Tenis chileno: ¿La generación perdida?

Lama, Garín y Jarry eran los llamados a tomar la posta de Massú y González, pero entre la presión, las malas decisiones y la irregularidad de su tenis, el sueño parece derrumbarse irremediablemente.

Hay veces en que no bastan las ganas ni las palabras para triunfar. A eso hay que sumar trabajo, sacrificio, temperamento, inteligencia y talento. Luego de los retiros de Nicolás Massú y Fernando González, el tenis chileno entró en una larga, larguísima transición de renovación que, lamentablemente, no ha podido cuajar.

Eso, sumado a las malas decisiones directivas, que tiene a la Federación hace varios años mucho más preocupada de sus disputas intestinas que de establecer planes coherentes de proyección de infantiles y juveniles, dejó un vacío enorme, ensanchado por la calidad de los tenistas que se iban.

Y, para ser completamente salomónicos, habrá que convenir en que entre Marcelo Ríos, Massú y González, el tenis chileno disfrutó de una era de ensueño, en que era difícil que hubiese una semana sin un nacional metido en instancias finales de algún torneo ATP.

Luego, tras el cruel pero inexorable apagón de los “históricos”, Paul Capdeville fue el único que al menos -en la medida de sus posibilidades- mantuvo una tenue flama encendida. El santiaguino tuvo presencia en certámenes del Máster Series y, en sus mejores temporadas (2007 a 2009), incluso en torneos del Grand Slam. Y llegó a ocupar la plaza número 76 en el ranking de la ATP.

Pocos vislumbraron en aquellos años que se le llegaría a extrañar en el circuito. Pero así fue. Luego de su partida, el testimonio no ha sido recogido en propiedad por nadie. Ni Jorge Aguilar ni Guillermo Rivera ni Guillermo Hormazábal (el talquino se retiró joven, por sus continuas lesiones) ni Carlos Ríos.

Tampoco lo hicieron en su momento Hans Podlipnik ni Juan Carlos Sáez, y la mirada recayó de manera natural en los que venían detrás en la cola: Gonzalo Lama (23 años), Nicolás Jarry (21 años) y Christian Garín (20).

El primero, el más talentoso, ha debido combatir indefectiblemente con una serie de lesiones que le han impedido mantener regularidad en su carrera. Cada vez que se espera que llegue el despegue definitivo, otra larga ausencia le impide cumplir con los pronósticos y sus propias aspiraciones. Ahora se apronta para competir en la gira sudamericana de challengers en Guayaquil, Bogotá y Montevideo. En la capital uruguaya estará acompañado por Fernando González, quien formará parte de su staff técnico.

El nieto de Jaime Fillol tampoco parece llegar nunca a alzar el vuelo. Por físico, saque y personalidad, podría ser el más indicado para convertirse en líder de la generación, pero el año pasado, luego de alcanzar su mejor ranking (172° en mayo del año pasado), sufrió en septiembre una fractura de la muñeca derecha. Este año lo mejor que ha hecho es ganar en agosto el Futuro 14 de Rumania, en Galati.

Garín, el más potente, se radicó en España y cambió recientemente de entrenador (el español Bartolomé Salvà, de la academia de Rafael Nadal), y se tiene mucha fe, aunque a veces no lo demuestre en la cancha, donde da la impresión de que no da todo lo que puede. “Hace años que estoy esperando dar el salto definitivo y siento que esperarlo tanto me ha hecho retrasarme. En fin, ahora estoy haciendo las cosas bien. Desde que llegué a la academia de Toni Nadal sentí un cambio grande. Tengo una fe ciega en que voy a llegar lejos en el tenis”, dijo en una reciente entrevista.

La semana pasada, en el challenger de Santiago II, los tres tenían opción de hacer una buena actuación y dar el impulso que tanto anhelan y anhelamos. Sin embargo, todo quedó en ilusión.

Lama se lesionó y se bajó por una dolencia en la muñeca que arrastraba hace ya varias semanas; Jarry perdió en primera ronda ante el “lucky loser” brasileño Joao Pedro Sorgi (520° del mundo) por 7-6 (5) y 6-3, y Garín cayó en la misma instancia ante el argentino Horacio Zeballos (primer favorito del certamen) por 3-6, 7-6 (6) y 6-4, tras dejar escapar cuatro puntos de partido.

Para Jorge Aguilar, ex entrenador del iquiqueño, a Garín “todavía le falta tomar buenas decisiones en momentos claves, pero eso es sólo un tema mental. En cualquier momento se va a enchufar…”

Dolorosamente, la conclusión parece ser obvia: a su edad, ya no son recambio. Sin embargo, en el tenis actual son contados los casos de jóvenes menores de 18 años que llegan arriba en el ranking. Ya no surgen jugadores como Boris Becker, Rafael Nadal, Richard Gasquet o Lleyton Hewitt, y el límite subió un par de años. Es lo que seguimos esperando de Jarry, Lama y Garín.

Por de pronto, lo más aconsejable será ver un poco más abajo y tener fe en que sí puedan alzar el vuelo los que se sumaron este año al circuito: el chillanejo Marcelo Tomás Barrios (18 años), quien la semana pasada llegó a su mejor posición (397°) para ser la cuarta raqueta de Chile y el que más casillas ha subido este año: 327 puestos; y el antofagastino Bastián Malla, de 20 años recién cumplidos y que desde fines de agosto decidió dejar atrás los torneo Futuro y sumarse al mundo de los challengers.

Es un salto complicado, pero el más rápido, y en eso Jarry, Lama y Garín también han tenido una conducción errática, prefiriendo muchas veces ser cabeza de ratón en lugar de cola de león, y siguen marcando el paso subiendo y bajando en el escalafón mundial como en una montaña rusa de incierto destino.

Este análisis también lo puedes leer en el periódico Cambio 21.