Solari se va… ¿adiós a un ídolo?

Claro, más de alguno, con el tiempo, tratará de restarle valor al invento de El Pibe en Talca. Muchos que creen que solo ellos son merecedores de la gloria eterna y del amor incondicional, dirán que Solari no tiene los méritos, la estatura ni la trascendencia para ser considerado un ídolo de un equipo como el albo.

Por SERGIO GIBERT J.

El 17 de febrero de 2021 a Pablo Solari se le ocurrió de repente inventar una jugada de esas que solo se crean por desesperación o por simple obra del desparpajo: enfrentó al lateral de Universidad de Concepción Leandro Díaz y enfiló rumbo al arco penquista sin que nadie osara tocarlo para evitar derribarlo. Mal por esa defensa. El Pibe sacó la derecha y con remate ni tan fuerte ni tan colocado, doblegó al arquero Guillermo Reyes.

Medio Chile (un poco más, un poco menos) estalló en un grito desahogado.

Fue ese el primer gol de Solari en su carrera futbolística de Primera División. Dato menor y hasta anecdótico porque lo verdaderamente trascendente de esa jugada iluminada, sorpresiva y ejecutada con un poco de ritmo de ballet (si se ve en cámara lenta) es que ella salvó a Colo Colo de caer, por primera vez, en las garras de los llamados “potreros”. Es decir, el Ascenso, la Primera B, la segunda categoría.

El chico argentino de 19 años inscribió así, sin pedirle permiso a nadie, su nombre en la historia del club más popular de Chile. De eso no hay dudas. ¿Acaso no es así? Sí, lo es, porque en 40 años más, cuando Solari esté retirado en su casa, lejos del fútbol, pensando en cualquier cosa menos en realizar cachañas, cada 17 de febrero habrá alguien que lo llamará para recordarle esa tarde en Talca y pedirle que relate, por vez millonésima cómo fue que hizo esa jugada temeraria e irracional en un momento de máxima tensión.

Y Solari agrandará ese gol, dirá que lo soñó, que fue el momento más espectacular de su carrera. Y se ganará de nuevo ese aplauso que sintió aquella tarde lejana en la cancha de Talca. Y la emoción se volverá a sentir como 40 años antes.

Claro, más de alguno, con el tiempo, tratará de restarle valor al invento de El Pibe. Muchos que creen que solo ellos son merecedores de la gloria eterna y del amor incondicional, dirán que Solari no tiene los méritos, la estatura ni la trascendencia para ser considerado un ídolo de un equipo como el albo.

Momentito. Vamos por parte.

Por cierto que si la historia del jugador formado en Talleres termina hoy y no se renueva en el futuro, no podrá estar sentado en la misma mesa de David Arellano, de Colo Colo Muñoz, de Chamaco Valdés, del Chino Caszely, de Marcelo Barticciotto o de Esteban Paredes. Esa es la top, VIP, la vitrina que no se toca.

Pero sí Solari podrá acomodarse bien con otros jugadores albos que alguna vez hicieron un gol decisivo, que marcaron en una final de torneo o de Copa o que sacaron la pelota en la raya para evitar una caída del pórtico propio y que, con justicia, a la hora del recuerdo añejo y borroso, son identificados como ídolos de corazón blanco.

Sí señor. Pablo Solari, ese 17 de febrero de 2021 cuando se le ocurrió de la nada enfrentar el arco rival que parecía inexpugnable, se anotó en la gloria colocolina, escribió un capítulo entero en el libro grande de la historia. 

En suma, se convirtió en ídolo.

Se lo ganó.