ceremonia por Chile, con presencia de Hortensia Bussi e Isabel Morel, viudas de Salvador Allende y Orlando Letelier, respectivamente. Todas estas actividades tuvieron lugar en Amsterdam.

Además recuerdan el último concierto, en 1981. Transcurrió en Utrecht, Holanda, en un festival por Víctor Jara, con asistencia de su viuda Joan.

Patricio Wang dando su testimonio en el documental de la televisión holandesa / Archivo

EL REPROCHE DE SERGIO ORTEGA

En el mismo año 1981, a poco de silenciar voces e instrumentos, Amankay realizó una de sus presentaciones más significativas.

Fue en el festival anual Des politischen Liedes (Festival de la Canción Política) de la República Democrática AlemanaWang cuenta que “tuvimos el honor de presentar solos un concierto completo en el célebre Volksbühne (un imponente teatro en Berlín), mientras que los cientos de solistas y grupos de todo el mundo tenían participación con apenas un par de canciones en largas maratones musicales que duraban casi todo el día”.

En ese concierto Amankay fue reforzado por otra figura de la música nacional, Desiderio «Chere» Arenas, talentoso compositor que entregó temas a grupos como Quilapayún y a solistas como Tati Penna. “Desiderio nos acompañó, porque necesitábamos reemplazar al contrabajista que a menudo nos acompañaba”, cuenta Wang.

Ya desde antes Arenas trabajaba con Amankay, aportando el texto para una obra inconclusa, interpretada parcialmente en esos conciertos postreros.

“Ese trabajo debía llamarse ‘Los viajes de Ulises’ y representaba la inquietud por nuestra situación de exiliados, que amenazaba durar más que sólo un par de años, como pensábamos todos los chilenos en un principio”, relata Wang, dando cuenta que Amankay también en esta dolorosa arista del destierro anticipó reflexiones que todos los músicos de la diáspora debieron terminar aceptando, por más que ello enterrara sus sueños de regresar prontamente a nuestro país.

A quien no le gustó lo que escuchaba fue Sergio Ortega, músico docto, involucrado absolutamente con la Nueva Canción Chilena, autor, entre muchos temas políticos, del “Pueblo unido jamás será vencido”, y que en su exilio en Francia formó un grupo llamado “Taller Recabarren”.

“Ese trabajo (‘Los viajes de Ulises’) nos costó una dura discusión con Sergio Ortega, que también estuvo presente en nuestro recital en Berlín y en el posterior conversatorio con el público”, porque “él era contrario a que se hablara de otra cosa que no fuese el regreso a Chile”, recuerda Wang.

Actuación en manifestación contra la energía nuclear en Amsterdam, en 1980 / Archivo

NUEVOS CAMINOS

Con la disolución del grupo, los músicos de Amankay afianzaron sus propios proyectos, que algunos de ellos ya habían encarado desde antes.

Wang -que a poco de llegar a Holanda empezó a crear música para cine, danza y teatro- había colaborado circunstancialmente con el ensamble contemporáneo De Volharding e integrado en plenitud el innovador ensamble Hoketus (en este último, junto a Freyggang tocando zampoñas), en los que, nutriéndose de su maestro en La Haya Louis Andriessen, afianzó su inclinación por explorar sendas, en especial a través de la corriente minimalista, que ampliaran las fronteras de la música contemporánea.

En 1980 comenzó su acercamiento con Quilapayún, que lo invitó a componer una cantata popular. Junto al «Chere» Arenas creó, así, el “Oficio de tinieblas por Galileo Galilei” (un alegato de 10 minutos contra los dogmas religiosos y pro defensa de la racionalidad), incluido por Quilapayún en su disco “Tralalí Tralalá” (1984).

En 1987, en el Festival de Stagedoor, en Holanda, estrenó, ya como integrante de Quilapayún, otra de sus obras de largo aliento, “Dialecto de Pájaros”, basada en versos del poeta Vicente Huidobro.

A Quilapayún aportó también una pieza muy valorada en la música contemporánea. «Transiente» había sido grabada por Amankay, aunque no incluida en su disco de 1979, sino que en el filme holandés «De Fabriek» (La Fábrica), con el título de «Sigaren Rollen» (enrollando puros). Ha sido interpretada por los «Quila» y otros ensambles.

Junto con su vinculación con Quilapayún, también incursionó en la ópera. En 1986 compuso la «Tragicomedia de don Cristóbal y doña Rosita», ópera a capella escrita para el grupo Tamam. En 1994 escribió la ópera «Pinocchio», interpretada por el RO Theater.

Su participación en otros proyectos -como en el ensamble Loos, en los años 90- ha sido constante. Su exploración de novedosos matices para la música latinoamericana sigue intacta y ello se ha traducido en constantes viajes a Chile para vincularse con nuevas generaciones de músicos.

Freyggang, en tanto, ingresó en 1984 a Inti Illimani, grupo que conoció su talento multi instrumental en el recital conjunto con Amankay dado en Amsterdam en 1980, y permaneció en él hasta 1995, aportando su virtuosismo, ya no sólo en los vientos andinos, sino que también en el saxofón y en la percusión afro-caribeña, virtudes que le han permitido ser parte de otras agrupaciones con ese perfil musical.

Habiendo estado en ambos grupos, Freyggang hace una distinción entre Amankay e Inti Illimani. «La incursión musical de Amankay ha tenido importancia porque ha abarcado no únicamente el folclore, sino también (tal vez en un traje folclórico), la música contemporánea; creo que esa es una de las principales diferencias del trabajo que viví con Inti Illimani, donde la base era sobre todo folclórica, con composiciones originales, por supuesto actuales, pero siempre dentro de esas coordenadas».

Mendeville optó por el flamenco, influido por el famoso guitarrista Paco Peña, a quien conoció en un recital de fines de 1981. El español lo invitó a vincularse con la música andaluza. Juntos crearon, en 1985, la primera cátedra de guitarra flamenca en el Conservatorio de Rotterdam (Codarts).

El chileno se convirtió en el coordinador y profesor de la cátedra: “Fue la primera cátedra a nivel de conservatorio que se hizo en el mundo», explicó. Después de 10 años se creó la segunda cátedra, en el Conservatorio de Córdoba. Junto con su carrera académica -que finalizó en 2021- Mendeville ha participado en numerosas producciones con su grupo Cuadro Flamenco.

Smith se volcó a la docencia en la Escuela de Teatro de Amsterdam. Hizo música para ballet, a la vez que se adentró en las artes marciales y en el Tai-Chi. Participó también como actor y compositor de la banda sonora de la película “Die Zweite Heimat – Chronik einer Jugend” (Mi segunda patria – Crónica de una juventud, de 1992), del director alemán Edgar Reitz, padre de su esposa, bailarina y coreógrafa. En el filme, Smith interpreta a un percusionista que postulaba a un conservatorio.

Winanda se integró como profesora de Canto en el Conservatorio de Rotterdam y afianzó su carrera como solista, abarcando diversos estilos, participando en múltiples proyectos y actuando en importantes escenarios.

Durante la década del 80 fue parte del grupo de jazz vocal y de improvisación Tamam, y participó en producciones teatrales. También hizo jazz como integrante de las Several Singers. Asimismo, cantó en el cuarteto a capella The Oom Maw Maw, que interpretaba desde el close harmony hasta pop y tango. En el trío Garlic Sisters cantó pop, soul y jazz.

Su eclecticismo nunca la alejó de América Latina. Mantuvo un férreo vínculo con sus compañerosespecialmente con Wang. Con él grabó los discos “Music for films” (1990), “La banda del sur: live in Amsterdam”(1994), “Luna y Mar” (1996), “Suite para Violeta” (2001), “Canciones Salvajes” (2009), y “Wang Song Book” (2013).

En particular, “Luna y mar”, grabado por su grupo chileno-holandés «Winanda del Sur», motivó una gira a Chile en 1999. “El concierto en Santiago fue una experiencia muy emotiva: muchos amigos chilenos, a los que conocía de la época en que vivían exiliados en Holanda, vinieron a vernos y me hicieron sentir como si estuviera en casa de nuevo”, contó.

Una fotografía reciente: Mendeville, Wang, Winanda, Smith, Freyggang y Pinto / Sera Koolmees

REAPARICIONES

La amistad y la comunión musical permitieron a Amankay reaparecer circunstancialmente en años posteriores.

La más importante de ellas ocurrió en septiembre de 2007 en el Tropentheater de Amsterdam. Todos juntos de nuevo, con la suma del multi instrumentista y vocalista Álvaro Pinto (Santiago, 1971), quien integró las formaciones de Barroco Andino en la década del 90 y Quilapayún, desde inicios de este siglo, y que es hoy soporte medular de Amankay.

Winanda explica la motivación del reencuentro: “No fue una reunión nostálgica sino un intento de reflexionar sobre lo vivido y lo que vivimos hoy. El mundo ha cambiado considerablemente, pero muchas de las razones que motivaron el canto de Amankay en los años 70 siguen siendo en la actualidad, para desgracia de la humanidad, muy actuales: la desigualdad e injusticia social, racismo, discriminación, el drama de la emigración, dramáticos conflictos internacionales, la violencia globalizada”.

Junto con la presentación se publicó en CD el disco de 1979.

También fue significativa la participación de todos -salvo Mendeville- como instrumentistas, cantantes o actores en la obra de teatro musical “María Núñez”, de Patricio Wang y Frans Lavell, que trata sobre la llegada de los judíos sefardíes a Holanda, en la llamada «Edad de Oro», buscando asilo frente a la persecución religiosa en España.

En lo emotivo, el grupo actuó en homenaje a Saskia Stuiveling, directora del Tribunal de Cuentas de Países Bajos (Contraloría), activa participante en los años 70 y 80 del movimiento solidario con Chile y admiradora de Amankay. En retribución, el grupo actuó en 2015 al momento de su retiro de la administración pública.

Con el mismo afán de agradecimiento, el grupo actuó en 2005 tras el fallecimiento del ex alcalde de Rotterdam, André van der Louw, colaborador de la causa chilena.

El conjunto también se reagrupó en 2016 para celebrar sus 40 años con una serie de conciertos en Holanda y Bélgica.

El disco «Luna y Mar» publicado en 1996 por el grupo Winanda del Sur con participación de Wang / Archivo

EL RETORNO MUSICAL A LA PATRIA

La conmemoración de los 50 años del Golpe cívico-militar decidió al grupo a saldar su deuda musical con Chile.

Luego de algunas presentaciones previas en Holanda, Amankay llegó al país a fines de septiembre del año pasado para cumplir una intensa y diversa agenda en Santiago y otras ciudades. Conciertos propios y con otros músicos, ensambles y coros, clases magistrales, talleres y el lanzamiento de un libro con la trayectoria de Wang, conformaron una genuina exposición ideada para irradiar el significado de Amankay sobre todo a nuevas generaciones de músicos chilenos.

A la presentación del libro «Patricio Wang. Muziek in Ballingschap. Música en exilio», siguieron actuaciones en Villa Grimaldi, en el Aula Magna del liceo Manuel de Salas, en la Universidad de Santiago, en el Seminario Internacional de Música Latinoamericana en Osorno y en el zócalo de la Municipalidad de Recoleta.

Hubo más. En la Universidad Alberto Hurtado, tras una charla previa de Wang, estudiantes y profesores del Departamento de Música del plantel, con Winanda como solista, interpretaron sus «Canciones Salvajes», sobre poemas poco conocidos de Pablo Neruda. Estas «Canciones Salvajes» también fueron interpretadas en Puerto Varas por Winanda con la Academia Municipal de Música.

En Valparaíso, Wang, Winanda y el ensamble holandés NAP (Heleen Hulst& Gerard Bouwhuis) participaron en un festival de música contemporánea, con un concierto-homenaje al ya fallecido Louis Andriessen, el maestro de Wang en Holanda.

Por último, durante tres días Wang dio charlas y conversó con estudiantes del Departamento de Música de la Universidad de Los Lagos y, con sus tres ensambles (coro, orquesta de cámara y ensamble latinoamericano), ofreció un concierto final como cierre de la semana.

Tan valioso como todo aquello fue la interpretación en los conciertos de una veintena de canciones, 14 de las cuales no fueron incluidas en su único disco.

Los asistentes pudieron apreciar «Eleanor Rigby» (un arreglo de Wang para el tema de The Beatles) y «Badinerie», de la época de Barroco Andino; «Qué dirá el Santo Padre», «Santiago, penando estás», «Gracias a la vida», «Corazón maldito» y «Arranca arranca», de Violeta Parra; «Transiente», «El niño mudo» y «Allende», del repertorio de Quilapayún; «Hija mía, mi querida», de la obra teatral «María Núñez»;  «El insecto», de la obra «Canciones Salvajes», «Arpillera IV», de la obra «Suite para Violeta» y «Rima», de los discos «Luna y Mar» y «Wang Song Book».

Actuación en Chile, en el Aula Magna de la Universidad de Santiago / Archivo

Con estas interpretaciones, Amankay pudo mostrar en Chile un mosaico multicolor de lo que ha sido su rico aporte a la música nacional desde hace casi cinco décadas. Creaciones fruto de su trabajo como grupo y de los variados e innovadores proyectos que encararon juntos con el devenir de los años, y que pusieron a prueba sus crecimientos musicales individuales y la férrea amistad forjada en la convivencia diaria en aquel hogar estudiantil del Conservatorio Real de La Haya.