Sin fútbol ni pasión: lo menos clásico fue el triunfo de Everton…

Wanderers sigue en el fondo de la tabla y su rival tradicional aprovechó la ventaja para quedarse con los puntos de un clásico plano y deslucido, definivamente «light».

Por DANIEL PÉREZ PAVEZ

Para los amantes de la estadística -esa rama más cercana a la ingeniería que al periodismo-, el triunfo de Everton sobre Wanderers en un clásico de «poca monta«, resultó un disfrute para el lucimiento de los números. Y es que lo viñamarinos no ganaban hace cinco años a los porteños en su duelo vecinal, y sumaban ya quince desde que lo habían derrotado en la hermosa bombonera de Sausalito.

Sin embargo, el fútbol es mucho más que las cifras que a menudo necesitan un contenido y una interpretación de las mismas. Esas rachas de los equipos obdecen a procesos futbolísticos y no siempre reflejan una constante de rendimiento. Esta vez, Everton tuvo uno de los escasos aciertos de un partido chato y deslucido para liquidar tanto equilibrio con un adversario mñas atribulado que el Gobierno.

A diferencia de un equipo -Everton- que es operado en forma remota desde México, Wanderers atraviesa un presenta ingrato en medio de las tribulaciones de su gente entre los cerros y el puerto. El fin de semana pasado, un grupo de seudo barristas colocó un artefacto explosivo en la casa del presidente del club y sumaron esa dosis de terror a una situación demasiado adversa en lo futbolístico, con una campaña que los mantiene en el fondo sin muchas expectativas de sobreviva en el torneo…

Sin fútbol, pasión ni jerarquía

Como sea, el partido fue tan luchado como áspero, impreciso en el manejo de la pelota pero nunca mezquino en el despliegue fisico ni la guapeza para luchan cuando escasea el fulgor técnico. En el medio se centraron las fricciones, las tarjetas y la busqueda de claridad para trascender a las áreas. Más que la presencia dominante de Waterman cerca del área, Everton tampoco tiene mucho tejido colectivo, pero a los porteños se les nota más su precariedad en la construcción del juego.

Después de la letanía del primer tiempo, la reanudación brindó algunas emociones. Entre las escasas opciones de gol, la más propicia nació de un pase largo al a´rea porteña a los 58, que Menéndez amortiguó de pecho y la conectó antes del achique del portero Viana.

Ni golazo ni golcito, claro, pero suficiente argumento para definir un clásico que no entrará a la historia. Salvo, claro, por la anécdota emotiva, que ya está en la galería de los lugares comunes de los relatores radiales y de TV: el gol y la celebración en honor al técnico del equipo -el argentino Sensini- quién perdio a su madre durante la semana.

El gol, claro, fue previamente fue anulado por la asistente Toloza, pero una vez más el VAR cobró por su cuenta y desautorizó a la ayudante del árbitro González.

Más tarde, savo un remate de Canelón que se aproximó al empate, lo demás no mejoró demasiado la imagen de un clásico light, sin pasión ni jerarquía de tal.Que deja más números pero no regala estímulos duraderos para la memoria…

PORMENORES

Campeonato Nacional. Estadio Sausalito. Árbitro: Felipe González

Everton (1) F. Torgnascioli; S. Pereira, J. Barroso, D. Oyarzún; D. Zúñiga, R. Echeverría, B. Rivera, G. Moya (C. Bravo, 66’), A. Ibacache (C. Díaz, 76’); C. Menéndez (M. Cerato, 84’), C. Waterman (M. Campos, 84’). (DT: Roberto Sensini)

Santiago Wanderers (0): M. Viana; L. García, D. González, J. M. Aja, F. Kidd (G. Rojas, 62’); N. Canelón, M. Villarroel, F. Alarcón, M. Medel (B. Bustamante, 84’); S. Ubilla (A. Jara, 62’), M. Cabrera. (DT: Víctor Rivero)

Expulsado: Aldrix Jara (Santiago Wanderers, 93′)

Gol: 58′ Benjamín Menéndez (E)