Toulon: poca esperanza y muchas dudas

La reaparición en el prestigioso torneo francés dejó en claro que el fútbol chileno está hoy lejos del mejor nivel mundial. Sin un vuelco formativo, pasará largo tiempo antes de que llegue el mentado recambio y una nueva «generación dorada».

Dos conclusiones debía dejar la participación de la Roja Sub 23 en el torneo Maurice Revello, ex Esperanzas de Toulon: el real nivel de la generación preolímpica que procurará llegar a Tokio 2020 y la posible irrupción de alguna figura que nutriera a la selección mayor después de la Copa América.

A falta de un partido en la ronda de eliminados que definirá su posición final en el certamen galo, el balance no es alentador. Tampoco terrorífico, dado que los desafíos futuros son todos a nivel sudamericano, pero sí alarmante si se evalúa la catástrofe ante Japón como una señal inequívoca de que Chile está retrocediendo a nivel mundial por culpa de su incapacidad para inocular en las nuevas camadas velocidad, dinámica y potencia física.

Es cierto, el equipo de Bernardo Redin doblegó a dos peso pesados europeos, pero Portugal e Inglaterra llevaron básicamente jugadores sub 18 y sub 19, sin experiencia en el profesionalismo. Aun así, gracias a sus cualidades innatas, tuvieron a mal a traer a Chile, cuyo plantel íntegramente ya suma trayectoria en el fútbol mayor.

El examen de verdad lo constituyó el duelo ante Japón. Y concluyó con una genuina tragedia a lo Pearl Harbor.

Parejos en edad, nipones y chilenos se mostraron desiguales en capacidades futbolísticas. Todo ese exuberante despliegue que lució la Roja en la era Bielsa y parte de la de Sampaoli ya es cosa del pasado y el martes 4 de junio esa virtud perteneció al rival.

Los análisis post partido culpan mucho a la defensa. Pero si se vio tan mal parada fue porque el equipo japonés vulneró sin dificultad al resto del equipo nacional en los otros sectores de la cancha.

La ceguera analítica llegó al desvarío  luego de la agónica victoria 2-1 frente a Inglaterra que no impidió la desclasificación. «Si jugamos de nuevo contra Japón, le ganamos», dijo más de algún jugador que todavía no superaba la rabia y la impotencia del 6-1 recibido.

La verdad es otra: Chile poco puede hacer hoy, a cualquier edad, frente a adversarios que juegan a una velocidad superior y con dinámica constante. 

En ese escenario, lo de Toulon fue valioso porque deja una verdad inocultable: si la ANFP no revoluciona la formación, el fútbol chileno será cada vez más menos competitivo.

En lo individual, tampoco hubo nada que rescatar. Se esperaba mucho de Ángelo Araos y Pablo Aránguiz, que por edad y cualidades técnicas asoman como alternativas para el recambio, pero su talento fue a cuentagotas. Mejor les fue a Gabriel Suazo y Tomás Alarcón, que dieron pelea; a Iván Morales, que a despecho de su rusticidad, confirmó que arriba puede aportar velocidad y potencia; a Gonzalo Collao, que poco tuvo que hacer en los goles. Del resto, poco se puede extraer todavía para el análisis. Faltaron jugadores, sí. A lo mejor Francisco Sierralta, Jaime Carreño, Carlos Lobos, Jeisson Vargas, Víctor Dávila, Brandon Cortés y algún otro, pudieron darle un mejor tono al equipo. Mejor tono que, en ningún caso, hubiese impedido la dolorosa derrota ante Japón.

Al cabo, las posibilidades nacionales en el preolímpico de Colombia, a comienzos de 2020, que dará dos plazas y media a los Juegos Olímpicos de Tokio, se ven débiles.     

De todo lo vivido en los últimos días en Toulon, entonces, lo único rescatable es que sirvió para dejar al descubierto muchas interrogantes que ojalá los encargados del fútbol nacional sepan encarar y responder adecuadamente.