Si de ahorrar se trata, termine con esa entelequia de “Estadio Seguro”, Presidente Piñera

En el lapso de pocos meses, entre el estallido y la pandemia, el ministerio del Deporte ha visto recortado su presupuesto en 23 mil millones de pesos. Una medida nada de descabellada ni ilógica, considerando el avance del Coronavirus. Pero como esto recién está empezando, le sugerimos seguir ahorrando recursos fiscales que por años han sido lanzados literalmente a la basura.

Por EDUARDO BRUNA. Foto de Agencia Uno.

En pleno estallido social, al deporte se le restaron 6 mil millones de pesos del presupuesto de 148 mil millones contemplados por el Ministerio de Hacienda para el 2020. En plena pandemia, hubo un nuevo recorte, por otros 2 mil millones, pero como toda la estrategia para combatir la crisis sanitaria ha resultado digna de “maestros chasquillas”, y los contagiados y muertos siguen cayendo como moscas, el Ejecutivo y el ministro de la cartera, Ignacio Briones, decidieron seguir recortando otros 23 mil millones, que finalmente quedaron en 15 mil luego de las habituales negociaciones y pataleos.

El recorte, lo tenemos claro, no puede considerarse para nada un despropósito, considerando que una pandemia en un comienzo mirada a huevo, porque la economía tenía que seguir funcionando, necesita de recursos gigantescos para ser combatida. Sin embargo, llama la atención el que otras carteras, como Economía, por ejemplo, no haya sufrido recorte alguno por el lado del Turismo, considerando que la actividad está igual de deprimida.

Como nuestro capaz y honesto Presidente ha hecho reiterados llamados a la unidad y al aporte de todos luego de ver como a él y a Mañalich esto se les fue de las manos, y “humildemente” ha pedido que todos le colaboren poniendo “su granito de arena”, como les gusta decir a los reyes de las frases hechas y huecas, con la misma humildad nos sumamos a esta cruzada nacional, aportando una idea tan obvia como genial: Ponga fin, señor Piñera, a “Estadio Seguro”, una entelequia que, desde que usted inventó, en su primer mandato, nunca ha servido para nada, como no sea para drenar recursos del Estado y darles pega a los amigos.

¿Le suena a usted, lector, el nombre Cristóbal Lladser? Si no es pariente o amigo, de seguro que no le suena para nada. Con decirle que hasta yo, que como periodista tengo el deber de estar informado, ignoraba quién estaba a cargo de este esperpento de organismo público. Tuve que ir a Google, fíjese, para averiguarlo. Y sólo después de ese trámite me enteré de que este señor Lladser, 33 años, abogado, corta mes a mes sus buenos milloncitos por hacer una pega que, aparte de no servir para nada, en todo este período negro de pandemia ni siquiera ha tenido necesidad de moverse del escritorio, toda vez que el fútbol, como es natural por lo demás, está en absoluto receso y seguirá de esa forma quizás hasta cuándo.

Por lo demás, Estadio Seguro no funciona sólo con el bueno de Cristóbal. No serán muchos, imagino, sus subordinados, pero como todo organismo estatal que se precie debe contar igual con varios “gomas” militantes de los partidos del gobierno de turno y amigos que, por tener una peguita segura y bien remunerada, son hasta capaces de encontrar ameno y buen orador al Presidente.

En otras palabras, mantener esta farsa de “Estadio Seguro” le significa al Estado sus buenos pesos al año, con el agravante de que se trata de un servicio tan útil como un cenicero en una moto.

Para que la gente entienda mejor cómo funciona el Estado chileno, sabroso botín para aquellos que ejercen el poder, hay que decir que Sebastián Piñera inventó esta tontería con el único fin de darle una pega buena y bien remunerada a un gañán que, de mandar curriculums, sólo habría podido aspirar a un trabajo de esos que igual son necesarios, pero que con suerte al laburante le significan al mes 350 o 300 luquitas. Se trata de Cristián Barra, un operador político de los partidos de derecha que sólo pudo escalar gracias a su estrecha amistad con el actual ministro de Defensa, Alberto Espina, y a través suyo llegar a ser conocido por Piñera.

Cristiancito, que para dibujar la “O” seguramente recurría a una moneda, se forró durante el primer gobierno de Piñera y sigue forrándose ahora, sólo que en un cargo distinto y con mucho menos exposición pública. No le cortan la cabeza por menos de 8 milloncitos al mes. ¡Háganme esa, cabros estudiantes universitarios…!

Ingenuamente, pensé que Michel Bachelet terminaría con este despilfarro de recursos fiscales al asumir su segundo mandato. Que, si no cachaba mucho, puesto que de fútbol se trataba, sus honestos asesores le iban a aconsejar que le bajara la cortina a este nauseabundo invento. Las pinzas. Lo mantuvo, porque había que pensar en todos esos concertacionistas fieles que se habían quedado sin pega.

El simpático paquetito, ¿por qué quién se va a enojar de ganar buena plata por hacer nada?, le cayó a José Roa, director del Sernac durante el primer gobierno de su Presidenta. Que a lo mejor Pepito jamás hubiera visto un estadio por dentro, que pensara que la pelota salta porque adentro tiene un conejo, ¿a quién podía importarle? Es como el caso de la actual ministra del Deporte, Cecilia Pérez, que de “vocera”, productora de tantos anticuerpos como su jefe, pasó a ser titular de una cartera sin haber jugado nunca ni a la payaya.

No se traguen este buzón, muchachos. “Estadio Seguro” ha sido siempre una completa inutilidad. Las zafacocas se han seguido produciendo, por más que a cargo de este invento hayan estado eminencias como Cristiancito Barra y Pepito Roa. El mismo anónimo Cristóbal Lladser se ha salvado del papelón sólo porque entre estallido y pandemia prácticamente no ha habido fútbol.

Bájele la cortina a este esperpento, Presidente. El Estado se ahorraría sus buenas lucas para dedicarlas a algo mucho más útil y el fútbol -estamos más que seguros- no perdería absolutamente nada.