Técnicos interinos

Técnicos “interinos”: cómo no quemar a entrenadores jóvenes y con futuro

Despedido un técnico, se suele ubicar transitoriamente en el cargo a un profesional de las series menores que muestra mucho futuro. Pero ello es muy peligroso. Lo más probable es que ese entrenador joven fracase y, con ello, vea truncada una proyección que se daba por hecho llegado su real momento.

Por GERARDO SILVA

Pronto empezará a aparecer la figura del entrenador interino en los clubes del fútbol chileno, una situación insoslayable, parte de la iconografía de fútbol criollo. 

Esta figura en la dirección técnica del fútbol es extremadamente poco aconsejable para un entrenador joven y con una corta experiencia, ya que se le priva de la mayor herramienta que debe tener: el empoderamiento del camarín. Su relación interna con el plantel será sencillamente poco valorada por sus dirigidos, quienes seguramente en este periodo, supuestamente transitorio, estarán siempre muy preocupados de lo que acontecerá semanas después con el técnico que llega en su reemplazo definitivo.

Mientras esto sucede, se especula con una danza de nombres, y esta situación lamentablemente los dirigentes no la evalúan con la debida seriedad, y si lo hacen le restan importancia. En su desesperación se precipitan en su decisión y realizan este movimiento predecible, por lo demás. Generalmente, acuden al técnico joven más valorado de sus series menores, lo que a todas luces es un error. 

Sin reparar que un par de semanas a cargo del primer equipo puede llegar a ser letal para este profesional, el directorio genera presión y ofrece esto como una gran oportunidad y prácticamente no le dan otra opción. Es más: se sentirían ofendidos si un funcionario del club se negara a aceptar el desafío.

Por otra parte, este joven entrenador, con muchas y legítimas ilusiones, conociendo la dinámica del fútbol acepta el desafío, pensando que quizás puede ser su única oportunidad. Desde mi perspectiva, no tengo ninguna duda que el directivo que toma esta decisión comete un gran error ofreciendo este cargo a un técnico joven, aunque de proyección, sin evaluar si tiene la madurez necesaria para el cargo y, lo que es más grave, con una urgencia que no le permite a este prepararse ni siquiera para el discurso de entrada.

Por otro lado, este técnico joven de proyección, en su motivación no dimensiona los costos que esto le puede traer y acepta sin un análisis previo. En defensa de ellos, debo señalar que en algunos casos contados con la mano han dado resultado y han podido posicionarse en su puesto de trabajo. Sin embargo, son casos aislados. Existe un gran porcentaje de debut y despedida y, lo más grave, es que la despedida muchas veces es para siempre, porque queda la sensación en el ambiente que tuvo su oportunidad y no la supo aprovechar.

Así las cosas, difícilmente volverá a ser tomado en cuenta.

Cuando la estadía del entrenador se remite a un par de partidos, es conveniente que el directorio le ofrezca el cargo transitorio a un entrenador que tenga la experiencia y una carrera hecha y no tenga ya nada que perder. Debe ser un señor que ya haya dejado de anhelar el puesto de primer director técnico. Como lo he dicho en otras oportunidades, esta figura, «el entrenador experimentado», debe existir en el “staff”​ técnico de un club que se diga profesional, como asesor de los técnicos jóvenes, porque la experiencia no se improvisa y siempre es necesaria. 

Por asumir en estos casos extremos, con medidas apresuradas, nada cuesta destruir la carrera de un profesional que por años se ha  esforzado y se viene preparando para llegar con la madurez necesaria para  enfrentar un desafío de esta magnitud e intentar proyectar su carrera con solidez. Todo tiene su momento, su tiempo y su lugar.

La decisión de cuándo es el momento debe ser siempre del entrenador y el directivo tiene la obligación de respetar y cuidar la integridad de este profesional, porque si le están ofreciendo el cargo de director técnico interino de su primer equipo es porque debe estar haciendo muy bien su labor en el fútbol formativo. 

Mi consejo para los directivos, ahora, ya que muchos deben estar pensando en este proceso de cambio, es que mediten muy bien su decisión y respeten a sus entrenadores jóvenes, que tanto les ha costado prepararse para asumir cuando corresponda y no terminen abruptamente con la carrera de un buen profesional.

Luego de pasar por ese primer equipo lo más probable es que sus motivaciones e intereses cambien absolutamente y termine diluyéndose todo su potencial. Y, lo que me parece aún más importante, es que las instituciones profesionales del fútbol chileno entiendan que deben tener en sus filas un entrenador experimentado, monitoreando y aconsejando el trabajo de las divisiones menores, ofreciendo toda su experiencia y que también esté disponible para estos menesteres. Pero también me voy a dar el lujo de ofrecerles un Plan B: si creen y confían en un entrenador joven de sus divisiones del fútbol de menores, apuesten por él, apóyenlo y ofrézcanle el contrato y las condiciones que correspondan.

Así como lo han hecho con tanto técnico extranjero sin experiencia. Esto último lo digo “con respeto”, como dijo el Mago Valdivia.