The Cure en Chile: los chicos no lloran

Tras su primer y extenso concierto debut en 2013, la banda británica liderada por Robert Smith no había regresado a nuestro país. Sin embargo, la noche del jueves materializó su segunda e icónica visita, en un concierto de 28 canciones y que tuvo una duración de alrededor de tres horas.

Por RODRIGO CABRILLANA / Foto: DG MEDIOS

Faltaban quince minutos para las nueve de la noche y los accesos al público del estadio Monumental de Santiago estaban tremendamente colapsados. El inicio del concierto se aproximaba y la pésima organización de los encargados para hacer todo más expedito se dejaba ver completamente ante la ansiedad de los que querían ingresar para no perderse el show desde inicio.

En un momento el asunto se puso bastante cuesta arriba, cuando comenzó a sonar a lo lejos “Alone”, la pieza que marca el inicio de los shows de The Cure, y fue tanto el caos y la desesperación de los fanáticos de Robert Smith por estar presentes en el concierto, que el personal de la productora no dio abasto, casi se produce una avalancha humana y la seguridad debió abrir las puertas de par en par para que los asistentes entraran rápidamente y no se produjera una tragedia.

Las rejas desaparecieron en fracción de segundos y una estampida de personas se vino encima con dirección a la cancha. Cero control, cero revisión de los tickets, cero protocolo, nada. Si no tenías ticket, en ese momento ingresabas igual. Los malestares se hicieron ver ampliamente por redes sociales.

¿Por qué siguen haciendo conciertos en lugares que no están preparados para recibir público tan masivo? Un concierto no tiene los mismos estándares que un espectáculo deportivo, son dos contextos totalmente distintos. No es un partido de fútbol, es música. Son otros los espectadores.

El concierto en tanto tuvo carácter de legendario. “Pictures of You”, segundo tema del show, ya denotaba esa conexión única que tienen los The Cure con Chile. Porque somos una nación melancólica (como decía Mistral), en ocasiones de naturaleza taciturna, con un gusto por las estéticas con tonalidades sombrías, y el encontrarnos en el globo ubicados al fin del mundo, probablemente acentúa todo eso. La gente de Chile que sigue este tipo de música es única en su especie, y los fans locales de Robert Smith también lo son.

Con “High”, tercera canción del repertorio, el concierto siguió avanzando, pero con “Lovesong”, otro clásico de los de Crawley, se dejó caer tras un mar eufórico de seguidores de probablemente una de las bandas extranjeras de rock más populares en nuestro país.

Las canciones proseguían una tras otra, sin pausas, pero cuando llegó el turno de “Fascination Street”, la magia de The Cure nuevamente invadió el terreno y el ambiente del Monumental, y todo se tiñó de un delicioso misterio, con ese pop dulce pero denso a la vez que tanto disfrutamos los chilenos y que desparrama Robert Smith en cada uno de los acordes de sus composiciones.

“In Between Days” y “Just Like Heaven” se fundieron en la fanaticada como si estuviéramos en una pista de baile, y la música de colores oscuros se volvió absolutamente una fiesta “dark” en un estadio de fútbol. Mucha energía corría entre todos los asistentes y que se conjugaba muy bien, con ese amor platónico por la figura de Smith y la entrega de los Cure en este concierto.

Porque, además, el líder de la banda irradia no solamente un especial carisma con su arte, sino que su figura es realmente un culto entre la fanaticada chilena. Todo ese aire que proyecta el imaginario de sus canciones no solamente se puede observar equiparado en la gente que asiste a locales nocturnos bailables como Blondie u otros similares, sino que el comercio adopta su estampa y la disemina en llaveros, bolsitas para discos, posters, adhesivos, etc. El universo Robert Smith en Chile al menos, tiene una categoría especial.

“Endsong” señala el fin del primer corte del show. Se apagan las luces, la banda regresa al escenario y comienza el primer “encore”, que termina intensamente con “Disintegration”, para dar paso al segundo y final, y lo que se viene es una marejada de solamente clásicos. La exaltación de los fans es total, y con esa quietud sobrecogedora de “Lullaby” nos adentramos en la belleza de su musicalidad. “The Walk” y “Friday I’m in Love” nos devuelven al baile frenético, lo mismo que “Why Can´t I Be You?”, pero anteriormente lo estremecedor de la sutileza musical de la banda interpretando cada nota musical de “Close To Me” en el escenario nos impacta a todos.

La entrega en sus instrumentos de Simon Gallup, Jason Cooper, el tecladista de ocasión Mike Lord y el mismo Robert Smith, es bastante pulcra y llamativa. Los Cure suenan profundos y compactos. Con canciones más engrosadas en ocasiones, pero con ese pop acaramelado que llega fácilmente a todos los oyentes que se dejan llevar por estos estilos musicales.

El riff de “Boys Don´t Cry” marca un final épico del show y muy coreado por todos. Una de las canciones pop tal vez que más ha sonado en todas partes y que, incluso, es parte ya hasta de nuestro folclore rockero local. La música de los Cure nos comienza a dejar tras una década exactamente de no tocar en Chile y el vitoreo a Robert Smith de parte del público es total. Con su polera negra con una mariposa estampada con la bandera de Chile, Smith recorre todo el escenario agradeciendo a sus seguidores.

El pop, el rock, la new wave, la electrónica y el gótico fueron uno a la vez. Los Cure nos dieron una clase magistral anoche en los pastos del Monumental. Y los chicos que estuvieron ahí, no lloran, los aplauden.