SERIE MÚSICA EN EL EXILIO: Amankay, la flor sudamericana que brotó entre tulipanes (parte II)

Hoy publicamos el segundo de tres capítulos sucesivos sobre este grupo, que se constituyó en un referente de la música chilena en el exilio.

POR JORGE CASTILLO PIZARRO / Fotos: GENTILEZA y WARJA VAN SUCHTELEN

A partir de 1978, Amankay comenzó un desarrollo que lo terminó instalando como un referente de la música chilena en el exilio.

La salida del grupo por opciones estrictamente personales del mexicano Roberto Kolb y del chileno Jaime Calabacero motivó la inmediata búsqueda de reemplazantes.

Uno de los nuevos músicos, el también chileno Daniel Smith (Santiago, 1954) estaba a la mano, puesto que había llegado ese mismo año al Conservatorio Real de La Haya, donde ya estudiaban los otros tres fundadores: Patricio Wang, Winanda van Vliet y Ricardo Mendeville.

El segundo nuevo integrante, Renato Freyggang (Santiago, 1956), viajó desde nuestro país.

Tal como Wang y Mendeville, Smith y Freyggang viajaron a Holanda por decisión propia y no por ser expulsados de Chile o asilarse.

Ambos se sumaron a un proyecto en búsqueda de una línea propia, que siguiera denunciando a la dictadura y exigiendo libertad para el pueblo chileno en armonía con nuevos caminos musicales.

Siendo poco más que un veinteañero a su llegada a Holanda, Smith ya era un músico de alto nivel. Antes de los 20 años ya era percusionista de las orquestas Sinfónica y Filarmónica de Chile, y flautista del Conjunto de Música Antigua de la Universidad Católica de Chile. Por un breve período, además, fue profesor de flauta dulce en el mismo plantel.

REENCUENTROS

Cuando llegó a Holanda, en 1978, se reencontró con su familia, que se había exiliado dos años antes. Su padre, James Smith, pintor, con un cargo directivo en la editorial Quimantú, estuvo preso un año en el centro de detención de Puchuncaví.

Pero su viaje no sólo buscaba la reunión con padres y hermanos. Smith también quería estudiar en La Haya. “La música que yo tocaba en Chile era música antigua europea y en Europa tocaban la misma música, solo que mucho mejor”, señala. No lo pensó dos veces. Postuló y fue aceptado.

En el conservatorio se encontró con Wang y Mendeville, quienes en Chile ya conocían su altura instrumental y le propusieron ingresar a Amankay.

Renato Freyggang, con un nombre propio en la música alternativa chilena, fue el elegido para ejecutar los vientos.

Tal como Wang, Freyggang se formó en Barroco Andino, participando en sus tres primeros discos, publicados entre 1975 y 1976. Pero en 1978 el grupo estaba en receso y él se sumergió de lleno en sus estudios de música, que ya en Holanda prosiguió en el Conservatorio de Rotterdam.

“Él era prácticamente el quenista más brillante de su generación y llegó a Holanda especialmente para participar en nuestro grupo. Nos conocíamos por nuestro trabajo juntos como fundadores de Barroco Andino”, fundamenta Wang.

Con la nueva formación lista, “nuestro trabajo se centró en el trabajo propio que quedó plasmado en nuestro LP, que salió al final del período en que trabajamos intensamente”, explica Wang. 

ELOGIOS DE MERCEDES A WINANDA 

Una de las peculiaridades de Amankay fue romper con la ausencia de mujeres en los grupos vocales de la NCCh. Hasta entonces, ninguno de los conjuntos emblemáticos -Quilapayún, Inti Illimani, Aparcoa, Tiemponuevo, Amerindios, entre otros- las había incluido.

Winanda Van Vliet era la mejor cantante latinoamericana de Europa, según Mercedes Sosa.

Winanda van Vliet tuvo un rol esencial desde un comienzo. Como lo recuerda Wang, “ella junto con nosotros fundó el grupo. No buscábamos solista masculino ni femenina. No hubo búsqueda previa de roles. Todos cantábamos, pero Winanda se distinguía porque era de lejos mucho más cantante que el resto”.

No sólo eso. A diferencia de otras intérpretes que se vincularon episódicamente con la música del exilio, como la finlandesa Arja Saijonmaa y la estadounidense Holly Near, que grabaron discos con Inti Illimani, la holandesa fue parte de un grupo chileno y después de Amankay mantuvo una relación con sus compañeros que sigue vigente.

Con un registro de mezzosoprano, siempre pudo modular como cualquiera cantante mujer de estas tierras, al punto que Mercedes Sosa la definió como “la mejor cantante latinoamericana de Europa”.

Mendeville recuerda que, rodeada de alumnos chilenos y latinoamericanos, Winanda no pudo sino interesarse por la música de este continente. “Le encantó, y rápidamente empezó a cantar canciones en español, lo hacía muy natural, sin acento”.

Winanda añade que “esto a veces me ponía en situaciones especiales, en las que los periodistas me preguntaban después de una actuación cómo era vivir en el exilio”. Más allá de ese tipo de equívocos, para la cantante fue “bonito que jamás los chilenos me hicieron sentir que no tenía derecho a representarlos… La lucha chilena fue tan grande que cuando terminó la dictadura y los grupos volvieron a actuar en Chile, me decepcionó mucho que yo no pudiera estar allí”.

UNA PIEZA DE COLECCIÓN

Un año después de su reorganización, en 1979, Amankay decidió plasmar en un disco su nuevo repertorio. De la producción se encargó Vrije Muziek -la organización creada a partir de la colaboración del centro político cultural holandés Sjaloom, dirigido por Piet Reckman, el sello Dicap en Holanda y el chileno Jaime Moreno– que los acompañó e incentivó en toda su carrera.

La carátula es un adecuado complemento de la calidad musical (ver fotografía). Sobre un fondo amarillo opaco, un dibujo de dos rostros fusionados, desde los cuales emerge una paloma, remite inicialmente al muralismo de la Unidad Popular. Pero una apreciación más atenta advierte miradas melancólicas y bocas cerradas, expresiones distantes de los gestos indignados frente a la explotación o luminosamente esperanzados en un futuro mejor, predominantes en los murales de antes del Golpe.

Su autor es el pintor Víctor Contreras Tapia, radicado en esos años en Berlín Oriental junto a su padre, un ex parlamentario y alcalde comunista.

En Chile, Contreras había militado en la Brigada Ramona Parra y en el destierro pintó murales, hizo dibujos y grabados. Y, por supuesto, diseñó carátulas de discos y afiches.

Contreras fue sugerido a Amankay por otro chileno, Hugo Bascuñán, director del Centro Cultural Salvador Allende, en Rotterdam, donde Contreras montó una exposición y conoció la música del grupo. “Asistí a un concierto de Amankay y me gustó su trabajo, algo más moderno que ‘el Quila’ o ‘el Inti’”, relató para este artículo.

Wang cuenta que “el contacto fue bastante indirecto, recibimos su proyecto, nos gustó y lo aprobamos rápidamente. Era, además, consecuente con la estética que conocíamos de la Ramona Parra, y también porque había una gran urgencia, puesto que la salida del disco era inminente y sólo faltaba el diseño de la carátula”.

DE NEGRI Y MANDELA

Contreras, quien firmaba sus carátulas como “Tapia”, derivó a la dramaturgia y se radicó en Madrid. Escribió a mitad de los años 80 la canción “Para seguir viviendo”, con la que Illapu rinde homenaje a Rodrigo Rojas de Negri, el joven fotógrafo quemado vivo por una patrulla militar en 1986. También es autor de otro tema de Illapu: “Mande, Mandela”.

En lo estrictamente musical, las 10 canciones del disco están divididas en partes iguales entre instrumentales y cantadas.

Entre las primeras hay una del folclor paraguayo -“Isla Saca”- y tres del folclor andino: “Despedida de Salta”, “Paisaje de Chijini” y “El Mercado”. El arreglo de esta última fue hecho para la banda sonora de un documental holandés, titulado en español como “Los ricos también mueren”, sobre la vida de los curas obreros en América Latina. Todas lucen alta pureza sonora, sin efectismos superfluos.

La portada del disco diseñada por el pintor exiliado Víctor Contreras Tapia.

El quinto tema instrumental (“Documentos”) fue creado por Wang para una obra hecha para cine y danza. Tomó vuelo propio, pues fue usado recurrentemente como música incidental en documentales que abordan el Golpe de Estado, especialmente el bombardeo a La Moneda.

Musicalmente, se trata de una creación de enorme valor en el repertorio de la música del exilio, al mezclar precursoramente elementos contemporáneos y folclóricos. El musicólogo Mauricio Gómez Gálvez, estudioso de la obra de Wang, explica que “en esta pieza de 1978 se opera, por primera vez en la obra de Wang, un mestizaje extremadamente singular entre elementos provenientes del minimalismo y de la música tradicional andina”.

Tres de los cinco temas cantados son también políticos.

LA REPRESIÓN

“Als een Vrije Vogel” (Así te quiero) es una canción de cuna interpretada en holandés por Winanda, reafirmando la arista bilingüe del grupo. Wang la aportó a la obra teatral “Een lange nacht”(Esta larga noche), del dramaturgo Jorge Díaz, que trata sobre cuatro mujeres chilenas prisioneras de la dictadura. una de ellas le canta esta canción al hijo que está por nacer de otra reclusa. En 1978, la obra fue presentada en holandés por el grupo “La Nueva Comedia”.

“Chile, escucha” fue hecha por Wang junto al escritor, periodista y relevante dirigente comunista Fernando Quilodrán, exiliado en Holanda. Describe el anhelo del retorno de todos los chilenos obligados a vivir lejos de la patria. Su título fue un guiño y homenaje al programa “Escucha Chile”, emitido por Radio Moscú.

“La represión” es un tema del “Oratorio de los Trabajadores”, disco grabado por el conjunto Huamarí y publicado en 1972. La letra pertenece a Julio Rojas y la música al posteriormente director de Barroco Andino, Jaime Soto León. Este tema también lo grabó Quilapayún, en 1975.

Su contenido rememora la represión desatada en 1948 por el gobierno de Gabriel González Videla en contra del Partido Comunista, que había sido parte de su administración, a través de la llamada “Ley Maldita”. Con este tema ocurre algo similar a la última versión del “Canto General” de Aparcoa, que en el exilio modificó su primera versión de 1971 para vincularla con la nueva etapa represiva.

“La Represión”, al no explicitar su letra las circunstancias históricas concretas a las que alude, bien pudo sugerir a los oyentes inadvertidos de su origen, la persecución desatada por la DINA (el principal servicio represor de la dictadura) en contra del Partido Comunista, que en 1976 sufrió consecutivamente el exterminio de dos direcciones clandestinas.

EL GAVILÁN DE VIOLETA…Y DE AMANKAY

Los dos restantes temas del disco son recreaciones de “El gavilán”, la compleja creación de Violeta Parra, pensada como una obra coreográfica.

Es otro de los méritos de Amankay. Su abordaje en 1979 para “El gavilán” es el primero de este tema que la crítica ha definido como uno de los más complejos de la artista. Con posterioridad, Quilapayún incluyó el arreglo de Wang en su disco “La revolución y las estrellas” (1982), con Isabel Parra como solista.

Los títulos de ambos temas (“El gavilán de Violeta” y “Postdata del gavilán”) anticipan por sí solos variantes importantes hechas por Wang a la versión original.

En sus apreciaciones para este artículo, Wang relata su sorpresa inicial al descubrir esta obra, a la que califica como un “ovni musical”.

“A mediados de los años 70, mientras estudiaba en el Conservatorio Real de La Haya, llegó a mis manos, no recuerdo muy bien cómo, una cassette con grabaciones caseras de Violeta Parra, grabada en París, donde aparecía una especie de objeto extraño cantado, pero que no parecía tener nada que ver con una canción”.

“Además, para el estudiante de guitarra clásica que era yo entonces, no dejaba de sorprenderme la sofisticada parte de guitarra tocada por la misma Violeta, que tampoco era un convencional acompañamiento de canción. Parecía más bien una pieza instrumental escrita especialmente para ese instrumento, ciertamente con reminiscencias de una cierta resonancia folclórica, pero lejos de cualquiera expresión musical convencional”, recuerda.

La virtud del arreglo de Wang para “El gavilán de Violeta”, con una duración de 5:26, es haber convertido ese largo lamento unidireccional lleno de quejas hacia su amante ingrato, en una confrontación dramática entre ella y este personaje “mentiroso, veleidoso”, que en esta versión adquiere existencia propia, mostrándose despreciativo de la pena de su amada.

LUCHA HASTA EL FINAL

Así, los reproches entonados por Winanda, representando a Violeta, son respondidos a cuatro voces por los músicos masculinos -“como una hidra multicéfala”- que repiten frases de la solista, como lo hacen los niños a modo de burla.

La “Postdata del gavilán” tiene un propósito distinto al arreglo principal, pues aquí Wang introdujo variantes armónicas de las que carece la original. Dura 1:21 y en ella desaparece la confrontación entre la amada y su amante. Winanda y sus compañeros lo cantan como un coral a cuatro voces sobre un alegre ritmo de cueca.

La valía de Wang y de Amankay no se limita a haber sido los primeros en atreverse a abordar una creación tan singular dentro de la música popular chilena, sino que además haber enriquecido la intencionalidad de Violeta, al profundizar la relación de ella con ese amante que tanto la hizo sufrir.

“El gavilán de Violeta se grabó luego de presentarlo un par de veces en nuestros conciertos y fue uno de los temas que siempre mantuvimos en el repertorio. Un tema que nos gustaba cantar, que nos dio muchas satisfacciones y que estuvimos orgullosos de presentar. Fue históricamente el primer arreglo y montaje que se hizo de esta curiosa creación de Violeta, y nuestra grabación dio pie para que otros se interesaran en ella”, concluye Wang.

Al evaluar el disco en su totalidad, Wang señala que “todo el disco estaba destinado al apoyo de la lucha contra la dictadura”, pero “nuestra tarea era además aportar una visión artística y una proposición musical novedosa, no solamente cantar slogans o crear panfletos políticos, porque esa es también una buena manera de luchar contra el fascismo y las dictaduras como la que sufrió Chile durante tantos años”.

Con este alabado disco, Amankay afrontó la última etapa de su carrera.

(Continuará…)