Sigue intacta la podredumbre en la FIFA

Sigue intacta la podredumbre en la FIFA

Cuando el escándalo de la FIFA parecía cerrado y olvidado, un fiscal suizo abrió una investigación contra el máximo mandamás del fútbol, Gianni Infantino, por abuso de autoridad, violación del secreto de función y obstaculización de la acción penal. Otro fiscal, acusado de colusión con el dirigente, presentó su renuncia.

Por JULIO SALVIAT

Si Estados Unidos no se hubiese picado por el hecho de perder la opción de organizar un Mundial, los dirigentes del fútbol de los cinco continentes todavía estarían robando impunemente. Indignados por la manera en que fueron desplazados, los gringos encargaron al FBI la misión de encontrar lo que todos sabían y nadie denunciaba: la evidente corrupción en el mundo del fútbol.

Cuando la policía suiza recibió los antecedentes de la investigación, en mayo de 2015, actuó con rapidez. En un operativo perfectamente sincronizado, irrumpió en el hotel Baur au Lac, en Zurich, y salió de ahí con siete funcionarios de la FIFA esposados. Pocas semanas después eran 14 los acusados. Y no tanto después, la cifra había aumentado a 92.

Con las condenas, el FIFAgate pareció caso cerrado. Pero no.

También pareció que la drasticidad iba a ser un pararrayos para futuras maldades. Pero otra vez no: el jueves último un fiscal general extraordinario de la justicia suiza abrió un proceso penal nada menos que contra el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y contra un fiscal del cantón de Haut-Valais, Michael Lauber, encargado justamente de profundizar la investigación del FIFAgate. Cargos: abuso de autoridad, violación del secreto de función y obstaculización de la acción penal.

Infantino, un suizo-italiano de 50 años, fue el sucesor de Josep Blatter, el adalid de los ladrones del fútbol, en febrero de 2016, después de desempeñarse durante década y media en los más altos cargos de la UEFA, donde aprendió todas las artimañas en asuntos legales y comerciales propios del balompié. Con el descabezamiento de la directiva de Blatter, llegó al cargo máximo de la FIFA con la misión de restaurar la imagen de ese organismo.

Apenas cumplidos cuatro años de gestión, ya había olvidado sus deberes. A ese fiscal extraordinario, Stefan Keller, le pareció sospechosa la cantidad de reuniones que Infantino tenía con Lauber e inició una investigación que concluyó con indicios de conducta criminal. Y esto derivó en la investigación iniciada contra el dirigente y la renuncia del fiscal, ambos acusados de colusión y encubrimiento.

Desde hace muchos años, la cúpula del fútbol mundial y de los organismos continentales son considerados una mafia. Y algo así se comprobó en el FIFAgate, que dejó al descubierto prácticas frecuentes de sobornos, fraudes y lavado de dinero.

De los 92 condenados, 18 son sudamericanos. Y entre ellos destaca nuestro gran abanderado: Sergio Jadue, salvado reiteradamente de la cárcel por su generosa entrega de información. Pero los demás tampoco lo han pasado tan mal: apenas uno, el paraguayo Juan Naput, está entre rejas. Otros dos esperan condena. Y a tres los salvó la muerte: el también paraguayo Nicolás Leoz, el boliviano Romeo Osuna y el brasileño José Hawille. ¿Los demás? En libertad, algunos con restricciones.

Las penas para los condenados han sido variadas: algunos quedaron en libertad bajo fianza o condicional, otros salieron de la cárcel por razones humanitarias, varios viven con arresto domiciliario. Y no faltan los que sufrieron el embargo de todos sus bienes o están con juicios pendientes o pagaron con algunos años de cárcel. Tres están a salvo: los brasileños Marco Polo Del Nero y Ricardo Texeira y el peruano Manuel Burga. Los tres todavía le agradecen al cielo que en sus países sólo haya extradición para los narcotraficantes.

Mientras tanto, Blatter, que estaba fondeado y sin hablar, ahora levantó la voz para vengarse de su sucesor: “Para mí, la situación está clara: el Comité de Ética de la FIFA tiene que abrir un caso contra el señor Infantino y suspenderlo”.