Sin códigos, Dios ni ley: el carrusel de las “bancas calientes”

Tres técnicos ya fueron desvinculados luego de sólo cuatro fechas del torneo chileno. Walter Erviti no tuvo compasión en Audax, aunque al llegar declaró que venía al club “por voluntad de Dios”.

Por CAMILO REY / Foto: ARCHIVO

Que el fútbol chileno tiene sus propios códigos e, incluso, no se somete a cultos ni religiones en los dominios de su industria, quedó demostrado tras la salida de los tres primeros directores técnicos de la temporada, cuando apenas se jugaron cuatro fechas del campeonato.

Universidad Católica, Everton y Audax Italiano no dudaron en cambiar rápidamente a sus entrenadores, tras los deficientes resultados de las primeras jornadas. En los cruzados y en los viñamarinos pesó, además, la eliminación de la fase preliminar de la Copa Sudamericana y la pérdida de un premio millonario por clasificar.

Católica ya descartó a Eduardo Berizzo –hoy viviendo en España luego de desechar un cargo en O’Higgins- y apenas desvinculado Nicolás Núñez (foto principal) ahora puso su atención en Gabriel Milito. El argentino fue ofrecido anteriormente por su oficina de representación a Colo Colo y la “U”, y a despecho del bajo rendimiento alcanzado con O’Higgins hace algunas temporadas, ahora asoma con el favoritismo de la dirigencia y la gerencia deportiva de la UC. Rodolfo Arruabarrena es la opción alternativa.

ENTRE DIOS Y EL “PUTO AMO”

El defenestrado Núñez no tuvo tiempo de plasmar su proyecto en la cancha, para el cual tampoco recibió apoyo de un camarín complejo y debió irse por culpa de una cláusula –ingenua, de su parte- que le permitía al club revisar su producción tras la primera fase copera. Un DT joven en un vestuario avezado no siempre genera sinergía, a menos que el líder se convierta en el autoritario “puto amo” que necesitan los equipos con figuras de trayectoria…

En tanto, regido por la administración que también opera al Pachuca mexicano, Everton trajo rápidamente al argentino Esteban Solari para ocupar el “banco caliente” que pocas horas antes pertenecía a Francisco Meneghini, sin resultados recientes tan negativos en su registro.

Acaso el episodio más pintoresco fuera el de Audax Italiano, cuyo presidente Gonzalo Cilley anunció a principios de 2024 su intención de convertir a los verdes en “un club ejemplar”. En ese contexto llegó el técnico argentino Walter Erviti, quien se mostró desde el comienzo como un personaje singular: “Yo no me siento un entrenador, soy una persona que está acá por la voluntad de Dios y vengo a glorificar a Dios”, declaró entonces.

En la primera rueda de prensa desconcertó a los jóvenes reporteros con un mensaje tan profundo como utópico. «Mi principal objetivo no es ganar partidos, sino que el equipo tenga una identidad, que haga las cosas de manera honesta, ética y que sea un ejemplo para la sociedad”, propuso con la lúcida intención de un pastor.

Sin embargo, a un mes de su frustrada experiencia, el buzo de Erviti ya tiene otro dueño y el mundo sigue andando. Sin más códigos, Dios ni ley, que aquellos valores que, de acuerdo a las épocas, se impone el fútbol chileno a sí mismo…