Soñar el agua: una retrospectiva del futuro

Recientemente reconocida con el premio de la Bienal de Venecia, el trabajo de Cecilia Vicuña está en un momento ideal para expandir su legado.

Por SEBASTIÁN GÓMEZ MATUS / Foto: GENTILEZA

Como es habitual, el reconocimiento vino primero de afuera, pero el Museo de Bellas Artes ha hecho un gran esfuerzo por presentar esta retrospectiva de Cecilia Vicuña, disponible desde el 11 de mayo al 3 de septiembre.

Al entrar al hall del museo, lo primero que uno se encuentra es una gran instalación titulada “Quipu menstrual” (“La sangre de los glaciares”), hecha de lanas naturales teñidas a mano con tonos rojos y terracota, quizá aludiendo a la hematita, cuyo significado es “sangre como piedra”. Tal vez la metáfora es pensar las montañas, la cuna del agua, como sangre. Montañas de sangre, sangre de montañas.

Gracias al financiamiento del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, ésta es la primera retrospectiva que se realiza de la artista chilena en un museo chileno desde 1971, en el olvidado, si no clausurado, espacio de “Exposiciones Transitorias”, donde presentó unos dibujos que también se encuentran incluidos en esta retrospectiva.

Por supuesto, y como cabe dentro del programa cultural del Ministerio, la retrospectiva está anclada en el contexto de los 50 años del Golpe de Estado. Si bien el arte de Cecilia Vicuña es política y feminista, ecológico y latinoamericanista, sería útil intentar sacarla de esos eslabones de recepción, puesto que reducen su trabajo a etiquetas rápidamente capitalizables por ciertos sectores de la cultura. En otras palabras, sería provechoso ver el arte como arte y no sólo como una herramienta de lucha, a pesar de lo política de su obra, como lo son las “Palabrarmas”.

A nivel de montaje, la parte que más inspira una nueva etapa en su trabajo, son los Precarios, estas esculturas mínimas, delicadas, hechas con cosas encontradas en las arenas de Concón. Días en que seguramente compartió con el poeta Claudio Bertoni, cuya presencia amorosa y amistosa en la etapa de formación de Vicuña es trascendental. Ambos supieron potenciar sus trabajos desde el amor y desde la comunidad, como lo acredita la Tribu No.

La artista se refirió de la siguiente manera a la muestra en Bellas Artes: “La exposición es una especie de retrospectiva del futuro de mi obra. No solamente del pasado y del presente, sino de lo que mi obra puede ser ya regalada a la vida, a la cultura de Chile. Es una invitación a participar en la transformación de nuestra realidad para parar la destrucción del medioambiente”.

Más claro echarle agua. Recuerda esta idea de Teillier: nostalgia del futuro, que toma de Erich von Däniken. Cabe destacar que Vicuña es una ecologista de primera hora y una poeta conceptual de no menor interés, pero que lamentablemente es su faceta menos conocida, al menos entre el público visual. De hecho, podríamos decir que parte de la poesía llega a las artes visuales, uniendo ambas cosas por este concepto de “hilo” que desarrolla a lo largo de su obra.

Vicuña supo cuidar las metáforas que generan un ramaje en su trabajo, lo que la hace una poeta de obras visuales. Hace poco, en la colección de poesía chilena de Lumen, se publicó “Punto de Cruz”, una antología de su trabajo poético.