Singapur ahorca a una mujer por traficar 30 gramos de heroína

Es el primer caso de pena de muerte contra una fémina en casi dos décadas, y provocó la airada protesta de grupos de Derechos Humanos.

Por EL ÁGORA / Foto: ARCHIVO

Singapur ejecutó a una mujer por posesión y posible tráfico de 30,72 gramos de heroína, en medio de protestas de los detractores de la pena de muerte, que dicen que el castigo no disuade el uso o la disponibilidad de drogas, y que es tremendamente desproporcionado con la falta cometida.

Saridewi Binte Djamani, de 45 años, fue ahorcada el viernes tras ser condenada en 2018 por la posesión de droga, según la Oficina Central de Narcóticos de la república parlamentaria asiática.

“La Ley sobre el Uso Indebido de Drogas establece la pena de muerte si la cantidad de diamorfina traficada es superior a 15 gramos. Y 30,72 de diamorfina es más del doble de esa cantidad, y suficiente para alimentar la adicción de unos 370 consumidores durante una semana”, dijo la oficina en un comunicado.

A pesar de un recurso y un intento de obtener un indulto presidencial, se impuso la pena a Djamani, lo que la convierte en la primera mujer ejecutada en Singapur desde Yen May Woen, ocurrida en 2004 y también condenada por delitos asociados a las drogas.

Singapur argumenta que sus duras leyes contribuyen a disuadir los delitos de drogas en la ciudad-estado, pero los defensores de Derechos Humanos no están de acuerdo.

Phil Robertson, subdirector para Asia de Human Rights Watch, calificó de inhumanas las políticas de Singapur y de draconiana su ley sobre drogas.

“La ejecución de Saridewi Djamani, la primera mujer en décadas que va a la horca, demuestra que este esfuerzo galopante por demostrar que el gobierno es duro con las drogas no perdonará a nadie. La pena de muerte es un castigo intrínsecamente cruel e inusual que no debería aplicarse a nadie”, dijo en un comunicado.

En tanto, Chiara Sangiorgio, de Amnistía Internacional, afirmó que “no hay pruebas de que la pena de muerte tenga un efecto disuasorio único ni de que repercuta en el consumo y la disponibilidad de drogas en el país. El único mensaje que envían estas ejecuciones es que el gobierno de Singapur está dispuesto a desafiar una vez más las salvaguardas internacionales sobre el uso de la pena de muerte”.