Todo un patriota

El ex tenista Marcelo Ríos ha hecho uso de la bandera y de un cacareado patriotismo para anunciar su decisión votar por el Rechazo en el próximo plebiscito del 4 de septiembre. Independiente de su postura a la que tiene derecho como todo chileno, más aún en democracia, sorprende tanto amor por la patria, el mismo que no tuvo en su época de oro en el tenis mundial.

Recordemos que para los Juegos Olímpicos de Sydney 2000se negó a ser el abanderado chileno aduciendo que su madre y hermana no habían sido invitadas a la ceremonia inaugural. Si bien ya no era el número uno del mundo -alcanzó en 1998 a estar tres semanas en la cima, sin ganar un Grand Slam-, seguía siendo una de las figuras deportivas más descollantes
El abanderado terminó siendo Nicolás Massú, quienposteriormente, fuera medallista de oro olímpico en Atenas 2004, y a diferencia de Ríosdejaba la vida en la cancha cuando se trataba de jugar por Chile.
El patriotismo de Ríos no se limitó a negarse a ser el abanderado chileno en los JJ.OO. En los duelos de Copa Davis se lucía cuando los equipos salían al court. No sólo no cantaba la canción nacional, sino que en ese momento épico para cualquier deportista que está representando a su país, se distraía mirando hacia el cielo, con manos en los bolsillos y ademanes de estar aburrido, propio de quien no estaba ni ahí”, frase que hizo célebre y que retrataba su escasa cultura y respeto por los valores nacionales.
En 1998, cuando derrotaba en Miami a AndrAgassi y fue el 1 del mundo en el ranking ATP -con el actual sistema de puntuación no habría podido-, viajó directamente a Buenos Aires para un duelo de Copa Davis con Argentina, que se disputó en el Buenos Aires Lawn Tenis Club. 
En esa ciudad, el entonces embajador de Chile, Edmundo Pérez Yoma, lo invitó a la sede diplomática, en el sector de Palermo. A regañadientes, asistió por cinco minutos. Mientras el personal lo esperaba en el segundo piso con sus hijos, muy emocionados porque verían a la gran estrella del tenis mundial, él se encerró en un baño de la planta baja, a tirones accedió a salir, se sacó unas fotos con Pérez, a quien dejó con la mano estirada, y se retiró.
Esa vez, su paso por Copa Davis no fue nada extraordinario. Aunque ganó su primer duelo ante Hernán Gumy, después de ese encuentro fue derrotado en dobles junto con Nicolás Massú. Para segundo single, que era decisivo, no se presentó, aduciendo una lesión en el codo. Debió reemplazarlo un joven de 17 añosFernando González, quien ante el tremendo esfuerzo físico realizado terminó vomitando en la orilla de la cancha.
Pero hay más de este ilustre patriota, que hoy e invita a que se sumen a su postura para que Chile vuelva a ser el “número uno”: eotra Copa Davis ante Ecuador, en 2001, le correspondió jugar ante el discretísimo Giovanni Lapentti, que nunca fue top 100, a diferencia de su hermano Nicolás, quien estuvo entre los mejores del mundo.
Ríos perdió categóricamente ante Giovanni en tres sets y durante el partido disputado en el club Buena Vista de Quito, se dedicó a lanzar las pelotas al público y así Chile terminó perdiendo la serie.
Poner a Marcelo Ríos a la altura de grandes deportistas chilenos que han dado todo por su país, es un insultoElías Figueroa, en septiembre de 1973, viajó desde Brasil a la URSS a pocos días del golpe de estado, financiando el viaje de su bolsillo, durmiendo en los aviones y aeropuertos europeos. En Moscú jugó junto con Alberto Quintano y fueron el muro infranqueable que tuvieron los rusos para lograr el empate 0-0. La ex Unión Soviética tenía una de las mejores selecciones del mundo, en la que jugaba Oleh Blojin, elegido el mejor jugador de Europa. “Don Elías”, cuentan los protagonistas, al ver que Blojin era imparable, lo esperó en una de las bandas y con maestría “lo sacó” de la cancha. El ruso no pudo recuperarse y lo sustituyeron.
O el caso de Iván Zamorano, quien jugando en el Real Madrid, el equipo más importante del mundo, y siendo “Pichichi”, salía corriendo al camarín, se vistió rumbo al aeropuerto para tomar el avión –las fechas FIFA no eran tan holgadas-, y más de una vez también pagó el pasaje de su bolsillo, para poder jugar por Chile.

La “Generación Dorada” de los Vidal, Aránguiz, Sánchez, Beausejour, Bravo y Medel, se subía con lo puesto a los aviones. Para el Mundial de Brasil 2014, en el mítico Maracaná, doblegaron a España, cantando la canción nacional con tal fuerza y convicción que contagiaron a todo el estadio, lo que impactó fuertemente en los campeones mundiales, confirmando -como dicen- que eran “chilenos de corazón”, algo que Ríos no fue, no ha sido y nunca lo será.