Superado el paro, a la ANFP y a Milad se les viene el lío de Lautaro

El flamante campeón de Segunda, y como tal nuevo integrante de la Primera B, compitió dos años sin cumplir con los requisitos de toda SAD. O nadie se dio cuenta o todos se hicieron los tontos. Si existiera la Federación Chilena de Fútbol, como era antes, por sobre e independiente de la ANFP, podría esperarse la ocurrencia de muchas menos irregularidades, sinvergüenzuras y escándalos.

Por EDUARDO BRUNA

A pocas horas de comenzar la temporada futbolera 2021, con el encuentro por la Supercopa entre Universidad Católica y Colo Colo, lo que supone una desprolijidad para nada nueva en nuestro fútbol, el Consejo de Presidentes de la Asociación Nacional de Fútbol (ANFP), decidió revisar la medida de otorgar sólo medio cupo para el ascenso a la Primera B de los clubes de la Segunda División, acordando ahora que el campeón de esta serie subirá en forma directa.

Los 42 votos a favor de esta decisión hicieron que el Sindicato de Futbolistas Profesionales, encabezado por Gamadiel García, levantara el paro al que habían convocado, con lo cual el encuentro de este domingo entre “cruzados” y albos se disputará con los jugadores estelares y el Campeonato Nacional, cuyo comienzo está fijado para el viernes 26 de este mes, partirá en forma normal.

Como sea, no cabe duda de que la dirigencia del fútbol -ANFP y clubes-, protagonizaron un nuevo papelón. Porque cuando en un Consejo anterior adoptaron la abusiva y descarada medida de intentar impedir por todos los medios que otras instituciones lleguen a la ANFP, y con ello recibir los generosos recursos que les otorga el canal que tiene los derechos del fútbol, debieron suponer que una medida tan aberrante como la adoptada, que no existe en ninguna competencia del mundo, iba a provocar el consiguiente escándalo mediático y la intervención del Sindicato de Futbolistas Profesionales (Sifup).

Como tantas otras veces, tratando de que la evidente sinvergüenzura pasara inadvertida, o fuera mansamente aceptada, los clubes de nuestro fútbol, y el organismo que los agrupa y los rige -la ANFP- perseveraron descaradamente en el abuso, sin tomar en cuenta para nada que, así como Chile cambió o pretende cambiar tras el estallido social, la actividad de una vez por todas debe recuperar la normalidad y la honestidad perdida desde que los poderes fácticos de este país implantaron a sangre y fuego, saltándose incluso la ley, el nefasto y corrupto sistema de Sociedades Anónimas Deportivas que hoy nos rige.

No es que con el antiguo sistema de Corporaciones de Derecho Privado sin fines de lucro nuestro fútbol fuera un medio perfecto, idílico e impoluto. También se tomaban malas decisiones y por ahí más de un sinvergüenza hacía de las suyas, sólo que, comparándolo con lo que ocurre ahora, resultaba un sistema que no en vano funcionó en forma más que aceptable durante más de siete décadas.

Dicho claramente: los pocos pillines de antes eran niños de pecho comparados con los caraduras que actúan ahora.

¿No era mejor introducirle mejoras al sistema vigente antes que sobre la actividad se dejara caer esta verdadera plaga de langostas?

El problema es que, como están las cosas, nuestro fútbol va al despeñadero. Al gigantesco latrocinio que protagonizó Sergio Jadue, y cuyos cómplices activos y pasivos siguen actuando como si nada, le han seguido hechos escandalosos que, sin embargo, ni siquiera sonrojan a sus protagonistas. Como que los representantes de jugadores manejen a los clubes, diciéndoles lo que deben y no deben comprar. Como que haya inversionistas que tienen intereses en dos o más clubes, con todo el manto de irregularidad que ello conlleva. Como que los “factoring”, cuyos dueños tienen intereses en algunos clubes, hagan su agosto prestándoles dineros con intereses usureros a ciertas instituciones.

¿Cómo es posible además que, a dos semanas de la venta de sus acciones de Azul-Azul, por parte de Carlos Heller, en más de 20 millones de dólares, todavía no se sepa quiénes están detrás de esa compra? Y si, como se sospecha, se trata de los dueños de un club cercano a la capital, extranjeros para más señas, ¿quién puede garantizar la limpieza el día que por un duelo importante por el título, descenso o por un cupo en un torneo internacional, deban enfrentarse azules y ese cuadro que posee idénticos dueños?

¿Alguna vez se ha sabido, por último, en nombre de qué accionistas de Blanco y Negro viene operando por años el señor Leonidas Vial? Porque él dueño no es de esos títulos. Es un simple intermediario a través de su corredora y, sin embargo, hasta se ha dado el lujo de imponer como cabeza de la concesionaria a un delincuente de cuello y corbata, como Gabriel Ruiz Tagle.

La superación del paro de futbolistas no significa, sin embargo, que las aguas en Quilín se hayan aquietado. El problema que se les viene encima puede ser incluso mayor, luego que Fernández Vial reclamara su mejor derecho a ascender a la Primera B, basándose en el claro incumplimiento de las normas por parte de Lautaro de Buin, flamante campeón de Segunda División.

Resulta que, tras denuncias de Unión San Felipe primero, y de Fernández Vial después, se supo que Lautaro de Buin compitió durante dos temporadas en la Segunda División sin tener la licencia con la que debe contar todo club Sociedad Anónima, supervisada por la Comisión para el Mercado Financiero y que debiera haber hecho respetar la Federación Chilena de Fútbol.

El problema es que por años la ANFP se metió en el bolsillo a la Federación, reduciéndola a un organismo que sólo existe nominalmente, pero que no opera para nada. Fue así como, sin Federación en los hechos, Jadue cometió todo tipo de tropelías, que incluyeron evasión de impuestos y robo descarado de dineros provenientes de una Roja que, con su denominada “generación dorada”, era un producto extraordinariamente bien pagado. No sólo eso: contra todas las normas deportivas, fue el primero en inventar un “derecho de llaves” que debían pagarle a la ANFP aquellos equipos que, como campeones de la Segunda División, ingresaban a militar en la Primera B. 

No era una cifra menor: se trataba de más de 2 millones de dólares, con lo que cualquiera de esas instituciones partía en los hechos absolutamente quebrada. Poco cambió con Arturo Salah y luego con Sebastián Moreno en la presidencia. Sólo luego que Deportes Barnechea acudiera a los tribunales se aceptó rebajar ese leonino y abusivo “derecho de llaves” a la mitad.

Meses atrás, la FIFA intervino el fútbol uruguayo. De paso, le “recomendó” a Chile separar claramente a la ANFP de lo que es la Federación. Y aunque la FIFA sigue siendo un nido de gangsters, sólo que ahora más cuidadosos y menos desvergonzados, en esto tenía absolutamente toda la razón. Porque, ¿qué clase de supervisión puede llevar a cabo una Federación que está integrada por los mismos que hacen lo que se les viene en gana a través de la ANFP?

Dicho claramente, la FIFA recomendaba el esquema de los demás países. Como España, por ejemplo, en que quien preside la Real Federación Española de Fútbol, y su respectivo directorio, no tienen nada que ver con aquel personero y dirigentes que manejan la Liga.

¿Qué pasó? Hasta ahora nada. La ANFP sigue actuando por las suyas, reduciendo a la Federación Chilena de Fútbol a su más mínima expresión. Y así como la FIFA tras hacer su “recomendación” miró para el techo, así también los organismos nacionales que podrían y deberían intervenir continúan con un alcahueteo que es sospechoso o derechamente cómplice.

¿Dónde están el Ministerio de Justicia, el ministerio del Deporte, la comisión de deportes de la Cámara de Diputados, Impuestos Internos, la Superintendencia de Sociedades Anónimas y la Fiscalía Nacional Económica, entre otros?

Superado el paro de futbolistas, a Pablo Milad, presidente de la ANFP, no lo espera un Consejo de Presidentes precisamente fácil este martes 24 de marzo, a partir de las 17.00 horas. Y es que los clubes de Primera B impusieron la discusión de un punto que, primitivamente, no estaba en tabla: el caso de Lautaro de Buin, por incumplimiento de la Ley 20.019, de Sociedades Anónimas Deportivas.

Concretamente, durante 2019 y 2020 Lautaro de Buin compitió sin disponer de la licencia que lo habilitaba.

Mientras algunos propugnan que el ascenso de Lautaro se anule, por haber competido en forma absolutamente irregular, hay otros clubes de la Primera B que están derechamente por desafiliarlo y, en consecuencia, sacarlo de la ANFP.

Pero no se crea que, cual Saulo iluminados por un rayo divino, los clubes de Primera B se han propuesto tirarse a la yugular de Lautaro de Buin por razones pura y únicamente éticas. La razón es, ¡cómo no…!, puramente económica. 

Ocurre que, sólo por esta temporada, los restantes 15 clubes de la Primera B deben entregar al recién ascendido un “subsidio” de 5 millones de pesos mensuales cada uno, dineros que, por cierto, a toda costa quieren evitar desembolsar.

Así es que Fernández Vial no debiera hacerse muchas ilusiones. Salvo que a los dirigentes de la Primera B les venga un tan insólito como repentino ataque de justicia y de generosidad. Algo así como que los “súper ricos” de este país, al más puro estilo del magnate gringo Warren Buffet, le pidieran al Fisco a voz en cuello que les aplique de verdad los impuestos que tendrían que pagar.

Empezando por el Presidente…